01 marzo 2024

España, mucho menos densidad de población

Impresionante este gráfico de https://ec.europa.eu/eurostat/cache/digpub/regions/#median-age.

Todo el centro de Europa lleno de ciudades con gente trabajando y consumiendo. En España solo las que conocemos. El resto, la España vacía, predomina:

Me impacta Portugal. Sabía lo de Italia. Irlanda también. Somos como las tierras altas de Escocia…

Abrazos,

PD: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Mateo 22: 37-39

Empieza por ti, aprende a amarte a ti mismo, a respetarte, a cuidarte, a hablarte con más amabilidad, a mirar hacia adentro sin culpa ni miedo y a hacerte cargo de tus necesidades emocionales.

Aprende a ser compasivo contigo, a disfrutar de tu solitud sin soledad y a estar en paz contigo mismo, pues la calidad de tus vínculos y relaciones con los demás será el reflejo del amor que te tienes a ti mismo.

29 febrero 2024

de nuevo, desmadre en bitcoin

Impresionante:

Es como un tobogán que baja y un cohete que sube… ¿Cuál será el siguiente movimiento? Ni idea. ¿Por qué se ha desmadrado ahora con los mercados eufóricos y tan mala macro? Pues eso. Quizás tenga que ver algo con el dólar que se quiere menos: con este diferencial de tipos entre EEUU y la UE, y ese diferencial de crecimiento económico, el dólar debería estar mucho más fuerte de lo que está…

Eso sí, la volatilidad del Bitcoin es impresionante. Mira lo que hizo ayer en unos minutos:

Abrazos,

PD: Me encanta este relato de caridad:

28 febrero 2024

seguirá tirando la economía de EEUU este año

Muy interesante lo que cuenta El Erian:

Will the US Economy Drive Global Growth this Year?

Feb 26, 2024

Despite rosy forecasts, the US economy faces powerful headwinds that call into question its ability to serve as the world’s main growth driver. These challenges are compounded by domestic and geopolitical uncertainties that have not been reflected in market valuations and economic assessments.

CAMBRIDGE – What happens in the United States does not stay in the United States. The global economy depends on America to act as a main engine of growth, and global financial markets depend on US investors’ outsize appetite for risk. This became particularly evident in 2023 when major economies like Japan and the United Kingdom slipped into recession, Germany narrowly avoided one, and China grappled with obstacles to growth and pockets of high debt.

But whether the US economy can drive global growth in 2024 depends on the answers to three key questions. First, can the domestic economy maintain its current growth momentum and achieve the softest of soft landings? Second, can it remain resilient in the face of domestic political divisions and geopolitical uncertainties around the world? And lastly, will investors be able to secure sufficient liquidity to refinance debts accumulated during the era of artificially low interest rates and exceptionally high liquidity injections by central banks?

Based on current market prices, investors believe the answer to all three questions is a solid yes. Similarly, many economists are optimistic about the US economy, albeit with slightly less enthusiasm than that exhibited by capital markets.

I find myself taking a more nuanced view. Consider the three key issues.

The US economy undoubtedly holds two significant advantages over other major economies: its current growth engines are more dynamic, and it has taken significant measures to foster and invest in future growth drivers. This helps to explain why the US exceeded expectations in 2023, with GDP growing by 4.9% and 3.3% in the third and fourth quarters, respectively. By contrast, the German, Japanese, and UK economies contracted, while China, grappling with cyclical issues, risked being pulled into the dreaded middle-income trap.

These huge advantages set the US apart from other developed economies. Moreover, its comparative advantages will continue to strengthen unless other countries shift swiftly and decisively toward policies that support growth and increase productivity.

But the American economy also faces powerful headwinds. The US has entered 2024 with weaker household balance sheets, marked by lower savings and higher debt levels. This reduces the future effectiveness of consumer spending as a direct and indirect growth driver. Moreover, with inflation receding, there is a greater risk that the Federal Reserve’s overreliance on historical data will lead to another monetary-policy mistake.

