18 enero 2022

casi todo es geopolítica...

Hay que leer el periódico todos los días, ya que estamos inmensos en un mundanal ruido de sables por todas partes…

¿Por qué llamarlo economía cuando es geopolítica?

Putin o Jinping tienen en sus manos cómo va a ser económicamente este nuevo año

Era el año 1870. Balneario de Bad Ems. El embajador francés se reúne con el Rey Guillermo de Prusia para pedirle un compromiso que impida que un Hohenzollern-Sigmaringen acceda a un trono español vacante. La reunión es correcta, aunque esta es aprovechada por el canciller Bismark para gestionar un malentendido con el que lograr que Napoleón III, emperador de los franceses y sobrino del más grande, les declare la guerra. El final no pudo ser más sorprendente y negativo para Francia.

Entre las consecuencias indirectas, pero menos conocidas e inesperadas, encontramos unas reparaciones de guerra de Francia a una ya unificada Alemania que sirvieron para que esta última rediseñara su sistema monetario y se adhiriera a un patrón oro ya liderado por Gran Bretaña. La adhesión de EE.UU. tras la reforma monetaria posterior a su guerra civil y la de Francia, obligada para evitar el aislamiento comercial y por el fracaso de su bimetalismo, terminó por consolidar dicho sistema. Fue el patrón oro clásico, que se inicia en esta década de los setenta del siglo XIX, una de las causas del feliz desarrollo económico hasta la llegada de la Primera Guerra Mundial.

La necesidad de financiar la guerra exigió de un esfuerzo fiscal que supuso un aumento del gasto público. Por aquel entonces, segunda mitad de los sesenta, la inflación comienza a crecer mientras la Reserva Federal mira hacia otro lado

Avanzamos. Estamos en una soleada mañana de otoño en la capital de Texas, Estados Unidos. El presidente, John Fitzgerald Kennedy, es tiroteado mortalmente mientras saludaba desde su coche descapotable. En el regreso a Washington desde Dallas, el vicepresidente Lyndon B. Johnson jura su cargo, y la política de la potencia económica y militar hacia la guerra en la indochina francesa se intensifica mientras se hace más explícita. Esto termina con la implicación militar estadounidense hasta tal punto que terminarán muriendo más de 58.000 ciudadanos de aquel país además de cambiar para siempre la sociedad occidental, no solo en aquél lado del Atlántico.

Económicamente los cambios fueron igualmente profundos. La necesidad de financiar la guerra exigió de un esfuerzo fiscal que supuso, a medio y largo plazo, un aumento del gasto público. Por aquel entonces, segunda mitad de los sesenta, la inflación comienza a crecer mientras la Reserva Federal mira hacia otro lado. La Francia de De Gaulle exigió ya en 1965 el cambio de sus reservas en dólares por el oro depositado en EE.UU. mientras Alemania protesta airadamente por la dejación de responsabilidades de la potencia que era la propietaria de la moneda enésima en un sistema monetario basado en el patrón dólar-oro mientras rompe el tipo de cambio a primeros de mayo de 1971. “El dólar es nuestra divisa, pero vuestro problema”, como diría el secretario del Tesoro de NixonJohn Connolly, a sus homólogos europeos. La decisión en 1971 de abandonar un sistema que ya olía a cadáver desde hacía más de un lustro por parte de Nixon y, sobre todo, la guerra del Yom Kippur dieron al traste con una estabilidad de precios que ya estaba más que debilitada.

Todos los esfuerzos por controlar la inflación desde 1973 se dieron de bruces con la entrada de los revolucionarios del ayatolá Jomeini en la embajada norteamericana el 4 de noviembre de 1979

Nuevamente una guerra marca un antes y un después. El vilipendiado orgullo árabe, de saberse de segundas ante unas potencias occidentales que apoyaron a Israel en aquella guerra, fue pagado por un recorte de producción que elevó los precios energéticos en el quizás mayor shock de la historia reciente.

Pocos años después, y por otra razón, los precios volvieron a la carga. Todos los esfuerzos llevados a cabo por los países para controlar la inflación desde 1973 se dieron de bruces con la entrada de los revolucionarios del ayatolá Jomeini en la embajada norteamericana el 4 de noviembre de 1979. El segundo shock llegaba, golpeaba y hacía daño del mismo modo que una herida se abre cuando esta aún no está curada. La subida de precios fue incluso mayor que en 1973, lo que obligó a la Reserva Federal a aplicar la mayor subida de tipos conocidas en tiempos modernos, una subida que se había retrasado 15 años.

