Hace un año, Microsoft, Alphabet y Meta generaron 60.700 millones de dólares de flujo de caja libre en un solo trimestre. Este verano, 7.400 millones de dólares.
No vendieron menos. Los ingresos crecieron un 19% en Microsoft, un 25% en Alphabet y un 26% en Meta. Lo que cambió es la factura: 125.600 millones de dólares en tres meses para centros de datos, chips y servidores, el doble de lo que gastaron un año antes. Meta destinó 54 céntimos de cada dólar de ingresos a capex. Alphabet gastó 9.000 millones de dólares más de lo que ingresó, su segundo trimestre negativo consecutivo, y esta mañana sus acciones cayeron un 12%. Si cierra con una caída de más del 9,77%, será su peor día después de resultados desde que salió a bolsa en 2004.
El detalle que más me preocupa está en los números de búsqueda de Google. Los anuncios de búsqueda crecieron un 12% y aun así no cumplieron con las expectativas. Philipp Schindler, director de negocio de Alphabet, dijo que parte de la razón es que el Modo IA genera menos dinero por búsqueda. Así que Google está gastando sumas récord para construir un producto que genera menos ingresos que el que reemplaza.
Durante veinte años, estas fueron las mejores empresas jamás inventadas. Escribías el código una vez, lo vendías a miles de millones de personas y casi cada nuevo dólar de ingresos caía directamente en la línea de fondo. La IA no funciona así. Cada respuesta se ejecuta en un chip que alguien tuvo que comprar y en electricidad que alguien tiene que pagar. La gran tecnología se está convirtiendo en algo más cercano a una utilidad: costos iniciales enormes, retornos a largo plazo y ganancias que dependen de mantener las máquinas llenas.
Eso todavía puede ser un gran negocio. Pero es un negocio diferente, e inversores solo están empezando a valorarlo de esa manera.
Mala evolución de los 7 magníficos:
Las acciones de Amazon, $AMZN, se desploman más del -12% tras reportar ganancias del tercer trimestre más débiles de lo esperado.
No es que el mercado se haya vuelto loco. Es que por primera vez hemos visto la factura de la IA con todas sus letras.
$AMZN , en cristiano:
Lo que va como un tiro es AWS, su nube. Crece un 39%, su mejor ritmo en casi cinco años, y lleva seis trimestres seguidos acelerando. Con menos de una cuarta parte de las ventas genera casi dos tercios del beneficio operativo. Y el margen de toda la compañía, un 13,9%, es el más alto que ha tenido nunca.
El famoso "ha fallado el beneficio por acción" es letra pequeña. Hace un año sumó 9.500 millones por revalorizar su inversión en Anthropic y este año no, y lo que paga en intereses se ha triplicado. El negocio de verdad ganó más de lo que la propia Amazon había prometido.
Ahora, la otra columna.
Entre julio y septiembre, Amazon se gastó 77.000 millones de dólares en servidores, naves y centros de datos. Unos 840 millones al día. Más del doble que hace un año.
Resultado: en los últimos doce meses ha gastado 42.000 millones más de lo que ha generado, y su deuda a largo plazo ha pasado de 66.000 a 173.000 millones en solo nueve meses.
Es como el restaurante con todas las mesas llenas y reservas hasta 2028 que va al banco a pedir un crédito para comprarse el edificio entero. La cuenta de resultados, de récord. La cuenta corriente, en rojo. Y el banco, encantado.
En los 90, Amazon perdía dinero para ganar clientes. En 2026 gana más que nunca y pide prestado para no quedarse sin servidores. Andy Jassy dice que nunca ha existido un negocio que facture un billón de dólares al año y que Amazon puede tener dos en cinco o diez años. Ambición no le falta. Caja, este año, sí.
La única duda operativa de verdad está en la publicidad: creció un 12%, cuando el trimestre anterior lo hizo al 26%. Parte es el calendario de Prime Day, pero no todo. Para el cuarto trimestre prometen volver a crecer rozando el 20%. Ese es el examen.
Lo que me llevo:
Amazon ya no es una tienda con una nube dentro. Es una nube gigante que, además, tiene tienda.
La carrera de la IA ha cambiado de fase: ya no se paga con lo que sobra, se paga con deuda.
Y el mercado ya no premia crecer. Premia demostrar cuándo vuelve el dinero invertido.
¿Castigada o rota? Castigada. El negocio nunca ha estado mejor; lo que ha cambiado es quién adelanta la cuenta mientras llega el retorno.
La lección vale para cualquier empresa: el titular te dice si falló, la cuenta de resultados te dice cómo va el negocio y el flujo de caja te dice quién paga. Mira siempre las tres.
Google reportó un flujo de caja libre negativo de 9 mil millones de dólares en el tercer trimestre, impulsado por enormes gastos de capital en infraestructura de IA (gasto en propiedades y equipo aumentó un 114% interanual a 51 mil millones de dólares). Esta fue la mayor caída en el flujo de caja libre de Google hasta la fecha y solo la segunda caída trimestral en la historia de la compañía (la primera fue en el segundo trimestre).
Abrazos,
El cristianismo nunca fue una religión diseñada para encajar en el mundo. Fue una llamada a transformarlo.
Zavala plantea una cuestión que hoy resulta incómoda:
¿Qué significa realmente seguir a Cristo en una sociedad donde sus enseñanzas chocan cada vez más con la mentalidad dominante?
Ser cristiano implica defender que existen verdades que no dependen de lo que vote la mayoría.
Que el bien y el mal no son simples preferencias personales y que la libertad no consiste en hacer todo lo que deseamos, sino también en aprender a elegir lo que es bueno.
Significa defender la dignidad humana cuando resulta incómodo, practicar la fidelidad cuando se desprecia el compromiso, perdonar cuando el mundo exige venganza y sacrificarse por los demás cuando todo nos invita a pensar únicamente en nosotros mismos.
Cristo no nos pidió que nos escondiéramos de la sociedad ni que adaptáramos el Evangelio para recibir su aprobación.
Nos pidió que fuéramos sal de la tierra y luz del mundo (Mateo 5, 13-14).
Y eso tiene un precio: a veces seremos incomprendidos, rechazados o considerados anticuados. Pero la popularidad nunca ha sido el criterio para determinar si algo es verdadero.
La pregunta es si estamos dispuestos a vivir nuestra fe también cuando hacerlo tiene un coste.
Porque seguir a Cristo cuando todo el mundo está de acuerdo es fácil. Lo difícil, y quizá lo más necesario hoy, es seguirlo cuando hacerlo significa ir a contracorriente.