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08 junio 2021

sin nacimientos la economía se hundirá en el futuro

Si no nacen niños, no habrá gente suficiente que pague las pensiones del baby boom, no se podrán pagar esas pensiones, ni vía impuestos…

La pandemia hunde los nacimientos en España al nivel más bajo de la historia

Los nacimientos en España cayeron hasta 23.226 el pasado mes de diciembre de 2020, la cifra más baja en un mes desde que comenzó la serie del Instituto Nacional de Estadística (INE), en el año 1941, hace 70 años.

De acuerdo con la estimación mensual de nacimientos, publicada este lunes por el INE y consultada por Europa Press, este valor mínimo se alcanzó en el pasado mes de diciembre, cuando se cumplían nueve meses desde que comenzara la pandemia de la Covid-19, en el mes de marzo.

En concreto, en diciembre de 2020 se registraron 23.226 alumbramientos, lo que supone un 20,4% menos que en el mismo mes de 2019, y el valor más bajo en un mes desde hace 70 años.

En enero de 2021 el número de nacimientos repuntó ligeramente hasta los 24.061, aunque esta cifra fue un 20% inferior a la del mismo mes del año anterior.

Atendiendo a los primeros cuatro meses de 2021, nacieron un total de 105.141 bebés en España, un 6% menos que en el mismo periodo de 2020, cuando hubo 111.941 alumbramientos, y un 20,4% menos que hace cinco años.

De los datos se desprende que se ha producido una tendencia a la baja desde 2016. En concreto, se registraron:

132.045 nacimientos en los primeros cuatro meses de 2016

125.494 en el mismo periodo de 2017;

119.208 en 2018; 116.295 en 2019;

111.941 en 2020; y

105.141 en los primeros cuatro meses de 2021.

En cinco años hemos pasado de 132.045 nacimientos a 105.141 nuevos niños. Demencial!!! Abrazos,

PD1: Por cierto, me encanta ir a contracorriente. Ayer mismo uno de mis hijos me hizo más abuelo, el décimo nieto ya… Mucha felicidad y mucha acción de gracias porque todo haya salido bien. Toda esta semana va a ser una semana de darle al Señor muchas gracias.

Esa generosidad de los padres, es su quinto hijo, y tienen 30 años!!! Olé por ellos… Serán muy felices, pese a la currada que ya se están dando, pese a los gastos de los bebes, pese a las cosas que no harán por cuidar y educar a sus hijos.

La mayor acción provida, no es sólo denunciar el aborto como medio habitual de anticoncepción, que lo es, sino alabar a cada uno de los buenos padres que se lanzan con ilusión a hacer nueva familia…

12 septiembre 2019

Colapso de la población


Es una tendencia muy de fondo que genera muchas dudas sobre cómo se solucionará…


Abrazos,
PD1: Hace tiempo que no te escribo tweets del Papa:
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17 diciembre 2018

baby boom

El baby boom fue más tardío en España. Somos los que tenemos ahora entre 35 y 60 años, aunque los que más peso tienen son los que tienen entre 40 y 50 años:
Y en unos años se van a empezar a jubilar… Ya entiendes el problema!!!
Además, se ve con nitidez la subida de la esperanza de vida… ¡Cuántos mayores! Que, por supuesto, siguen cobrando su pensión…
¡Qué pocos niños nacen! Casi la mitad que en el año 1978… Son caros, te lo digo yo que tengo 9 hijos, no hay ayudas, y la gente se lo quiere pasar bien… Caray, tenemos un problema irresoluble. Bueno, los políticos ya han identificado parte de la solución, que vengan más inmigrantes a trabajar, a pagar las pensiones… Es de coña!!! Parques vacios, escuelas sin niños, sobrecapacidad total dados los pocos niños que hay… Por eso cuando ahora nace un niño es una alegría inmensa…
Abrazos,
PD1: ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿y nuestros compañeros de trabajo? ¿y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿cómo los amamos? ¿qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?
Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque “si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?” (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos, con certeza, que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...
Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto.

11 septiembre 2018

inmigración

Todos nos hemos movido alguna vez. Nuestros padres/abuelos se iban a las capitales y tantos españoles en el pasado probaron fortuna fuera… Estos años, España se presenta atractiva para venirse a trabajar, no es un chiste, por parte de muchos extranjeros (sudamericanos y africanos) que mejorarían dado nuestro elevado nivel de vida… Antonio Argandoña lo cuenta muy bien:

Hoy hablaremos de las migraciones

Hace tiempo que tengo ganas de hablar del problema de las migraciones, pero tengo más preguntas que respuestas. De modo que voy a empezar a pensar en voz alta, a ver si, entre todos, somos capaces de llegar a algunas conclusiones interesantes.
Para empezar, me parece que hay dos posiciones extremas sobre este tema, y otras muchas intermedias. Una se plantea en términos individuales y humanitarios: “Debemos acogerlos”. La otra lo hace en términos colectivos y políticos: “Esta es nuestra casa, que se marchen”. Dicho así, parece que deben ganar los primeros, ¿no? Es la moral, de un lado, contra el egoísmo, de otro.
Ahora, volvamos a poner ambas posturas en términos políticos. La primera invoca el principio de libertad: toda persona debe ser libre para elegir dónde se quiere instalar, y ese derecho es particularmente apremiante cuando están en juego valores fundamentales, como la vida, en caso de guerra o de represión política; o la supervivencia, en situaciones de hambre; o, simplemente, el derecho a vivir mejor, buscando un entorno en el que uno pueda llevar una vida digna, ofrecer posibilidades a sus hijos, etc.
La segunda invoca el derecho de las comunidades a gobernarse: si el único principio válido es el de la libertad del individuo, ¿dónde queda el gobierno de la comunidad? ¿Puede una persona exigir el derecho a instalarse en cualquier comunidad, sin contar con los derechos de las personas que ya viven en ella? Claro que también podemos preguntarnos: ¿puede una comunidad negar todo derecho a las personas que no forman parte de la misma?
El lector ya se habrá dado cuenta de que he llevado el agua a mi molino: si planteamos las cosas en términos de derechos, lo más probable es que no lleguemos a conclusiones que convenzan a todos. Por eso, detengamos, por ahora, nuestro debate.
El lector me dirá que este planteamiento no es válido en la actualidad: cuando un barco repleto de emigrantes, hambrientos y enfermos, se acerca a tus costas, no hay soberanía que valga. Y estoy de acuerdo: cuando una persona está en la cuneta de la carretera, malherida porque ha sufrido un atropello, yo, que paso por allí, no tengo derecho a invocar leyes, instituciones y normas (que venga la policía de carreteras, que le atienda la sanidad pública, que no me ensucie el coche, que no puedan decir que yo le causé nuevas heridas…). La he de atender, me guste o no. Si sé medicina, podré hacer mucho; si no, quizás pueda tratar de consolarla. Pero no puedo mirar a otro lado.
Pero esta manera de ver el problema de los inmigrantes no es la adecuada. Porque el problema que tenemos hoy no es, por ejemplo, el de Suiza cuando los nazis perseguían a los judíos en Alemania y los países vecinos se encontraban en la necesidad de acoger a personas cuya vida corre peligro si no les dejan cruzar la frontera: hay que dejarlos entrar, sí o sí. Hemos de distinguir la llegada de un barco, a cuyos pasajeros hay que acoger, lo mismo que al atropellado, y la probable llegada de miles de inmigrantes, de manera ordenada o no, legales o ilegales.
Porque el barco no es un caso aislado, sino que forma parte de esa marea humana. Y la manera como resolvamos el problema de la marea va a determinar la solución que podamos dar al problema del barco. Y una vez superada la emergencia, la naturaleza del deber cambia: cuando el atropellado va camino del hospital en una ambulancia, yo no me sentiré obligado a acompañarle. O sea: el deber de acoger al que llega en una patera no es el mismo deber que el de recibirle para siempre; este último deber puede existir, pero es distinto del otro.
Quizás nos viene a la cabeza el recuerdo de que todos hemos sido emigrantes. Mis padres lo fueron, en los años veinte del siglo pasado, y en Barcelona hay miles de personas que vinieron en los cuarentas, cincuentas y sesentas. Inmigrantes llenaron los Estados Unidos, y América Latina. Pero aquello era distinto, y conviene tener esto en cuenta, a la hora de analizar nuestro problema hoy.
Porque el entorno demográfico y político era entonces muy distinto. Los españoles que iban a Cuba, a Venezuela o a Argentina hace un siglo, iban a llenar territorios relativamente vacíos, con conocimientos útiles, una cierta homogeneidad cultural y un régimen político que los aceptaba con más o menos alegría, porque los necesitaban. Desde entonces hemos conocido un desarrollo demográfico enorme en todo el mundo, sobre todo en Asia y África, y hemos organizado nuestra convivencia en términos de Naciones-Estado soberanas, con un mandato de sus ciudadanos para atender, principal si no exclusivamente, las necesidades de sus ciudadanos, por encima de las de los de fuera.
Europa, por ejemplo, es hoy un continente rico, en paz, con unos servicios sociales formidables… y un déficit de población enorme. Los motivos de, por ejemplo, los del Próximo Oriente o África para emigrar a Europa no son los mismos que llevaban a los europeos de hace un siglo y medio a cruzar el Atlántico. Y el marco social y político no es el mismo.
Me dirá el lector que… ¡peor para el marco social y político! Bien, pero habrá que convencerles, ¿no? Y, ¿cómo podemos organizar el diálogo?
Abrazos,
PD1: La gente no se compromete hasta que no lo ve muy claro. Nunca es fácil salir del hogar paterno y formar una familia. Muchos nos casamos con una mano delante y otra detrás… Fuimos capaces de criar a 9 hijos, con muchas dificultades, con sencillez, pero con toda la felicidad del mundo.
Ahora, los jóvenes se casan cada vez más mayorcitos, gran error. Para casarse no se debe esperar mucho:
Los millennials, esa generación que llegó a la mayoría de edad en los albores del siglo XXI, esperan más que sus antecesores para tomar la decisión de ponerse el anillo de bodas. Si entre los jóvenes de antes pasaba una media de cinco años entre el momento de conocerse y el de casarse, las parejas de 25-34 años se demoran seis años y medio.
La medición la realizó una fuente citada por el New York Times, y Melissa L. Braunstein, que escribe de familia y otros temas, reflexiona sobre el asunto en la web del Institute for Family Studies. Su consejo a los de esta hornada: que deberían formalizar sus relaciones cuanto antes.
Braunstein apunta que, en los años 70, las parejas se casaban a principios de la veintena –ellas a los 20,3 años; ellos a los 23–. ¿Por qué hoy tardan más? Entre los factores para que ese momento se esté postergando, la analista cita la creciente prevalencia de la cohabitación: según un informe de los CDC, en EE.UU., un 17,1% de las mujeres y un 15,9% de los hombres de 18 a 44 años vivían en 2015 en esa modalidad de unión.
“Es improbable que los estadounidenses vuelvan al modelo de los 70 en algún momento inmediato, especialmente los graduados universitarios”, reconoce, pero aporta seis razones por las que los jóvenes harían bien en darse el “sí, quiero” más temprano que tarde.
1. La cohabitación puede prolongar las relaciones frágiles. Es cada vez más frecuente que las parejas pasen a convivir poco después de conocerse, pero las que lo hacen sin un compromiso compartido pueden caer en la inercia, y la relación puede terminar disolviéndose.
2. El matrimonio y la felicidad van de la mano. Los casados son más dados a declarar en las encuestas que son felices. Cuando la General Social Survey pregunta a los estadounidenses sobre este punto, el 54% de las personas de bajos ingresos, el 56% de los trabajadores y el 65% de los de clase media dicen estar “muy felices” en sus matrimonios.
3. Demorar el casamiento no es un seguro contra divorcios. Antes de los 32 años, cada año adicional de matrimonio reduce las posibilidades de ruptura en un 11%. Para los que se casan después de los 32, estas se incrementan en un 5%, según análisis efectuados a partir del National Survey of Family Growth.
4. La espera ejerce presión sobre la fertilidad. A la biología no le importan nuestras preferencias personales o profesionales. Para cualquier pareja que desee tener una familia, ello significa que mientras más demore tener hijos, más difícil le será llegar al número deseado.
5. La perfección es como un unicornio. En la era de Instagram y Photoshop, que muestran vidas perfectas, es mejor enfocarse en alguien que te complemente, con sus fallos y demás. Una vez que encuentres a esa persona, no podrás imaginar no tenerla en tu vida.
6. La vida es breve. Si amas a alguien, asegúrate de que lo sepa. Celebra esa conexión interpersonal y no desprecies oportunidades de festejar y compartir tu alegría con los demás.

05 junio 2018

la tendencia del largo plazo

La demografía es fundamental. ¿Dónde va a crecer el mundo y habrá mano de obra? En ciertos países es un bien escaso…
En alguna ocasión les he señalado que son los factores estructurales los que realmente tienen un peso esencial en el comportamiento de las bolsas en el largo plazo. Los ciclos económicos, monetarios o empresariales, los factores geopolíticos, las incertidumbres sociales o políticas, son todos ellos variables que condicionan los mercados en el corto/medio plazo, pero a largo plazo, y cuando hablo de largo me refiero a décadas, son otros factores los determinantes.
Entre ellos tiene especial peso el demográfico. El nivel de población de un país, la juventud de dicha población, el índice de natalidad y mortalidad, tienen un efecto tan importante que la evolución de su economía, y por tanto de sus mercados financieros, estarán totalmente determinados por ellos.
En este artículo les voy a mostrar unos gráficos realizados por el geógrafo Simon Kuestenmacher, en el que se ve la evolución de la población mundial desde la década de 1950 hasta la prevista en 2100. También les mostraré el mapa de fertilidad mundial en 2050 y de expectativas de vida en 2100. Un comentario, en España en ese futuro se tendrá una expectativa de vida promedio por encima de los 95 años, entre las más longevas del mundo.
Abrazos
PD1: Tenemos que aprender a superar esa visión que reduce la fe a una cuestión de mero cumplimiento. Nuestra fe es mucho más. Es una adhesión de corazón a Dios. Cuando ponemos el corazón en algo, ponemos también la vida y, en el caso de la fe, superamos entonces el conformismo que parece hoy atenazar la existencia de tantos creyentes. Quien ama no se conforma con dar cualquier cosa. Quien ama busca una relación personal, cercana, aprovecha los detalles y sabe descubrir en todo una ocasión para crecer en el amor. Quien ama se da.

10 octubre 2017

el baby boom se empieza a jubilar, qué horror!!!

En EEUU, el famoso “baby-boom” empezó unos años antes que en España. Y ahora se empiezan a jubilar, montones de personas a la misma vez…, con expectativas de que el riesgo de sus carteras se reduzca…

Retiring baby boomers are going to have a huge impact on the economy

The first Baby Boomers turned 70 last year. At the same time, the US fertility rate is at its lowest point since records began in 1909.
This disastrous combination means by 2030, those aged 65 and older will make up over 20% of the population.
In the meantime, the percentage of working-age cohorts are in decline. Combined together, these trends create a perfect demographic storm for the US economy.
Here’s why.
A deflationary environment
The chart below shows that growth in the working-age population has been a leading indicator of nominal GDP for decades.
Image: Mauldin Economics
One of the reasons for that is that spending drops on average by 37.5% in retirement. Given that consumption accounts for 70% of US economic activity, this is a major deflationary force.
Economic growth and corporate profits go hand in hand. Which means this trend will cut down company earnings and, in turn, investors’ returns will go down further.
That’s not yet the worst news. Along with declining profits, America’s aging population has ever more profound implications for investors.
A big shift in financial markets
According to BlackRock, the average Boomer has only $136,000 saved for retirement. Even assuming 7% returns—when they’re more like 2%—it’s a yearly income of only $9,000. That’s $36,000 shy of the ideal retirement income.
This huge funding gap in pensions means Boomers will be forced to look for income elsewhere. Historically, that has come from bonds.
The research shows once you hit the age of 65, you go through the most profound asset class shift since you were in your 30s. You start to trim your equity and start to raise your bond exposure.
This shift has been visible for decades. However, it’s about to become much more pronounced.
Bearish for stocks
Due to IRS mandatory minimum drawdown laws for retirement plans like IRAs and 401(k)s, when you turn 70 ½, you are forced to withdraw at least 5% of the value of the plan each year.
In 2016, the Tax Policy Center found that 37% of the US stock market was owned by retirement accounts like IRAs and 401(k)s.
Therefore, this wave of forced selling will flood the market with billions of dollars’ worth of equities and bonds, which will push down prices.
With millions of retirees forced to divest their portfolios over the next decade, and markets sitting at all-time highs, investors should start thinking about exit strategies.
Abrazos,
PD1: A los grandes personajes, al cabo del tiempo, se les admira, pero no se les ama. Hoy nadie ama a Cervantes o a Miguel Ángel. Sin embargo, Jesús es el más amado de la historia. Hombres y mujeres dan la vida por amor a Él. Unos de golpe en el martirio, y otros “gota a gota”, viviendo sólo para Él. Son miles y miles en el mundo entero.

21 marzo 2017

La gente se hace mayor...

La esperanza de vida ha ido subiendo en los últimos decenios. Es un hecho. Pero si tuerces la pirámide de la población te asustas bastante… Mira los EEUU:
Es impresionante como a partir de los 60 años, la gente se nos empieza a ir y nos vamos quedando sin ellos… Cuando se murió mi padre, estuve con él un mes viéndole todos los días y dándole todo mi cariño… Aunque, memo de mí, no fui capaz de decirle que le quería. Luego ya muerto sentí mucho no habérselo dicho. A mi madre la veo con mucha frecuencia y, memo de mí, tampoco soy capaz de decirle que la quiero… ¿Podré algún día? Se presupone mi amor hacia ella. Intento hacerla reír, le cuento cosas, trato de que esté entretenida…, pero no le digo lo mucho que la quiero…
Vamos a ser un país lleno de gente mayor, la baja natalidad, la inmigración del Norte de Europa para secarse en España, la mayor longevidad, nos llevará a tener que ayudar y convivir con mucha gente mayor durante muchos años…
Muchas veces, cuando pensamos en la gente mayor, tenemos una imagen preconcebida de cómo son y cómo se desarrolla su vida. En un contexto en el que cada vez se tiende a vivir más años y con mayor calidad de vida, Lucía Pardo, psicóloga y gerontóloga, aporta una nueva visión acerca de cómo es la tercera edad. En el blog de VidaCaixa hemos hablado con ella.
La imagen del viejecito con bastón y boina y de la viejecita tejiendo sentada en el sofá es historia. Con una esperanza de vida que se sitúa alrededor de los 82 años de media (85,6 para las mujeres, 80,1 para los hombres) y que se prevé que aumente a razón de cuatro años por década, la manera en la que hemos de mirar hacia nuestro futuro debe cambiar.
Lucía Pardo, autora del blog Sumando canas, sumando experiencias, lleva tiempo hablando sobre todas las cuestiones referentes a la gente mayor. Desde VidaCaixa le hemos preguntado sobre los mitos que ella considera falsos acerca de los mayores. Son los siguientes:
1. Todas las personas mayores no son iguales
Pardo considera fundamental “fomentar la calidad de vida en la vejez” y añade que, dado que las personas mayores “serán un sector cada vez mayor dentro de la población”, se debe tener en cuenta que su participación y su capacidad de decisión en la sociedad irán en aumento. “Las personas mayores romperán el mito clásico del anciano en segundo plano que espera la llegada del final de su vida. Ahora viven la vejez como otra etapa vital más, que puede durar hasta 20 o 30 años”, apunta la psicóloga.
2. ¿Están siempre enfermas las personas mayores?
La respuesta es un no rotundo. “Las personas mayores no están siempre enfermas. Esto es real. Lo que sucede es que determinadas enfermedades ocurren con mayor probabilidad y frecuencia pasados los 60 años. Esto ha hecho que el estereotipo de la persona mayor enferma se extienda”, señala Pardo, quien añade que “otras enfermedades aparecen con mayor probabilidad en la mediana edad, por ejemplo, y no por eso consideramos que las personas de 40 o 50 años están todas enfermas”.
Para la gerontóloga es muy importante prepararse “tanto física como mentalmente para el envejecimiento”. “Y es que, como dice la catedrática Rocío Fernández-Ballesteros, desde que nacemos envejecemos. Por tanto, todos los hábitos saludables que podamos establecer a lo largo de nuestra vida tendrán un gran impacto en cómo será nuestra vejez”, explica.
En el plano físico, la psicóloga considera que es muy importante practicar deporte y llevar una alimentación saludable. En el terreno mental, Pardo recomienda implicarse en actividades que requieran “atención, concentración, toma de decisiones y razonamiento”. “No debemos olvidarnos, además, de la esfera social. Conservar círculos sociales satisfactorios también contribuirá a mantenernos activos y a prepararnos para un envejecimiento activo”, asegura.
3. Las personas mayores tienen mal genio
Es otro falso mito, a juicio de Pardo. Su explicación se argumenta del siguiente modo: “El origen de nuestra personalidad es una mezcla de genética y ambiente. A lo largo de los años esta forma de ser evoluciona y cambia, pero siempre dentro de la misma línea, por decirlo de algún modo. Por tanto, cuando envejecemos, seremos igual que antes: si hemos sido gruñones, lo seguiremos siendo; si hemos sido alegres, lo seremos igualmente…”, explica la psicóloga.
Ahora bien, señala Pardo, sí que existen cambios físicos, en este caso cerebrales, que afectan a la capacidad de “razonamiento, planificación, velocidad de procesamiento y control inhibitorio”. Se producen en los lóbulos frontales del cerebro conforme pasan los años. En general, esto hace que el pensamiento de las personas mayores “sea más lento, o que tengan mayor dificultad para realizar tareas que requieran de la capacidad de pensamiento abstracto”. “El control inhibitorio, por su parte, es el que nos permite inhibir aquellas respuestas que no queremos emitir. Sin embargo, es importante tener en cuenta que ésta es la tendencia, no una regla general inapelable”, afirma Pardo.
4. Las personas mayores no aportan nada
Falso. “Debemos reconocer el valor de las personas mayores, en cuanto a la experiencia y conocimiento acumulados, sobre temas en los que hayan sido expertos, o sobre la vida en general. Reconocer este valor implica empoderar a las personas mayores, un tema que está muy de actualidad”, explica la psicóloga. “En este sentido, algunas iniciativas que se están llevando a cabo son aquellas que utilizan a las personas mayores como recurso valioso para conocer costumbres del pasado o historias de los pueblos y ciudades, por ejemplo”, añade sobre este punto.
5. Una persona mayor ya no quiere/puede aprender
Otro falso mito. “Diferentes estudios han demostrado que las personas mayores conservan capacidad de aprendizaje, a nivel cerebral”, explica la gerontóloga. “Esto quiere decir que siempre es posible aprender cosas nuevas. Un ejemplo muy actual es el de aquellas personas mayores que aprenden a utilizar las nuevas tecnologías. No han utilizado nunca un móvil o un ordenador, pero quieren aprender a hacerlo y, de hecho, lo hacen. Personas mayores que aprenden a utilizar el whatsapp, el correo electrónico o las redes sociales. Requiere su proceso de aprendizaje, pero lo logran”, detalla la psicóloga.
6. La vejez es sinónimo de sabiduría
“Los estudios realizados hasta ahora sobre la sabiduría coinciden en que no cualquier persona, por el hecho de ser mayor, es sabia”, explica Pardo. En su opinión, una persona sabia es aquella “que acumula una gran cantidad de conocimiento práctico de la vida, adquirido a través de la experiencia, y lo aplica a resolver problemas reales de la vida”. Por esta razón, vincular el paso del tiempo con la sabiduría no tiene mucho sentido. “Y es por ello que no cualquier persona, por el mero hecho de cumplir años, es más sabia. En definitiva, una persona sabia no es aquella que sabe mucho sobre algún tema en concreto, si no aquella que es ‘experta en la vida’”, finaliza.
7. Las personas mayores no disfrutan de la sexualidad
Pardo considera falsa esta afirmación. En su opinión, “la sexualidad es una expresión emocional más, sin fecha de caducidad. El deseo sexual y la atracción por otra persona se mantienen activos durante todo nuestro ciclo vital, incluida la vejez, y junto a ellos, toda una serie de emociones positivas, como la plenitud, la intimidad, el amor o la atracción”, explica.
La psicóloga señala que a lo largo de los años las relaciones de pareja y sexuales evolucionan y que eso es diferente en cada persona. “La sexualidad se puede vivir de muchas formas –no sólo a través del coito–, como los besos, las caricias o la masturbación”, detalla Pardo. “En el caso de las personas mayores, tienen un gran peso los estereotipos sobre su sexualidad, como considerar que las personas mayores no sienten deseo sexual, o que aquellas que se interesan por el sexo son unas pervertidas. Estos estereotipos pueden condicionar mucho la forma de pensar, sentir y actuar de las personas mayores. Lo considerado como correcto socialmente puede llevarlas a actuar de una determinada manera, con el sufrimiento que ello genera, prohibiéndoles sentirse libres para vivir su sexualidad de forma plena y satisfactoria”, explica la psicóloga. “Desde esta perspectiva, la sociedad debería desprenderse de estos estereotipos y permitir que sean las personas mayores las que decidan cómo quieren disfrutar de su sexualidad”, apunta.
Abrazos,
PD1: Y en el final de los tiempos, las personas mayores tienen las mismas dudas de fe que cuando son jóvenes. Hay que ayudarles para que los largos 20 años de vida después de jubilarse sean útiles, den fruto… Sus sufrimientos, ofrecidos, son muy agradables para el bien de otros. Su experiencia y su bondad deben servir de ejemplo para las nuevas generaciones.

03 febrero 2017

demografía

La mayoría de nuestros males son explicados por nuestro problema demográfico…

Demografía: presente y futuro

La demografía explica dos terceras partes de cualquier cosa” como bien nos recordaba Juan Francisco Jimeno en su reciente libro usando  la cita de David K. Foot. Es imposible  tratar de entender el futuro sin una mirada en profundidad a las previsiones demográficas. Y como ya es un clásico en el blog vamos a despedir el año analizando los últimos datos publicados por el INE: cifras de población residente en España, la estadística de migraciones exteriores y las proyecciones de población de largo plazo. A modo de resumen, el INE nos ha dicho que la población española ha recuperado  el crecimiento para reducirse y envejecerse en las próximas décadas. Un envejecimiento, que como veremos viene fundamentalmente explicado por el aumento en la esperanza de vida.
2016, se recupera el crecimiento de la Población.
En la primera mitad de 2016 la población aumentó un 0,12% respecto al mismo período del año anterior, situándose en 46.468.102 personas a 1 de julio de 2016. Se trata del primer crecimiento interanual desde el año 2012 (ver gráfico 1). También supone un aumento respecto a principios del año debido a un saldo migratorio positivo de 30.503 personas. Esta cifra supera al saldo vegetativo que continúa siendo negativo (-8.239 personas). Es decir, en el primera mitad de 2016 se produjeron 197.606 nacimientos y 205.836 fallecimientos. En resumen,  aunque nacen menos personas que fallecen, gracias a la inmigración la población ha crecido.
La población extranjera supone un 9,5% de la población total, 4.396.871 personas. Se ha producido un descenso del 0,5% en el primer semestre del año debido fundamentalmente a la adquisición de nacionalidad española de 92.783 personas según el INE (estadística de Adquisiciones de Nacionalidad Española de Residentes). Si nos fijamos según país de nacimiento, el número de personas que viven en España habiendo nacido en el extranjero es de 5.962.982,  casi un 13%.
El saldo migratorio fue positivo por segundo semestre consecutivo con 30.504 personas (un 83,3% mayor frente al anterior semestre). Dicha cifra total es el resultado de un saldo migratorio de extranjeros positivo (50.506 personas), mientras que el saldo correspondiente a españoles continúa siendo negativo (-20.002 personas) debido a un menor número de llegadas y ligero aumento de las salidas. En la tabla 1 se recogen estas cifras según nacionalidad así como el detalle según país de nacimiento.
Escenario de largo plazo, continua el proceso de envejecimiento
El INE elabora cada dos años sus proyecciones de población a largo plazo, en octubre publicó las correspondientes al período 2016-2066. Según estos nuevos resultados, en las próximas décadas la población española se reducirá y estará mas envejecida. En concreto, en el año 2066 la población española sería de 41,1 millones, habiendo perdido casi 5,4 millones de personas. Los mayores de 67 años pasarían a tener un peso del 32% desde el 17% actual. Veamos en qué se basan estas proyecciones.
Metodología y supuestos. El INE emplea para la proyección de población el método por componentes partiendo de unas hipótesis para las tres variables principales: fecundidad, mortalidad y migraciones. Este ejercicio supone la simulación estadística de la evolución de la población residente en España en las próximas cinco décadas suponiendo que se mantienen las tendencias demográficas más recientes. Los supuestos del escenario central del INE son:
Fecundidad. Se proyecta la tendencia observada en los cuatro años anteriores. El número de nacimientos sería cada vez menor (ver gráfico 2), debido fundamentalmente a la reducción en el número de mujeres en edad fértil. La tasa de fecundidad, número de niños por mujer en edad fértil, pasaría de 1,33 a 1,38 en el año 2066.
Mortalidad. Se incorpora la tendencia observada en los diez años anteriores. Continua la espectacular caída en las tasas de mortalidad en las edades mas avanzadas (ver este post).  En el año 2065, la esperanza de vida al nacer sería de 88,6 años para los hombres y 91,6 años para las mujeres. En cuanto a la esperanza de vida a partir de los 67 años, sería 23,4 años y 26,4 años para hombres y mujeres respectivamente.
Migraciones. Los supuestos se basan en los datos la Estadística de Migraciones De cara a las próximas décadas, el INE mantiene contante el flujo de inmigración, así como la propensión de la población a emigrar al extranjero por edad. Esto supone que el flujo migratorio neto sería positivo y creciente durante las próximas décadas hasta una cifra de 80.449 personas en 2066.
El saldo vegetativo de la población, nacimientos menos fallecimientos, sería negativo en las próximas cinco décadas y no se compensaría con los flujos migratorios netos (ver gráfico 2). Por lo tanto, la población en España se reduciría situándose en 41,1 millones en 2066, desde los 46,4 millones en 2016. En el siguiente gráfico se muestra la variación por grupo de edad entre 2016 y 2066. Según el INE, la población menor de 70 años descenderá en casi 11 millones, concentrado en el grupo entre 30 y 49 años. Al mismo, tiempo los mayores de 70 años aumentarán en 5,5 millones.
Esto supondrá la transformación de la población y con ello de la sociedad. A través de la pirámide de población vemos el cambio en la estructura de la población entre 2016 y 2066 y las consecuencias de estos supuestos: el estrechamiento de la base y el aumento del tamaño de las cohortes de mayor edad. En la siguiente animación vemos en color más oscuro como envejecerá la generación del babyboom, (nacidos entre 1958 y 1977). La tasa de dependencia de los mayores de 67 años (cociente de población mayor de 67 años entre población 16-66 años) alcanzaría un máximo en el año 2054 con un 61,4% para después descender hasta el 56% en el año 2066 (desde el 24,8% en 2016).
Para hacernos una idea del intenso proceso de envejecimiento que nos viene encima consideremos el siguiente ejemplo. A día de hoy de cada 100 personas tenemos 16 personas menores de 15 años, 67 personas en edad de trabajar (entre 16 y 66 años) y 17 personas mayores de 67 años.  En el año 2050 de cada 100 personas tenemos 13 personas menores de 15 años, 54 personas en edad de trabajar y 33 personas mayores de 67 años. Esta evolución es el resultado obtenido  bajo las hipótesis del INE de cara a las próximas décadas. Siempre existe una incertidumbre, sobretodo en el caso de los flujos migratorios, y por ese motivo el propio INE ha elaborado escenarios demográficos alternativos, que analizaremos en el siguiente post. En cualquier caso, siempre debemos tener presente la buena noticia que supone vivir más años aunque eso signifique un mayor envejecimiento de la población.
Abrazos,
PD1: Te contesto que lo dudo. Sólo se fomenta la natalidad cambiando la sociedad, no con mayores subvenciones…

¿Es posible una política para fomentar la natalidad?

El Gobierno ya baraja la posibilidad de emitir deuda pública para cubrir el coste adicional de las pensiones
(Alejandro Meraviglia)
Los nacimientos caen en picado, el número de defunciones sube con fuerza y la inmigración de la época del boom se ha convertido en emigración en la crisis. Todo ello ha llevado a que la población española descendiera tres años consecutivos (de 2013 a 2015) y que haya repuntado levemente en 2016, debido en exclusiva a las nacionalizaciones de personas extranjeras residentes. Ese descenso provocará una reducción de la población activa y ocupada, lo que a su vez rebajará los ingresos por cotizaciones, de donde sale el dinero para pagar las pensiones de una población cada vez más envejecida.
Un reto acuciante, ya que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social se acabará el próximo verano y el Gobierno ya baraja la posibilidad de emitir deuda pública para cubrir las necesidades de financiación, evaluadas en 20.000 millones de euros más al año. A la espera de que se negocie una solución definitiva en la Comisión del Pacto de Toledo, los expertos instan al Ejecutivo a poner en marcha medidas que impulsen la natalidad en España como la solución más eficaz para corregir el problema demográfico de la despoblación y el económico de las pensiones. El Ejecutivo acaba de anunciar un plan de natalidad que se incluirá en la ponencia social que se presentará en el próximo congreso del PP, previsto para el mes de febrero.
Los países europeos disponen de permisos de paternidad y maternidad mucho más generosos
Un campo en el que España se encuentra a distancia sideral, tal y como reconocen los expertos. Una primera brecha se produce en los permisos de maternidad y paternidad. En España, las mujeres disponen de 16 semanas de permiso y los hombres tendrán, a partir del 1 de enero de 2017, cuatro semanas. Unos plazos muy inferiores a los que plantean los países nórdicos, los referentes en el fomento de la natalidad. Dinamarca ofrece 12 meses a repartir entre los dos conyuges, con un mínimo de dos semanas para el padre y cuatro meses para la madre. Suecia va a más allá y ofrece 16 meses a repartir entre el padre y la madre.
Otro ejemplo que ilustra la distancia de España con respecto a sus socios de la zona euro se produce en Alemania, donde la madre dispone de 42 días de permiso antes del parto, otros 98 días tras el nacimiento y un año percibiendo un 67% de su último sueldo. Por su parte, el padre dispone de un año de permiso con un máximo de 1.800 euros al mes.
El tratamiento fiscal a las familias en Alemania y Francia es mucho más generoso que el de España
Hay países como Francia en el que el trato es menos beneficioso que en España. El permiso de maternidad es de 16 semanas y el de paternidad es de dos semanas. Sin embargo, el tratamiento fiscal que realiza a las familias, a través del denominado “cociente familiar”, es mucho más beneficioso. Este esquema consiste en dividir la renta familiar gravable entre el número de miembros de la familia, que computan de forma diferente. El marido y la mujer se contabilizan como una unidad, cada uno de los dos primeros hijos con medio punto y a partir del tercero suma como otra unidad. Además, la soltería, la viudedad o el divorcio con hijos a cargo aportan más puntos. De esta manera, una pareja casada con tres hijos divide sus ingresos netos entre cuatro. La reducción que se aplican las familias, además, cuenta con limitaciones en el caso de los contribuyentes con rentas elevadas. Con estos límites se trata de evitar situaciones como la acontecida en España con la ayuda de 2.500 euros por nacimiento, instaurada por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero. Esta medida se estableció sin limitaciones en los ingresos, lo que provocó que todo el mundo percibiera la ayuda íntegra, sin que se tuviera en cuenta lo que ganaba la madre.
Un informe elaborado por el Instituto de Política Familiar, un lobby que promociona la defensa de la familia, considera que las políticas de ayuda a los hogares deberían ir más allá de los permisos de maternidad y paternidad y el tratamiento fiscal. Una de sus principales críticas se centra en las pírricas ayudas por hijo a cargo, que califica como las más bajas de toda la UE. El estudio apunta que la media se sitúa en 24,25 euros por hijo a cargo, topada hasta un nivel de ingresos de 11.577 euros anuales. “Una familia en la que ambos cónyuges tuvieran unos ingresos equivalentes al salario mínimo interprofesional, no tendría derecho a esta prestación por hijo a cargo por superar el límite de renta familiar anual”, remarca.
El estudio también se centra en la reclamación de medidas que reduzcan la factura que tienen que pagar las familias por la vivienda en la que residen habitualmente o por los gastos en educación. En el primer capítulo, exigen la supresión del impuesto de transmisiones patrimoniales, que grava la compraventa de viviendas de segundamano o la reducción en el impuesto de bienes inmuebles (IBI) del 50% para familias con hijos. Un beneficio que se ampliaría hasta el 75% en el caso de las familias numerosas. También, reivindican una política de vivienda específica para familias jóvenes y hogares con hijos, a semejanza de la que se aplica en Francia. Allí está en vigor un plan que facilita el acceso al alquiler de las parejas jóvenes.
España: 1,32 hijos por mujer
España sale mal parada en los indicadores ligados a natalidad que elabora anualmente Eurostat, la oficina estadística de la Comisión Europea. La tasa de fertilidad, que establece el número de hijos que tiene de promedio una mujer durante su etapa fértil, queda en 1,32 hijos en España, por debajo de la media de la UE, situada en 1,57 hijos. De hecho, se trata de la quinta tasa más baja, tan solo por encima de Polonia (1,32), Chipre (1,31), Grecia (1,30) y Portugal (1,23). Las más altas le corresponden a Turquía (2,17), Francia (2,01), Irlanda (1,94), Islandia (1,93) y Suecia (1,88).
Otro asunto que considera esencial corregir es la conciliación familiar y laboral, con medidas como la universalización de una prestación por excedencia para el cuidado de hijos hasta los 3 años y la potenciación de la red de guarderías.
PD2: Interesante:

HABRÁ PARA TODOS

por Juan Antonio Fernández Cordón
Un colega ilustre publica en El País de hoy 2 de febrero de 2017, un artículo al que merece la pena prestar atención. En resumen, nos conmina a prepararnos para afrontar una inevitable rebaja de las prestaciones sociales, aunque, sin mencionarlas, se refiere sobre todo a las pensiones. Se adivina una cierta impaciencia profesoral por tener que explicar lo evidente: la culpa está en la tozuda realidad de los números, tan incuestionable que solo los torpes o los mentirosos nos atrevemos a dudar. ¿De qué realidad se habla? La única referencia a ella en el artículo es: “el número de dependientes mayores aumenta de forma imparable y los grupos en edad de trabajar apenas crecen e incluso decrecen”. Se supone que todos entenderemos, sin más argumentos, a) que esta afirmación es incuestionable y b) que conduce inexorablemente a recortar las pensiones.
Mucho hay que confiar en la adivinatoria demográfica para llamar “realidad” a lo que será dentro de 40 o 50 años. ¿Habrá aumentado en 2060 el índice de envejecimiento, tal como prevé el INE ahora? No lo sabemos. Es un ejercicio útil, que permite anticipar situaciones si se cumplen los escenarios previstos y puede ayudar a tomar decisiones. Pero no es nada más. La realidad que los demógrafos preveían en 1990 para 2015, no se parece en nada a la de hoy. España lleva más de treinta años con una fecundidad por debajo del nivel de remplazo, sin que se haya notado en su población o en su mercado de trabajo: la inmigración ha compensado casi matemáticamente el déficit de nacimientos. El aumento de la población mayor es algo bastante más probable, aunque también con incógnitas. Si es cierto que las generaciones numerosas de los años 50-70 llegarán poco diezmadas a la edad de jubilación, la prolongación indefinida del aumento de esperanza de vida a partir de 65 años puede verse interrumpida por la degradación de la sanidad pública que los gobiernos neoliberales han puesto en marcha. No, la realidad futura no tiene la rotundidad de lo imparable, aunque es altamente probable que en el futuro aumente la población mayor y disminuya la población en edad de trabajar. A ello debemos prepararnos.
Lo segundo que se da por obvio es que ese cambio demográfico conduce necesariamente a un recorte del Estado de Bienestar y, en particular, de las pensiones. Veamos. Según el INE, la población española será, en torno a 2050, de 44,3 millones, solo ligeramente inferior a la de ahora, 46,4. La gran diferencia es que el número de mayores de 65 pasará de 8,7 a 15,6 millones y el de 15 a 64, los que están en edad de trabajar, de 30,7 a 23,4 millones. Admitamos estas cifras, aunque la inmigración podría ser superior a la prevista y probablemente lo será. La cuestión que será entonces relevante es: ¿cómo afecta la disminución de adultos jóvenes a nuestra capacidad productiva? En otras palabras, ¿podría una población en edad de trabajar más reducida que la actual producir igual o más que ahora? La respuesta es sí. De hecho, ninguna proyección económica que convive con el catastrofismo demográfico anticipa a largo plazo una disminución del PIB. Por una parte, puede aumentar la participación en el trabajo. La tasa de empleo (porcentaje de ocupados en la población en edad de trabajar) es actualmente de 61% en España y podría fácilmente alcanzar 73 o 75%. Por otra parte, se esperan aumentos importantes de la productividad. De hecho, una de las amenazas para el futuro sería la robotización extendida que permitiría producir cada vez más con menos gente. Un espíritu ingenuo podría pensar que el problema demográfico, la falta de jóvenes, tiene aquí su solución. En vez de lo cual se nos presentan dos problemas: a la vez faltan jóvenes (demografía) y sobran jóvenes (robotización).
Si el PIB se mantiene (al menos), la renta media, per cápita, será aproximadamente la misma que ahora, al ser la población futura muy parecida a la actual. El aumento del número de viejos significa también una disminución de los que tienen menos de 65 años. Si pretendemos dedicar los mismos recursos que ahora, en términos de porcentaje del PIB, a una población de viejos que se habrá multiplicado por dos, su nivel de vida será la mitad del actual. Y, si el PIB, al menos, no disminuye, se dedicarán los mismos recursos que ahora a una población menor de 65 años que se habrá reducido, en un número aproximadamente igual al aumento de la de los viejos: su nivel de vida se incrementaría, por la única razón de que el de los viejos habrá disminuido. Se producirá una transferencia de rentas de los mayores a los menores. Es obligado preguntarse a quién beneficiará esa punción realizada sobre la renta de los mayores. No lo sabemos. Pero intuimos, basándonos en lo que está ocurriendo, que no irá a mejorar los salarios. En todo caso, el problema real que presenta a la sociedad el envejecimiento poblacional debe ser abordado desde la voluntad de mantener los niveles de vida de todos y, si existe un coste, que este se reparta de la manera más justa y no solo que sea soportado por los viejos, que no tienen culpa ni del momento en que nacieron ni de vivir más tiempo. Voy a terminar apoyando la conclusión del autor: hay que explicar a la sociedad lo que realmente está en juego, sin engaños.
PD3: Al cabo del día siempre tengo al menos una oportunidad de pedirle al Señor que me aumente la fe. Son tres palabras que me salen del alma: “auméntame la fe”.
Si tuviera la fe que quiero tener, movería montañas, conseguiría todo eso que pido, por todas esas personas que intercedo y encomiendo, conseguiría trasmitir, con más facilidad, ese intento de mostrar el Amor de Dios y su Misericordia para con todos…
Si tuviéramos más fe, entraríamos en una iglesia y nos pondríamos de rodillas con la cabeza gacha al saber que Dios está en el Sagrario esperándonos. No podríamos hacer nada, salvo alabarle y darle gracias. No saldríamos de las iglesias sabiendo que Dios se queda dentro…
Por eso quizás Dios no nos dio toda la fe que necesitábamos, ya que nos pide mucho más que estar en el templo anonadados, sino en llevar el amor a todos los demás…