Es decir, bajo crecimiento e inflación elevada… Tiene toda la pinta.
La incertidumbre se dispara por el coste de la guerra y la larga reparación de los daños, que ponen en jaque el suministro.
El fantasma de la estanflación resurge en Europa medio siglo después. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha provocado un aumento súbito del precio del petróleo, con el barril de Brent, de referencia en Europa, coqueteando con los 100 dólares. Una incertidumbre para el mundo económico que se extiende con más o menos fuerza dependiendo de los vaivenes en las negociaciones para poner fin al conflicto bélico y que varía a golpe de amenazas de unos y otros bandos.
Pero, como advierten fuentes financieras en contacto permanente con los grandes fondos internacionales, ya se empieza a poner fecha a una estanflación de continuar las idas y venidas sobre el estrecho de Ormuz, cerrado de facto y por el que circula alrededor de una quinta parte del petróleo mundial. “Con un precio cercano a los 100 dólares, entraremos en estanflación en tres o cuatro meses”, advierte un alto ejecutivo financiero que pide el anonimato.
En la madrugada de este lunes, el petróleo se disparó hacia el entorno de los 97 dólares tras un fin de semana en el que Donald Trump y la Guardia Revolucionaria cruzaban ataques y acusaciones que avivaban las tensiones. Al final la subida superó el 5% al cierre de la Bolsa española, por encima de los 95 dólares, después de que Irán se abriese a sentarse de nuevo con Estados Unidos.
Se tardará en recuperar la producción
Pero el ‘oro negro’ lleva ya ocho semanas con un rally sin precedentes ante la crisis en el suministro energético que ha provocado la guerra en Oriente Próximo. Más allá de una paz duradera, la Agencia Internacional de la Energía ya ha querido dejar claro que se “necesitará mucho tiempo” para recuperar la capacidad de producción del petróleo previa al conflicto bélico. El deterioro en las instalaciones energéticas ha sido cuantioso, con más de 70 centros de producción afectados que requerirán de tiempo para reparar sus estructuras.
La estanflación describe una situación en la que se combina una inflación alta y un estancamiento de la economía. La Comisión Europea ya hace tiempo que encendió las alarmas, con una rebaja de seis décimas de las previsiones del PIB, hasta el 0,8% y el 0,9% en 2027. Y la amenaza de una inflación que puede alcanzar el 6%, como avisan desde el Fondo Monetario Internacional (FMI).
“Hay que prepararse para interrupciones significativas del suministro energético en los próximos meses”, alertan sin ambages desde la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Un diagnóstico compartido tanto por el FMI como por la Comisión Europea, que auguran que la “mala” situación actual va camino de ser “aún peor”, en palabras de Dan Jorgensen, el comisario europeo de Energía. “Piensen en lo impensable y prepárense para ello”, fue el aviso que lanzó Kristalina Georgieva, directora gerente del FMI, a los pocos días de la guerra.
¿Hay riesgo en España?
En España el riesgo de la temida estanflación está más lejos, aunque el golpe de la guerra ya se nota en el día a día. Los precios crecieron un 3,4% en marzo, más de lo previsto en un primer momento y pese al paquete fiscal de 5.000 millones de euros que puso en marcha el Gobierno para suavizar el impacto de la subida del coste del combustible. Y puede ser sólo el principio.
El Banco de España contempla que en el escenario más adverso, en el que la incertidumbre sobre la guerra se prolongue en los próximos meses, la inflación rozaría el 6% este año, con lo que se convertiría en una losa para el bolsillo de familias y empresas, que desde 2022 ya han soportado un aumento sostenido de los precios superior al 20%.
La estimación del organismo con sede en Cibeles pasa por que un conflicto largo llevaría a otra subida del IPC del 3,2% en 2027, que se combinaría con un bajo crecimiento, que se quedaría en el 1,1% en dos años. Un escenario en el que técnicamente no se daría la estanflación, pero que se le parecería mucho, sobre todo por el efecto en el consumo de las subidas de precios. Sin ir más lejos, la economía española ya se está desacelerando desde antes de que estallara la guerra, con un crecimiento en 2025 siete décimas menos que un año antes.
Un daño económico descontado
Hay cierto consenso en que la situación, llegue pronto o no una paz, ya no volverá al punto de partida sin golpes para la economía, sobre todo por los daños duraderos en las instalaciones de producción de la región del Golfo.
“Incluso si el estrecho de Ormuz permanece abierto a partir de este lunes, se necesitarán semanas para reposicionar los buques que se han dispersado por todo el mundo desde que comenzó la guerra”, ponían ayer sobre la mesa desde Lazard. Ya hay problemas de suministro en Asia y la voz de alarma se ha encendido entre las aerolíneas europeas, que afrontan un verano plagado de incertidumbre por el aumento del coste del queroseno si la guerra se enquista.
¿Se repetirá este patrón?
Abrazos,
PD: Profanación