La crisis de 1992-93, alentada a su vez por el breve shock energético (de nuevo) motivado por la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein, provocó una nueva recesión global

Año 1989, el muro cae. La unificación alemana es un hecho y el país se prepara para digerir su parte maltrecha del este. Esta digestión va a generar algunos malestares, al exigir una buena cantidad de fondos que obliga a los germanos a presionar a los mercados de capitales y, con ello, a subir los tipos. Esta subida de tipos en una Europa alegre después de un lustro de crecimiento golpea sobre todo a aquellos países cuyas monedas no estaban alineadas del mejor modo al extinto sistema monetario europeo. La crisis de 1992-93, alentada a su vez por el breve shock energético (de nuevo) motivado por la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein, provocó una nueva recesión global.

Como ven, he expuesto solo algunos ejemplos donde las decisiones arbitrarias, excepcionales, sobrevenidas por razones ajenas, o por otras razones muy diferentes tuvieron consecuencias enormes sobre el devenir económico global. Hoy, no estamos ajenos a ello.

El año 2022 será el año en el que la geopolítica jugará un papel fundamental en la recuperación económica o en su frustración. Los sistemas económicos, cuando son ajenos a estas influencias externas, tienen un devenir más o menos predecible. Sin embargo, cuando el peso de las decisiones de gobernantes, primeros ministros, teócratas o cuando la estabilidad en países estratégicos económicamente como Ucrania Kazajistán está en juego, cualquier consecuencia económica puede ser esperada.

PutinJinping Smailov tienen en sus manos cómo será económicamente este año. Por lo tanto, cuando la geopolítica tiene un poder tan elevado en influir en las economías occidentales, cualquier previsión que queramos hacer es fútil. Por eso, cuando me preguntan qué espero de este año siempre contesto que depende de lo que la geopolítica nos depare.

Abrazos,

PD1: ¿Por qué a la gente le gusta decir que esta es su pareja en vez de su mujer, o de su esposa? ¿Es modernidad? ¿Le dan vergüenza decir que están casados, aunque sea por lo civil solamente? Son esas cosas que vienen que no consigo entender. Mi mujer es mi esposa, palabra que ya no se usa apenas. El Señor era el “esposo”, y en los evangelios la palabra esposo es recurrente y es muy bonito sabernos de una y ellas saberse de uno… Un sola carne, fruto de un matrimonio esponsal…

Así que no te cortes y ni se te ocurra presentarte como la pareja de nadie…, aunque estés sin casarte, es tu mujer y punto. Y vosotras, nosotros somos vuestros “hombres”, nada de parejas…

Las parejas para las cartas…

17 enero 2022

indicador de Buffett

Siempre ha sido útil mirarlo de vez en cuando…

What Does the Buffett Indicator Say About Stocks Right Now?

Abrazos,

PD1: Ayer fue el primer signo que hizo el Señor en su vida pública: la conversión de agua en vino. Todo por unos esposos necesitados. Qué importante es el matrimonio. Le tiene que llegar la alegría del vino. Cuántos matrimonios pierden la chispa de la alegría, se enquistan, se enrutinan, se cansan de la vida juntos… Es esa alegría del vino la que debe fortalecer a los matrimonios “una sola carne”. Hay que poner remedio si notas que te metes en la rutina, si se pierde la chispa…

14 enero 2022

perdimos demasiado PIB per capita...

Es decir, nos hemos empobrecido y seguiremos así…

La economía española: el corto y el largo plazo

La evolución de la economía de nuestro país a lo largo de 2021 ha obligado a revisar las estimaciones, en exceso optimistas, que se realizaron en su día con respecto a la recuperación del Producto Interior Bruto tras la reducción del 10,8% que experimentó en 2020. De acuerdo con los datos de la OCDE, difundidos hace algunos días, España ocupa el primer lugar entre los miembros de la organización en lo que se refiere al porcentaje de PIB perdido desde el comienzo de la pandemia. Las causas de tan pobres resultados son, sin duda, diversas; y van desde la especial vulnerabilidad a la pandemia de un país turístico como España hasta una mediocre gestión de la política económica. Pero es evidente que, más tarde o más temprano, la economía española se irá recuperando. Los datos de empleo son hoy mejores de lo inicialmente esperado, y a finales de 2022 ó principios de 2023 deberíamos encontrarnos con un nivel de PIB semejante al de 2019.

Resulta claro, sin embargo, que nuestras incertidumbres no van a terminar con la vuelta al PIB anterior a la crisis. Empezado el año 2022 es buen momento para preguntarse: ¿qué va a pasar cuando volvamos al nivel de 2019? ¿Cuál es el futuro de la economía española en el medio y en el largo plazo? Y me temo que no es fácil ser optimista en esta cuestión. Porque los problemas de nuestra economía no comenzaron en 2020.

Si analizamos la evolución de nuestro PIB per capita en relación a la media de la Unión Europea, observamos un deterioro evidente de la posición de España a lo largo de los últimos trece años. En 2008, esta magnitud en nuestro país suponía el 104% de la media de la Unión Europea. A partir de ese momento, la crisis golpeó con fuerza a la economía española. En 2010, nuestro PIB per capita era igual a la media del de la UE. Y el retroceso continuó hasta llegar a representar en 2020 sólo el 84,7% de la media europea. Como hemos visto, la crisis del Covid-19 ha sido especialmente grave para la economía española. Pero sería un error echarle la culpa de todos nuestros problemas. El retroceso relativo había empezado mucho antes. Las cifras de 2019, previas por tanto a la última crisis, muestran que nuestro PIB per capita ya había caído ligeramente por debajo del 90% del promedio de la Unión Europea. Esto no significa, como se ha afirmado alguna vez, que España se haya empobrecido a lo largo de la década de 2010. Pero sí que hemos ido perdiendo posiciones con respecto a otros países. El resultado es que en 2020 ya nos habían superado en PIB per capita (en términos de poder de compra) algunas naciones de la antigua Europa del Este, que hace no mucho tiempo tenían niveles de renta claramente por debajo del nuestro. En concreto, lo han hecho la República Checa, Eslovenia y Lituania. Estonia está prácticamente a nuestro mismo nivel. En la zona del Mediterráneo, Malta y Chipre están por encima de nosotros. Y las diferencias a nuestro favor con países como Portugal, Polonia o Hungría se van reduciendo.

Poco proclive a la empresa

¿Qué ha pasado? Las cifras anteriores a la pandemia nos indican que la economía española tenía ya entonces serios problemas en temas tan importantes como las tasas de paro y el déficit público. Y hay otras variables significativas a las que se suele prestar menor atención, pero que proyectan la imagen de una economía poco dinámica y excesivamente regulada e intervenida. Varias podríamos citar; pero me limitaré a una que me parece especialmente relevante. En todos los índices internacionales, España ocupa una posición mediocre en los indicadores que miden las facilidades para poner en marcha y llevar a cabo actividades empresariales. Y en las políticas públicas –salvo algunas excepciones relevantes, básicamente de algunas comunidades autónomas– no se observa ninguna voluntad de cambiar la situación. Por el contrario; parece que la actitud poco proclive a la empresa –aunque a veces sea más retórica que real– se acentúa. Y la política económica no parece ir precisamente en la línea de fomentar la creación y el desarrollo de empresas. El gasto del sector público crece y su deuda ha llegado a un nivel preocupante. La contrarreforma laboral no ha sido, tal vez, tan dañina como se pensaba hace meses; pero es evidente que puede crear frenos a la creación de empleo, sobre todo en el caso de las empresas pequeñas, tan importantes en nuestra economía, y en sectores que dependen en buena medida de la inversión extranjera. No sabemos qué pasará finalmente con la reforma fiscal del Gobierno. Pero la idea de subir la presión fiscal en un país en crisis, en el que el esfuerzo fiscal de los contribuyentes (presión fiscal ponderada por renta per capita) es ya muy alto, tiene poco sentido.

No consigo encontrar razones para pensar que España vaya, en el medio plazo, a recuperar las posiciones perdidas frente al resto de Europa en PIB per capita. Sería posible lograrlo, seguramente. Pero, para ello, habría que tomar medidas de política económica que, desde luego, no están en la mente de nuestros gobernantes.

Francisco Cabrillo

Catedrático de Economía en la Universidad Complutense,

Fundación Civismo.

España es el país que más ha subido la deuda pública en esta crisis. Hemos incrementado 22 puntos la deuda sobre el PIB:

Abrazos,

PD1: Si dejamos todo en manos de Dios, veremos la mano de Dios en todo… Dejaremos de pensar que esto que he conseguido por lo listo y buen profesional que soy, o que la familia que tengo, lo hemos logrado mi mujer y yo, y veremos que son regalos que nos ha hecho el Señor, que nos mima…

13 enero 2022

7%

 Pero no pasa nada, es temporal…

Es la más alta en los últimos 40 años:


Y la subyacente en el 5,5%... duele!!!

Los culpables de la inflación: energía, durable goods y alimentos… Solo los servicios aguantan, ¿hasta cuándo?


Así ha sido:

  • Gasoline: 49.6%
  • Beef: 18.6%
  • Pork: 15.1%
  • Chicken 10.4%
  • Fresh fish: 10.2%
  • Oranges: 9.9%
  • Furniture: 13.8%
  • Dresses: 8%
  • Jewelry: 8.8%
  • New cars: 12%
  • Used cars: 37.3%
  • Hotels: 27.6%
  • Car rental: 36%

Ahora falta por ver lo que van a hacer los sueldos y salarios. Subir, pero ¿hasta dónde?


Esa sensación de que nos enfrentamos a algo grave y que la FED sigue a su puta bola, con más miedo a que sus bonos comprados les generen pérdidas, que a la labor que tienen encomendada de estabilidad de precios… Ahora la economía les pasa la factura de sus desmanes pasados. Demasiados errores cometidos, que tendrán repercusión…

Las bolsas ni se enteran de lo que se cuece en la macro. Tienen la liquidez necesaria, y esto les basta…

Abrazos,

PD1: Y dar gracias a Dios por sentirnos queridos se lo damos después de comulgar todos los días. Esa acción de gracias, ese rato de intimidad con el Señor, lo tenemos dentro, es perfecto. Hemos visto durante la Misa su Pasión y Resurrección, hemos rezado por los demás, y al final, en vez de salir corriendo a hacer no sé sabe qué importante, nos quedamos dando gracias 5 minutos. Le damos las gracias por todo lo que nos regala, por querernos tanto, tan inmerecidamente, por sus favores, por nuestra familia y amigos…, por la mucha o poca salud que tenemos…

12 enero 2022

la velocidad en cómo se reduce la inflación...

Muy interesante este artículo de Mohamed el Erian, en el supuesto de la velocidad en cómo se debe reducir la inflación…:

Bancos centrales: la clave será cómo reducir la inflación

Durante la mayor parte de 2021, los mercados operaron bien gracias a las garantías de los principales bancos centrales, y de la Reserva Federal de Estados Unidos en particular, de que la inflación sería transitoria y la política monetaria seguiría proporcionado muchos estímulos. Ese poderoso condicionamiento fomentó el rally de todo en los mercados. El año 2022 será diferente.

Los mercados ya no dispondrán de las inyecciones masivas de liquidez que los impulsen a través de unas aguas económicas inexploradas y agitadas. Y algo importante es que los inversores tendrán que tener en cuenta la durabilidad y las consecuencias de la subida de la inflación, incluidos los factores que pueden provocar su eventual desaparición. Durante más de una década, las compras de activos a gran escala por parte de los bancos centrales hicieron subir los precios, no sólo los de los que se compraban en los mercados, sino también prácticamente de todos los demás activos, ya sean financieros o físicos (como la vivienda, el arte y otros objetos de colección). Este fue el caso en particular de 2021, cuando las inyecciones de efectivo de los bancos centrales alcanzaron niveles mensuales récord.

Después de desestimar sistemáticamente la amenaza de la inflación, el giro de la Fed y la adopción del lema de “más vale tarde que nunca” se engloban dentro de un cambio general en los bancos centrales mundiales hacia una política monetaria con menos estímulos. Aunque su política seguirá siendo acomodaticia durante bastante tiempo, el banco central más poderoso del mundo se dispone ahora a poner fin definitivamente a sus compras de activos a finales del primer trimestre.

Cada vez más bancos centrales (no sólo de los países emergentes, sino también de algunas economías avanzadas como Noruega y Reino Unido) han empezado a subir sus tipos de interés. Todo ello se produce en un momento en que la política fiscal de muchos países está a punto de ser menos estimulante, aunque la variante Ómicron del coronavirus está frenando el crecimiento económico.

Al haber empezado tarde, la Fed se enfrenta al reto de reducir los estímulos en un momento en que la política fiscal es menos estimulante, las condiciones financieras basadas en el mercado son más volátiles, los grandes ahorros de los hogares se están viendo erosionados gradualmente por la inflación, y tanto el gran gasto de los consumidores como Ómicron están incrementando las presiones inflacionistas debido a nuevos trastornos en las cadenas de suministro y la menor disponibilidad de trabajadores.

Estos retos no impedirán que la Fed suba los tipos de interés una vez que ponga fin a sus compras de activos. Pero sí que plantean importantes interrogantes sobre la durabilidad del ciclo de subidas. Los mercados no creen que la política real vaya a validar la trayectoria de los tipos de interés prevista por la Fed en su reunión sobre política monetaria de diciembre. Lo que no está claro es si esto será una cuestión de voluntad o de capacidad.

‘La camisa menos sucia’

La posibilidad de que la Fed tenga miedo, como ha hecho repetidamente en los últimos años, sería considerada por los mercados como algo constructivo a corto plazo. Haría que la institución intentara compensar los efectos negativos sobre los precios de los activos, lo que sería especialmente favorable para la renta variable, que se beneficia del “fenómeno de la camisa menos sucia” (es decir, no es totalmente atractiva, pero es mejor que la gran mayoría de las otras clases de activo).

Esto sería aún más favorable si coincidiera con una reducción ordenada de las presiones inflacionistas, que sigue siendo la opinión de consenso. Algo así todavía es posible si la Fed toma más medidas de manera inmediata para hacer frente a lo que está sucediendo.

El escenario de “incapacidad” sería más problemático. En este caso, un sistema condicionado por más de una década de tipos de interés bajos y gran liquidez sería incapaz de tolerar unos tipos más altos.

Unas condiciones financieras más estrictas, aunque justificadas por la persistencia de la inflación, fomentarían una combinación muy mala de inestabilidad financiera y menor demanda privada. En el extremo de la estanflación, las políticas son mucho menos efectivas justo cuando los mercados se enfrentan al triple riesgo de liquidez, crédito y solvencia, hasta ahora infravalorado.

La inflación acabaría bajando en este escenario de incapacidad, pero mediante un proceso que correría el riesgo de producir una brusca caída de la actividad económica.

Tanto la Fed como los mercados tienen un gran interés en que la inflación baje de forma ordenada. Pero la oportunidad para que la política lo logre se está desvaneciendo rápidamente. La alternativa es una caída desordenada, que implicaría el error político aún mayor de la Fed de tener que endurecer la política monetaria demasiado bruscamente después de haber sido demasiado lenta previamente.

Además del daño directo a la economía, esto probablemente causaría problemas en los mercados financieros, que provocarían otra serie de efectos negativos innecesarios y mucho mayores sobre el nivel de vida de los ciudadanos.

Presidente del Queens’ College de Cambridge, asesor de Allianz y de Gramercy

Mientras la FED convenza, los mercados estarán volátiles. Abrazos,

PD1: Ayer hablaba de la necesidad de sentirnos queridos. Dios nos quiere a todos de manera inequívoca, al margen de lo desastres que podamos ser. Y nos quiere siempre, cada día. Es el amor más perfecto, nos quiere como a hijos que somos suyos. Nosotros le correspondemos o no, le da igual, nos sigue queriendo y nos perdona nuestros desmanes…

Es por esto por lo que hay que dar siempre gracias al Señor, por este amor continuo que fluye a nosotros y que no sabemos replicar. Qué difícil es querer a los demás como nos quiere Dios…, debemos intentarlo todos los días. Y darle muchas gracias siempre, ser muy agradecidos por sentirnos queridos por Él.