These challenges are compounded by domestic and geopolitical uncertainties that have not been adequately reflected in market risk premia and economic assessments. The possibility of escalation in the Middle East is considerable as the already distressing number of civilian deaths and human suffering in Gaza rise further. The war in Ukraine risks tilting in a manner that threatens wider conflict over time. Meanwhile, the ongoing tensions between China and the US show little sign of abating. Elections this year in dozens of developed and developing countries add another layer of uncertainty, as political shifts could trigger new supply shocks and further weaponization of trade and finance.

The third issue is whether markets can navigate the refinancing legacy of excessive risk-taking fueled by years of artificially low interest rates, massive liquidity injections, and an unhealthy codependency between the Fed and financial markets. The commercial real-estate sector, where roughly $1.5 trillion in debt is set to mature by the end of 2025, is a prime example. But there are other areas of concern, especially within the lightly regulated and insufficiently understood non-banking sector.

It is important to note that these refinancing issues tend to unfold gradually. This has both advantages and disadvantages: while the slow pace mitigates the risk of massive contagion and sudden stops, it also erodes resilience and agility.

Together, all these factors challenge the automaticity of the consensus forecast of a very soft landing for the US economy and its ability to drive global growth. Indeed, looking ahead to the rest of the year, I would put the probability of a soft landing at 55%. There is also a 30% likelihood that the US will slip into a recession, and a 15% chance that continued transformational innovations – particularly in generative artificial intelligence, life sciences, and green technologies – will lead to surprise on the upside.

While the consensus entered 2024 with a much more optimistic view than a year ago, it needs to be more nuanced than what is currently reflected in market prices and economic forecasts. Think of a “yes, but” outlook, which calls for paying timely attention to the two tails of the distribution of potential outcomes.

Abrazos,

PD: Ayer me tragué otro funeral en la Misa de diario. La pena es que el cura da por salvado al fallecido y a todos los presentes. Ya está en el cielo, haya hecho lo que haya hecho. Y los que están ahí vais a seguir el mismo camino, el cielo para todos… Esto no es lo que dijo Jesús. ¿Te acuerdas de la puerta angosta? Efectivamente Dios es misericordioso y no sabemos quién se salvará. Pero matan el infierno. Y destrozan la fe de los presentes. La mayoría de los casos es gente que aparece en el funeral como única vez que van a ir a una Misa en años. Si en vez de hacer un panegírico sobre el difunto, que solo saben de él tres cosas que le han contados sus hijos, hicieran una glosa del mensaje del Señor… Pero no, todos nos salvaremos. Ese maldito buenismo que se ha instalado en la sociedad, donde todo vale ya que no hay infierno ni hay que hacer nada para alcanzar el cielo… Cuantos se condenarán por culpa de estos curas. Demasiadas oportunidades perdidas.

27 febrero 2024

nos ganan por goleada...

Si comparamos la evolución del PIB con su crecimiento potencial, esto es lo que tenemos:

Menuda tundra nos han dado los americanos…

Eso sí, su crecimiento de su deuda es preocupante: En 5 años:

Debt: $22T to $34T

GDP: $21T to $28T

Abrazos,

PD : La Cuaresma…

26 febrero 2024

compradores de deuda de EEUU

¿Quién comprará la deuda americana? (2ª parte)

Cuando una situación de riesgo se prolonga durante un largo periodo de tiempo sin que se materialice dicho evento, avisar sobre el mencionado riesgo puede ser interpretado como un error de análisis o de valoración.

Nassim Taleb popularizó hace más de quince años el concepto de "cisne negro": un evento con muy baja probabilidad de ocurrencia, pero que si acaba sucediendo puede provocar elevados efectos perturbadores en la economía y los mercados. Taleb ha hablado recientemente de "cisnes blancos". Desde hace meses Taleb, insiste en que ahora tenemos un "cisne blanco" delante de todos, sin que nadie parezca darse por aludido, refiriéndose a la evolución de la deuda pública estadounidense. En otras palabras, los efectos perturbadores de un problema en la deuda pública estadounidense podrían ser tanto o más dañinos que un "cisne negro".

En octubre del pasado año, Taleb, refiriéndose a la deuda pública estadounidense, dijo literalmente: "El riesgo está delante de nosotrosSi ves un puente frágil, sabes que en algún momento va a colapsar". La realidad es que el S&P 500 ha subido más de un 20% desde su aviso.

La pregunta clave, ante el persistente déficit de EE. UU. y su necesidad de financiación es quién comprará la deuda del Tesoro estadounidense a partir de ahora. Analizando los distintos grupos de tenedores de deuda, como se comentaba en la primera entrega de este artículo, se observa la limitada capacidad de demanda de los distintos compradores: 

los extranjeros difícilmente aumentarán su demanda al ritmo del crecimiento de la deuda;

la Reserva Federal ha manifestado que va a seguir reduciendo su cartera de bonos, no incrementándola (de momento);

los particulares, pese a aumentar su posición en deuda pública ante el fin de los tipos cero, no tienen capacidad para sustituir a otros tenedores con mayores importes;

los bancos no van a poder incrementar proporcionalmente su posición en deuda pública, de acuerdo con la propia Reserva Federal;

los fondos de inversión, fondos de pensiones y las compañías de seguros podrán aumentar sus posiciones en la medida en que aumente su patrimonio, algo no garantizado.

EE. UU. tiene dos opciones para afrontar la situación cuando empiece a flojear la demanda a los tipos de interés actuales.

La primera opción es subir los tipos de interés de las emisiones a más plazo para atraer más demanda a dichas emisiones. El mercado de bonos actúa como cualquier otro mercado: si baja el precio sube la demanda. En el caso de los bonos, si suben los tipos en la emisión, sube la demanda de dichos bonos.

Las consecuencias de adoptar esta solución serían, entre otras: un aumento de la elevada carga de intereses, la quiebra de un elevado número de empresas zombis, una deuda pública difícilmente sostenible y un lastre para la economía que podría desembocar en una recesión. Esta situación no sería sostenible durante mucho tiempo.

La segunda opción es una vuelta a las políticas cuantitativas de la Fed.  La Fed volvería a ser el principal comprador de la nueva deuda emitida, como ya ocurrió entre los años 2018 y 2021 cuando adquirió el 45% deuda neta emitida.

De ser esta la opción elegida, las consecuencias serían radicalmente distintas: las bolsas siempre han recogido con alegría la inyección de liquidez de la Fed; los tipos de interés de los bonos caerían, o al menos se limitaría la subida; la inflación acabaría aumentando; la demanda exterior de deuda pública estadounidense se reduciría; y previsiblemente volveríamos a la represión financiera, con tipos de interés por debajo de la inflación.

Para que la Fed vuelva a intervenir de forma contundente es casi inevitable que primero asistamos a momentos de alta tensión en los mercados. No existe solución óptima, pero todo lleva a pensar que a la Fed no le quedará más remedio que volver a intervenir. Es sólo cuestión de tiempo.

Desde que Nassim Taleb avisó en octubre pasado sobre el "cisne blanco" de la insostenibilidad de la deuda pública de Estados Unidos, el S&P se ha revalorizado más del 20%. En los mercados financieros los plazos de materialización de los riesgos importan. Ojo avizor al resultado de cada subasta de bonos del Tesoro estadounidense.

Abrazos,

PD: Me contaban que los hombres de 45 a 65 años son los que tienen más dificultades en su vida espiritual… No aceptan de buen grado la dirección espiritual. Ya se lo saben todo, ya lo han oído muchas veces…, pero no cambian, no aceptan los buenos consejos que se les da. Es esa edad complicada que tienen, donde la fe, o la perdieron, o la tienen tibia.

De hecho, yo que voy a Misa a diario a las 20:00 horas, me sorprende no ver a gente de mi edad apenas. Hay gente más joven, y muchos mayores de 65 años. Hablo de hombres no de féminas. Son esos años pesados que tienen los hombres que se creen los “reyes del mambo”. Qué equivocaditos están…