El
error de atacar la inflación de oferta con subidas de tipos
El BCE ya se equivocó en 2008 y
2011 al reaccionar al alza del petróleo y tuvo que rectificar
Esta política es ineficaz contra
el alza de precios y provoca un severo peaje al crecimiento económico
Bajar los impuestos a los
combustibles sería una medida más efectiva para mitigar la inflación actual
La escalada del precio del
petróleo augura un repunte de la inflación y subidas de tipos de interés por
parte del BCE. El euríbor a un año se sitúa ya en el 2,55%, frente al 2,22%
justo antes del inicio de la guerra de Irán. Los futuros de tipos de
interés ya descuentan dos subidas de tipos en la eurozona este año.
Esta forma de actuar, que se
presenta como una lucha implacable contra el "monstruo" de la
inflación, ignora una distinción fundamental en el origen de dicho fenómeno.
Las consecuencias de esta omisión pueden ser muy perjudiciales para la economía
europea.
El BCE ya cometió dos graves
errores en sus subidas de tipos de interés en 2008 y en 2011. En ambos casos,
el petróleo se disparó hasta 140 y 120 dólares, respectivamente, siendo el
causante, en gran medida, de los repuntes de la inflación hasta el 4,1% y el
2,7% en dichos momentos. El incremento de la inflación se debió en
ambos casos a problemas en la oferta, no a un sobrecalentamiento de la demanda.
No toda la inflación se genera de
la misma forma. Es crucial diferenciar entre la inflación impulsada por un
exceso de demanda y aquella generada por problemas de oferta. La escalada de la
inflación en Estados Unidos en 2021 y 2022 se debió, en gran parte, a la
fortaleza de la demanda, alimentada por ingentes inyecciones de liquidez
directa a los ciudadanos y un mercado laboral muy tensionado, con más puestos
vacantes que desempleados. En ese caso, la política monetaria de subida de
tipos de interés, orientada a enfriar la demanda, tenía su lógica.
Tanto en 2008 como en 2011, y
también ahora, la principal causa del incremento de la inflación se debe al
aumento del precio de los combustibles y su posterior traslado a numerosos
productos. La causa directa es un problema en la oferta de petróleo y sus
derivados, no un sobrecalentamiento de la demanda. Tanto en 2008 como en 2011,
el BCE no tardó en dar marcha atrás bajando los tipos de interés.
Los bancos centrales, por la
naturaleza de su mandato y sus herramientas, actúan sobre la demanda, no sobre
la oferta. Su arsenal principal incluye la retirada de liquidez y las subidas
de tipos de interés, con el objetivo de encarecer la financiación y, por ende,
reducir el gasto y la demanda. No obstante, cuando la inflación se
origina por problemas de oferta, como es el caso actual, las medidas de los
bancos centrales son ineficaces para resolver la raíz del problema y resultan
contraproducentes.
Intentar atacar la inflación
provocando una disminución de la demanda sin abordar el aumento de la oferta
implica, inevitablemente, un severo peaje sobre el crecimiento económico.
La estabilidad de precios es un
objetivo loable y necesario, pero la forma de alcanzarla debe ser la adecuada
según las causas de la inflación. Cuando la inflación se debe principalmente a
shocks de oferta, como en la situación actual, las subidas de tipos de interés
actúan como un torniquete en una herida que requiere sutura: no solo no
resuelven el problema, sino que causan un daño adicional y permanente a la
economía real y al crecimiento futuro.
Sorprende que en el análisis de
los datos de inflación no se diferencie entre la inflación provocada por un
sobrecalentamiento de la economía y la inflación provocada por problemas de
oferta. A causas distintas deberían aplicarse medidas distintas. La rigidez en
la aplicación de una misma política monetaria para situaciones económicas
fundamentalmente diferentes es un gravísimo error, con consecuencias muy
perniciosas a medio plazo.
Conviene recordar que, al menos
en España, más del 40% del precio de los combustibles son impuestos: el
Impuesto Especial de Hidrocarburos, que es una cantidad fija por litro, y el
21% de IVA, que se aplica sobre el precio incluyendo en el cálculo el Impuesto
Especial de Hidrocarburos. Por lo tanto, cuanto mayor es el precio del
combustible, mayor es la recaudación de impuestos. Bajar los impuestos
a los combustibles sería una forma mucho más efectiva de mitigar la subida de
la inflación.
Esperemos que, en esta ocasión,
el mercado se equivoque y que las dos subidas de tipos de interés que espera
que ejecute el BCE no tengan lugar.
Abrazos,
PD: León XIV: