Actuación de los bancos centrales: no se supera la adicción sin síndrome de abstinencia
El nuevo presidente de la Reserva Federal tiene una muy difícil tarea que acometer. Pretende reducir la influencia de la Reserva Federal en los mercados financieros. Esto es mucho más fácil decirlo que conseguirlo, dada la actual adicción de los mercados financieros a la liquidez proporcionada por los bancos centrales desde el estallido de la Gran Crisis Financiera en 2008.
De acuerdo con la opinión manifestada por Warsh en 2025, la Fed debería volver a su forma de actuar anterior a la quiebra de Lehman Brothers. En los veinte años anteriores a la crisis financiera mundial de 2008, la Fed se limitaba a gestionar los episodios de pánico o de crisis de los mercados financieros, dejando de intervenir una vez recuperada la estabilidad.
Era conocido como el "put de la Fed". En otras palabras: existía la convención de que la Fed intervendría en los mercados financieros si se produjeran fuertes caídas. En cualquier caso, sus medidas extraordinarias eran temporales y reversibles. Lamentablemente, desde 2008 las actuaciones extraordinarias de la Fed y del resto de los bancos centrales, se han convertido en permanentes y estructurales. De hecho, durante años han sido los principales compradores de bonos soberanos y también de bonos corporativos. Incluso el Banco de Japón se ha convertido en uno de los principales tenedores de acciones niponas, a través de sus inversiones en ETF que replican los índices bursátiles japoneses.
Según palabras del propio Warsh: "Cada vez que la Fed entra en acción, más amplía el tamaño de su balance, se acumula más deuda, se asigna peor el capital y la Fed se ve obligada a actuar de forma aún más agresiva la próxima vez". Warsh pretende romper este círculo vicioso.
Los mercados financieros se han vuelto adictos a la liquidez y a la actuación de los bancos centrales. Es indudable la relación directa entre el aumento de los balances de los principales bancos centrales del mundo y la revalorización de las bolsas y la subida de precios experimentada por los mercados de bonos desde 2008. El problema radica en cómo superar la adicción a la liquidez de los bancos centrales sin que los mercados sufran el síndrome de abstinencia. Es decir, sin que la eliminación de dichas dosis adictivas de liquidez provoque fuertes turbulencias y caídas en los mercados financieros.
Los bancos centrales se han convertido en los principales tenedores de bonos soberanos. Sin su intervención no habríamos asistido al sinsentido de ver emisiones de bonos a tipos negativos: recibir intereses por pedir prestado. Ahora, cuando los bancos centrales han dejado de comprar bonos, al menos directamente, y además reducen el importe de las reinversiones de los bonos en cartera que les vencen, los inversores privados tienen que absorber un mayor volumen de emisiones.
Los bancos centrales, cuando compran bonos, son un inversor insensible al tipo de interés que ofrecen dichos bonos. Por su lado, los inversores privados sí son sensibles al riesgo y solicitan una mayor rentabilidad a los bonos.
El BCE sigue reduciendo su balance dejando de reinvertir parte de los bonos que le vencen. La Fed ya ha dado por finalizada la reducción de su balance. De hecho, desde diciembre de 2025 ha vuelto a comprar, pero solo letras del Tesoro de corto plazo, vendiendo bonos de largo plazo por la misma cantidad. El Banco de Japón, por su parte, sigue reduciendo la cantidad reinvertida de los bonos en balance que le vencen. Como esto podría provocar un alza de los tipos a largo plazo, el Ministerio de Finanzas japonés lo compensa reduciendo las emisiones de largos plazos.
La lectura conjunta de los tres bancos centrales es que han retirado o están retirando al comprador insensible al precio en los vencimientos largos, lo que ya está provocando una subida de los tipos de interés exigidos a los bonos soberanos.
En la eurozona, en este 2026, se esperan emisiones netas de bonos soberanos de unos 550.000 millones, cantidad no muy superior a la del año anterior. El problema radica en que el BCE dejará de reinvertir bonos que le vencen por un valor en torno a 380.000 millones. Como consecuencia, la cantidad a absorber por los inversores privados es superior a los 900.000 millones de euros. Con mayor oferta de bonos y menos demanda, es lógico que suban los tipos de interés de los bonos.
Aunque la voluntad de Warsh sea reducir la intervención de la Fed en los mercados financieros, es difícil poder llevarla a cabo sin intervenir ante situaciones de crisis como las vividas en el pasado reciente, por ejemplo, con la quiebra de algunos de los bancos regionales estadounidenses.
En cualquier caso, parece que la Fed será más reacia a intervenir o ampliará el umbral del dolor, es decir, de las caídas, antes de entrar en escena. Salvo milagro, es imposible salir de una adicción sin sufrir el síndrome de abstinencia.
El BCE vuelve al modo de subidas. Elevó el tipo de depósito en 25 puntos básicos hasta el 2,5%, su segunda subida desde que la guerra de Irán desencadenó un nuevo shock energético. Ahora se prevé que la inflación se mantenga por encima del objetivo del 2% bien entrado 2028. Los mercados ya están descontando 3 subidas más de un cuarto de punto para octubre de 2027. Mientras tanto, el balance del BCE se ha reducido a 5,9 billones de euros, pero sigue siendo mucho mayor que los niveles previos a la crisis. La lucha contra la inflación está de nuevo en marcha.
¡Cuánto daño hizo Dragui cuando dijo eso de “lo que gafa falta”. Siempre hace falta más…
Abrazos,
PD: El Papa ayer: