20 septiembre 2019

bajó tipos la FED, pero...


algo faltó:
Ayer todo mundo estuvo pendiente de la esperada bajada del tipo de interés de los fed funds (comunicada en nota de prensa tras la reunión del Comité de Mercado Abierto de la Reserva Federal) que, tras muchas especulaciones, terminó siendo de 0,25%.
Pero en la nota de prensa no aparecía ninguna alusión a lo que se había convertido (o debería haberlo hecho) en “la verdadera estrella" de la reunión: la congelación de un sector del mercado monetario, el sector en el que se negocian los “repo”.
Los repo (del inglés re-purchase ó re-compra) son operaciones por las que los agentes del mercado monetario que tienen exceso de fondos los prestan a quienes están necesitados de ellos y tienen en su cartera deuda pública o deuda avalada por el estado que aportan como garantía del préstamo. Son operaciones de venta, por tanto, de esa deuda pública, a un determinado plazo, y con pacto de recompra al vencimiento de éste.
Pues bien, este mercado de los repo, que es esencial para la transmisión de la política monetaria, empezó a “congelarse” el lunes pasado y se congeló totalmente el martes y el miércoles, hasta el punto de que el martes el tipo de interés que se pagaba en este tipo de operaciones repo diarias subió hasta prácticamente el 10%, en abierto contraste con el máximo del 2,25% que tenía establecido, desde su anterior reunión, la Reserva Federal como referencia para los préstamos a vencimiento de un día en el mercado interbancario.
Cundió el pánico y la Reserva Federal decidió ofrecer, en una especie de subasta, fondos por valor de 75.000 millones de dólares de los que el martes los interesados tomaron prestados 53.000 millones. La operación volvió a repetirse el miércoles, pero aquí la demanda fue superior a la oferta: 80.000 millones (5.000 en exceso de lo que la Reserva Federal ofrecía).
A pesar de eso, y tras retroceder durante un tiempo, el tipo de interés de los repo se quedaba situado por encima del 2,25%.
Para hoy, a las 8:15h de la mañana (hora de Nueva York) la Reserva Federal tiene anunciada otra repetición de la jugada, por 75.000 millones.
Es decir, el mercado de los repos está “vivo” gracias a la intervención de la Reserva Federal inyectándole fondos mediante su propio sistema de repos por el que presta fondos a un día a quienes tienen deuda pública que poner como garantía. Lo extraordinario del tema es que no había necesitado utilizar esta herramienta desde los días aciagos de 2008, los posteriores a la caída de Lehman Brothers.
¿Quiere esto decir que estamos ante una emergencia como la de entonces? Todo parece indicar que no, aunque nadie tiene la certeza total de que pudiera estar sucediendo algo grave que no está a la vista de todos. En principio, la explicación es sencilla. La escasez de dólares en el mercado de los repos parece deberse a: 1) la reducción, desde 2017, del balance de la Reserva Federal desde 4,5 a 3,7 billones de dólares, lo que ha retirado liquidez del mercado (parte de la que había inyectado en los años anteriores; esa reducción se ha llevado a efecto mediante la no renovación de la deuda pública en su poder que iba venciendo y mediante la venta de parte de la deuda pública que había comprado previamente mediante los llamados QE (Quantitative Easing o programas de política monetaria cuantitativa); 2) la reducción consiguiente desde 2,8 a 1,5 billones de dólares de las reservas que los bancos comerciales tienen depositadas en la Reserva Federal; 3) el acaparamiento de liquidez por parte de las empresas, que tienen que pagar el impuesto de sociedades (aunque parece un poco pronto para eso: el acaparamiento suele suceder algo más cerca del final del trimestre); 4) el que el Tesoro USA esté emitiendo enormes cantidades de deuda para financiar un déficit público que ya alcanza el billón de dólares; etc.
Si esa explicación fuera buena, no habría por qué preocuparse en exceso, ya que los motivos por los que se congelaba el mercado interbancario en 2007 y 2008 eran muy diferentes e iban desde la desconfianza entre los bancos, que dudaban todos de la solvencia de los demás, hasta las dudas sobre la calidad de los activos presentados como garantía de los préstamos.
Sin embargo, no hay una total certeza de que el problema pueda explicarse solo por las cuatro razones esgrimidas más arriba, además de otros problemas de tipo técnico. Y de fondo subyace la pregunta: ¿y si está volviendo a suceder lo mismo que en 2008 por razones desconocidas?
Lo más probable es que no, que las explicaciones aducidas para explicar el fenómeno sean en mayor o menor medida las correctas, y que solo sea un problema de una imperfecta transmisión de la política monetaria de la Fed (que ya se venía detectando desde hace un par de años) a la que esto le crearía el reto de diseñar nuevos mecanismos para hacer esa transmisión más efectiva.
En la nota de prensa de la Reserva Federal de ayer no se hacía ni la más mínima alusión a este problema, pero es el que tenía en vilo a los agentes del mercado monetario y a parte de los periodistas que cubrían la información. Tanto, que, en la rueda de prensa, el Presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, no tuvo más remedio que hacer una alusión a él con esta frase un poco críptica: “es posible que necesitemos reanudar el crecimiento orgánico de nuestro balance antes de lo que pensábamos”. Ya lo están haciendo, aunque sea transitoriamente, con esa inyección de dinero mediante un repo diario. Si la situación persistiera, tendrían que acudir de nuevo a la compra de deuda pública.
¿Es el “crecimiento orgánico” ya un QE que no osa decir su nombre? Si fuera así, habría motivos para preocuparse, Draghi no estaría tan solo y Donald Trump se vería complacido y reivindicado, ya que viene clamando por un nuevo QE desde hace meses.
En el gráfico de hoy se ve muy bien cómo, a partir de 2017, decrecen tanto el tamaño del balance de la Reserva Federal (línea amarilla) como las reservas depositadas por los bancos comerciales en esa misma Reserva Federal (línea azul)
Reservas de bancos (azul) y balance de la Fed
Abrazos:
PD1: En EEUU hay estados que es legal abortar hasta un día antes del parto. ¿Por qué no se podría abortar/matar a un niño recién nacido, o a un niño de tres meses? ¿Qué diferencia hay entre un feto en el seno materno y un niño que está fuera ya?
Francesa Minerva y Alberto Giublini, filósofos de Australia e Italia, aseveran que acabar con la vida de un neonato es igual que abortar. «El estatus moral de un niño es equivalente a la de un feto en el sentido de que ambos carecen de las propiedades ligadas al derecho a vivir».
Estos expertos explican que los recién nacidos son «seres humanos pero solo personas en potencia». «Ni fetos ni neonatos son personas en el sentido de sujetos que tienen un derecho moral a la vida». Sin embargo, afirman que una muerte post-nacimiento no se diferencia del aborto por cómo se haya practicado y afirman preferir la frase «aborto después del nacimiento que infanticidio».
Los autores de este artículo concluyen que lo que llaman «aborto después del nacimiento» debería estar permitido en cualquier caso, incluso cuando el niño que ha nacido no es discapacitado pero sí no deseado.
Argumentan que los padres y algunos doctores deberían tener el derecho de decidir si sus hijos siguen viviendo después del nacimiento si vienen con problemas. 
Los argumentos son terroríficos, pero muy reales, ya que no hay ninguna diferencia entre un feto y un recién nacido…, salvo que no está ligado por el cordón umbilical.

19 septiembre 2019

los países que más contribuyen al crecimiento global


Ya sabes que la finalidad de la guerra de aranceles es la hegemonía mundial. De eso se trata, de conseguir que EEUU siga siendo el rey del mundo. Aunque las cifras marquen cosas muy diferentes:
La Figura del día de hoy, muestra cuánto aportan los países al crecimiento global, dicho de otra forma, es una manera de ver cómo afectaría la desaceleración de una economía al resto de la economía global. La actual guerra comercial entre los Estados Unidos y el resto del mundo (a veces con China y otras con México, Canadá y Europa) está acelerando un proceso que ha estado en marcha desde hace tiempo, en el que pareciera que se está colapsando y convirtiéndose en algo nuevo.
Sólo China y la India contribuyen con casi un 42 por ciento al crecimiento de la economía global, si a eso le agregamos la contribución de la economía estadounidense, supondría la mitad (52.2).
17 economías, entre las desarrolladas y las emergentes (ojo que según esta figura, las economías emergentes contribuyen más al crecimiento de la economía global que los países más desarrollados) contribuyen con un 25.3 por ciento al crecimiento global.
Abrazos,
PD1: Jesús elige a los doce Apóstoles, símbolo del “nuevo” Israel, llamado a dar frutos de vida eterna y a anunciar a todos los pueblos la salvación.
Este nuevo Israel es la Iglesia, todos los bautizados. Nosotros hemos recibido, en la persona de Jesús y en su mensaje, un regalo único que hemos de hacer fructificar. No nos podemos conformar con una vivencia individualista y cerrada a nuestra fe; hay que comunicarla y regalarla a cada persona que se nos acerca:
El primer fruto es que vivamos nuestra fe en el calor de familia, el de la comunidad cristiana. Esto será sencillo, porque «donde hay dos o más reunidos en mi nombre, yo estoy allí en medio de ellos» (Mt 18,20).
El segundo fruto: La Iglesia es una comunidad cristiana abierta, es decir, eminentemente misionera. Por la fuerza y la belleza del Resucitado “en medio nuestro”, la comunidad es atractiva en todos sus gestos y actos, y cada uno de sus miembros goza de la capacidad de engendrar hombres y mujeres a la nueva vida del Resucitado.
Y un tercer fruto es que vivamos con la convicción y certeza de que en el Evangelio encontramos la solución a todos los problemas.

18 septiembre 2019

relaciones entre China y EEUU


Es un asunto de lucha por la hegemonía mundial, donde China es una amenaza real contra EEUU... Muy interesante este artículo que te recomiendo:
Trump’s Trade War Ignores the Real Threat
JONATHAN GRUBER is Ford Professor of Economics at the Massachusetts Institute of Technology.
SIMON JOHNSON is Ronald A. Kurtz (1954) Professor of Entrepreneurship at the MIT Sloan School of Management.
China’s economic strategy is no secret. In the short term, Beijing will grow the country’s economy by manufacturing and exporting cheap, globally competitive goods. Over the longer term, it will build the capital, infrastructure, and expertise necessary to make the country an innovation powerhouse.
China is not the first to adopt this strategy. The same measures powered the rise of countries such as Germany, France, and Japan over the last 70 years. And even then they caused considerable trade friction with the United States. Washington accused all three of those countries of unfair trade and monetary policies—Germany and France in the 1970s and Japan in the 1980s. Recent U.S. administrations have accused China of the same. But this time around, the tension is more concerning. China is much more populous than Germany, France, or Japan, and its economy could easily become the world’s largest. Beijing also projects influence beyond its borders, sharing technology with smaller countries and endeavoring to create a set of close trade and investment relationships—ones that may one day be based on Chinese renminbi instead of the U.S. dollar.
In his second term, President Barack Obama tried to pressure China to change its behavior through alliances and international cooperation, most notably in the form of a trans-Pacific trading bloc. More recently, President Donald Trump has taken a confrontational approach and imposed tariffs on Chinese goods. Trump has labeled China a “currency manipulator” and seeks to end intellectual property theft and narrow the U.S.-Chinese trade deficit by waging a trade war.
But Trump’s sights are set on outdated threats. China’s economic strategy has already mostly succeeded. As a result, Beijing hasn’t artificially depressed the value of its currency in over a decade, and it has begun to improve intellectual property protection as a way to encourage local innovation. The bilateral trade deficit, while asymmetrical, is a bad reason to launch a trade war. There is no need to balance trade with any single trading partner, only to make sure the overall balance doesn’t become too lopsided.
The biggest threat from China is both much more serious and considerably easier to address than any the Trump administration has identified. Through government-led investment in research and development, China is poised to become the global leader in scientific and technological innovation in the near future, displacing the United States from a position it has held for 70 years. China’s rise in this area will not only threaten U.S. national security but deprive the U.S. economy of a great many good jobs. Instead of sparring with China over trade, the United States should dramatically increase its own investment in research and development. Only by spurring domestic innovation can the United States counter China.
THE REAL CHINESE THREAT
That China might one day lead the world in technological innovation would have seemed laughable a generation ago. The Cultural Revolution decimated higher education in China. For a decade beginning in 1966, authorities shuttered schools and universities, sent intellectuals to labor camps, and effectively suspended scientific research. The educational system was gradually restored under Deng Xiaoping, but only in the 1990s and the first decade of this century did investment in higher education produce significant progress in science and engineering. From 1990 to 2010, Chinese enrollment in higher education rose eightfold, and the number of college graduates exploded from 300,000 to nearly three million per year. Over the same time period, China’s share of total world higher educational enrollment increased from 6 to 17 percent. In 2017, eight million [1] students graduated from Chinese universities. By comparison, roughly three million students graduated from U.S. universities that year.
The quality of scientific education in China can be debated, but the numbers cannot. In 1990, the United States graduated 20 times more science and engineering Ph.D.’s than did China. Just two decades later, China overtook the United States on that metric, minting 29,000 new Ph.D.’s in 2010 to the United States’ 25,000. Chinese universities are still weaker than their U.S. counterparts, but the gap is closing. Six Chinese universities now rank in the top 100 global universities, according to the Times Higher Education ranking [2].
More scientists and more engineers add up, over time, to more innovation, especially when given adequate funding. Total worldwide spending [3] on research and development ran about $2 trillion in 2015, the last year for which data are available. The United States accounted for roughly a quarter of that spending, down from 37 percent in 2000. China’s share was 21 percent of world R & D spending, or $408.8 billion, up from $33 billion in 2000. In cutting-edge fields such as synthetic biology, clean energy, and artificial intelligence, China has quickly become an important player.
TECHNOLOGY IS POWER
Nothing illustrates the power of technological innovation better than the last hundred years of U.S. history. In 1938, on the eve of World War II, U.S. federal and state governments together spent roughly 0.075 percent of GDP on scientific research, a miniscule amount. By 1944, federal and state (but mostly federal) governments were spending nearly 0.5 percent of GDP on science—a sevenfold increase that was used to develop radar systems, penicillin, and the atomic bomb.
The trend continued into peacetime (and into the Cold War), as the U.S. government channeled public resources into scientific research on an entirely new scale. From 1940 to 1964, federal funding for research and development increased twentyfold. At its peak in the mid-1960s, this spending amounted to roughly two percent of GDP. Modern pharmaceuticals, microelectronics, digital computers, jet aircraft, satellites, GPS, the Internet, and much more resulted from this investment. New ideas that came out of government-funded R & D blossomed into iconic companies like IBM, AT&T, and Xerox.
But in the late 1960s, government spending on research and development began a slow and steady decline. By the early 1980s, public spending on R & D had slipped to 1.2 percent of GDP and by 2017 it had fallen to just over 0.6 percent. Nine countries now outspend the United States on R & D, when measured as a share of GDP. The picture is slightly more complicated when private sector spending is taken into account, but the United States lags behind seven other countries in total public and private R & D spending. China still spends less than the United States—both in public spending and in combined public and private spending on R & D—but it is catching up fast.
The private sector in the United States continues to innovate, but mostly in the kinds of software projects favored by modern venture capitalists. Outside of the life sciences, the private sector doesn’t spend much on attempting fundamental breakthroughs, such as finding new energy sources, because while new knowledge is great for the economy as a whole, it seldom pays off for the investors who fund the work. As a result, businesses have moved away from research that doesn’t have an immediate commercial application, precipitating a 60 percent decline in publications by corporate scientists between 1980 and the early 2000s.
In the promising fields of synthetic biology and hydrogen power, for example, the private sector has largely avoided the kinds of long-term investments that spawned previous breakthroughs. The United States pioneered both fields, but they seem more likely to develop in China and other countries that offer them ample support. And by 2025, China will displace the United States as the world R & D leader in pharmaceuticals, according to a recent analysis of medical research published by The Journal of the American Medical Association.
A BETTER STRATEGY
To avoid being overtaken by China, the United States should increase federal government support for scientific research as well as efforts to translate that research into products and services that can be brought to market. Government R & D spending has a remarkably high rate of social return, meaning that the benefits are spread widely throughout society. Based on recent studies of government support for civilian- and military-oriented research in the United States, Europe, and New Zealand, we estimate that a federal government commitment of $100 billion per year to R & D would help create roughly four million good new jobs. The most productive use of such funding would be to upgrade the physical infrastructure that supports science, including new laboratories, expanded graduate programs, and incubators for developing capital-intensive technologies that may take a long time to perfect.
Wherever possible, the government should look for productive ways to spread this investment around the country. Innovation increasingly takes place in a few highly concentrated hubs where talented people congregate—places such as Seattle, the San Francisco Bay Area, Los Angeles, Boston, New York City, and Washington, D.C. But with restrictive zoning and high housing prices, these hubs have become expensive and congested. Investing in places where land is cheap and people have the potential to become much more productive will help redress regional disparities in opportunity and employment, while at the same time
building an advantage over international competitors by drawing more Americans into the scientific enterprise. In our book Jump-Starting America [4], we identify 102 urban communities that are plausible next-generation tech hubs. Spread across 36 states in all regions of the country, these cities and towns have large populations, highly educated workers, and a low cost of living. Examples include Rochester, New York; Baton Rouge, Louisiana; and Topeka, Kansas. To turn these cities into tech hubs, the federal government should support collaboration between universities, private businesses, and local governments with the aim of making higher education more affordable, expanding practical and technical training, and creating pipelines from local educational institutions to employers. Together, these public-private consortiums could work to keep housing costs affordable by overhauling zoning law to allow for sufficient construction.
The best way to counter China is to out-invent it—and to turn inventions into products and services that people around the world want to buy. The United States was once very good at this. China’s rise should remind the United States that it can and should renew its commitment to technological and scientific advancement.
Abrazos,
PD1: Lo más cristiano del mundo es rezar por los enemigos, por la gente que no nos gusta… Qué clarito lo dice aquí el Papa, pese a que habrá muchos que no les guste. Se debe rezar siempre por los gobernantes, para que su labor sea justa y redunde en una mejora social y del bien común…

17 septiembre 2019

¿tenemos estabilidad en las finanzas?

Llevamos el año con muchas dudas dado la cantidad de frentes abiertos que tenemos. Estos días se ha abierto uno más en Arabia Saudí. ¿Subirá el petróleo mucho más? Lo dudo ya que cada vez somos menos dependientes de los árabes que han sido sustituidos por EEUU y Rusia. ¿Habrá una nueva guerra contra Irán? Lo dudo, ya la hubo y no funcionó… ¿Ha sido grave? Sí, se han cargado la refinería más grande del mundo, haciendo que Arabia Saudí produzca la mitad de lo que producía antes.
Y aún así, los mercados no tienen muchas alternativas. No se quiere salir corriendo ya que los rebotes son muy rápidos después. Con tantos frentes abiertos, y los mercados así de fuertes, no te extrañe que no baje esto ni a tiros…
Interesante artículo de Emilio Ontiveros, uno de los economistas más lucidos que tiene España:

La estabilidad financiera importa

Las probabilidades de contagio de los 'shocks' entre países son elevadas. Además, tras la crisis no se ha avanzado en la capacidad para controlar estos espasmos

Las escaramuzas comerciales, la desaceleración de las economías y la evolución de la curva de tipos de interés están centrando nuestra atención en este comienzo del curso. Las condiciones de estabilidad financiera, sin embargo, han pasado a un segundo plano, a pesar de que los vínculos entre el sector financiero y la economía son importantes, como nos recuerdan las evidencias todavía calientes. Cualquier episodio que empeore la percepción hoy dominante podría provocar un aumento en el precio del riesgo que, también como hemos visto repetidas veces, podría contraer aún más el ritmo de crecimiento económico.
El comportamiento reciente de la curva de tipos de interés ha renovado la discusión acerca de su capacidad anticipatoria del crecimiento económico. El nivel históricamente bajo en todos los tramos temporales de la curva, con más de 17 billones de dólares de bonos en circulación con rendimientos negativos, y la inversión de su pendiente es una fuente de razonable inquietud sobre las perspectivas de crecimiento económico. Pero también dan una idea de la valoración del riesgo que están haciendo los mercados financieros y, por sí sola, constituye un factor de vulnerabilidad sobre la estabilidad financiera.
La situación en las últimas semanas no solo no se ha estabilizado, sino que hay razones para creer que ese peligro de “adicción”, de aumento de la asunción de riesgo como respuesta a la relajación de las condiciones financieras, ha podido aumentar. Además, en el horizonte próximo no se atisban señales, ni en la dirección de las políticas monetarias ni en la percepción de las probabilidades de desaceleración económica, de que los perfiles de esa estructura temporal de los tipos vayan a cambiar de forma significativa. Quizás todo lo contrario: algunos bancos centrales, el BCE entre ellos, dadas las expectativas de contención de la inflación, es posible que intenten echar mano de lo que quede en sus cajas de herramientas para evitar males peores.
El comportamiento de los mercados de acciones tampoco es muy prometedor. Aunque la evolución de sus precios disponga de menor autoridad predictiva, tenemos igualmente asumido que la excesiva volatilidad en sus tasas de rentabilidad no favorece el asentamiento de expectativas de crecimiento económico. La notable apreciación del oro, en máximos de seis años, y de los activos que lo utilizan como colateral tampoco es una señal tranquilizadora.
Está justificado, por tanto, que el análisis de las evidencias que ha dejado el verano lo hagamos teniendo como trasfondo algunos de los elementos que definían el contexto financiero desde mucho antes. Se me ocurren básicamente cuatro: el elevado grado de integración financiera, el aumento de la deuda privada y pública, la mayor asunción de los riesgos de crédito por empresas financieras distintas a los bancos, y la dolarización de la deuda de algunas economías emergentes.
Elevada integración financiera. A pesar de la inflexión tras la emergencia de la crisis, la interdependencia de los sistemas financieros sigue siendo importante, como señalan las correlaciones entre las variables financieras de un número creciente de países. Como consecuencia de ello, las probabilidades de contagio son elevadas, amparadas en esa capacidad de transmisión que tienen los flujos internacionales de capital. Las evidencias no solo se refieren a la rápida propagación de los shocks, sino también a la posibilidad de amplificación de los mismos. La historia reciente está llena de esas estampidas hacia los refugios provocadas por alteraciones en las preferencias por el riesgo, con bastante independencia de la localización geográfica del epicentro de las perturbaciones. Además, conviene tener presente que la capacidad para controlar la extensión de esos espasmos no ha mejorado a medida que lo ha hecho la complejidad de la actividad financiera, la insuficiencia de información sobre el alcance de determinados riesgos y la consiguiente dificultad operativa de muchos de los modelos de gestión de riesgos que manejan los operadores financieros. La propia función de supervisión financiera tampoco lo tiene precisamente ahora mucho más fácil.
Riesgo de crédito, privado y público. El acenso del endeudamiento de las empresas no financieras es otro de los rasgos que ofrecía la escena financiera internacional antes del verano. El crecimiento experimentado por el mercado de bonos empresariales, en paralelo al descenso de rentabilidades de los públicos, podría ser un exponente de esa comentada “adicción”, en especial si la curva de tipos afianza sus rasgos actuales y con ellos los bonos públicos siguen en precios demasiado elevados. En general, la calidad media de esos bonos privados no ha aumentado precisamente en los últimos meses. El crecimiento de los préstamos apalancados merece mención aparte, especialmente en el sistema financiero estadounidense. Su riesgo deriva precisamente de que los prestatarios ya mantienen un elevado nivel de apalancamiento y, quizás por eso, han de acceder de forma menos normalizada al mercado.
Los inversores en deuda pública también han reducido su aversión al riesgo. Siguen anteponiendo las perspectivas de un anémico crecimiento económico sin inflación a los aumentos de la deuda pública, cercanos a sus máximos históricos en muchos países avanzados, tanto en términos absolutos como en relación con el tamaño de sus economías. Por fortuna, los bancos de la eurozona, con la excepción de Italia, no tienen en sus balances tanta deuda pública como cuando la crisis aceleró aquel bucle diabólico que conformaron la recesión, el descenso de precios de los bonos y el deterioro de la calidad de los balances bancarios.
Riesgos más distribuidos. No todo el aumento del riesgo de crédito impulsado por esas condiciones monetarias cómplices del endeudamiento está alojado en los balances bancarios. Los gestores de activos han entrado en la escena crediticia en los últimos años de forma creciente. Los fondos de inversión, por ejemplo, han aumentado su exposición a instrumentos de menor calidad ampliando los focos de posible propagación ante la emergencia de problemas de solvencia o de liquidez. Es el caso de aquellos fondos especializados en la financiación directa a empresas pequeñas y medianas.
Por razones inmediatas algo distintas, los focos de riesgo podrían ser igualmente importantes en fondos de pensiones y compañías de seguros de vida. Además de la asunción de riesgos de crédito similares a los anteriores, en estas instituciones preocupa en mayor medida el impacto que los excepcionalmente reducidos tipos de interés a largo plazo de los bonos de bajo riesgo podrían llegar a tener sobre las exigencias de rentabilidad comprometidas hace tiempo.
Deuda emergente dolarizada. La experiencia también nos dice que la sensibilidad de las economías emergentes al contagio financiero es elevada, con bastante independencia de su origen. En especial de aquellas endeudadas en monedas distintas a la propia. La denominación en dólares de parte del endeudamiento exterior acentúa esa exposición a la volatilidad de la moneda estadounidense. Movimientos apreciadores de esta última pueden encarecer de forma significativa el servicio de la deuda. El caso de Argentina, camino de necesitar el mayor rescate de la historia, es difícil pasarlo por alto.
Los elementos inventariados no son sino vulnerabilidades sobre la estabilidad financiera global. Tampoco son nuevos. Todos ellos forman parte de los mapas de riesgos de los que instituciones como el FMI o algunos bancos centrales vienen advirtiendo en sus informes de estabilidad financiera. Como tales riesgos, pueden quedar latentes durante mucho más tiempo. O complicarnos algo más la vida si la desaceleración se acentúa
Abrazos,
PD1: Tengo una enorme necesidad de silencio interior, de estar callado ante el sagrario, mirando y contemplando el crucifijo, pensando que está ahí para mí, que me espera y me ama.

16 septiembre 2019

Y actuó Draghi por última vez...

Le funcionó muy bien el “whatever it takes” y se piensa que lo puede alargar sine die… Pero la realidad es que ha habido una enorme disparidad entre sus actuaciones y las de la FED, nos pilla con el pie cambiado esta nueva ralentización, y no le quedan herramientas, ¿o sí?

¿Qué ha hecho el Banco Central Europeo?

El problema de tal laxitud crediticia es que impulsa una esclerotización, o zombificación, de la economía de la Eurozona.

El pasado jueves, el Banco Central Europeo buscó dar un volantazo a su política monetaria para, presuntamente, estimular el languideciente crecimiento económico dentro de la Eurozona. Varias fueron las medidas adoptadas por la institución, pero todas ellas fueron encaminadas a empujar a los bancos a otorgar más crédito y más barato. Repasemos brevemente las principales políticas adoptadas:
Reanudación del programa de compra de activos: Pese a que apenas han pasado nueve meses desde que el BCE dio por terminado su programa de flexibilización cuantitativa, ya volvemos a las andadas. Así, la institución adquirirá 20.000 millones de euros mensuales en títulos de deuda pública (y de ciertos bonos corporativos) durante un tiempo indeterminado: no en vano, por primera vez se tratará de un programa 'open-ended', es decir, sin una fecha de conclusión prefijada, de modo que el BCE seguirá monetizando activos financieros hasta que la inflación remonte lo suficiente. En realidad, sin embargo, este programa deberá renegociarse dentro de pocos meses dentro del Consejo de Gobierno del BCE (donde los “halcones” contarán con una nueva oportunidad para frenarlo), dado que el banco central no ha modificado los denominados “límites por emisor” (el BCE no puede poseer más del 33% de todo el stock de deuda pública de ningún Estado miembro) y tales límites están a punto de ser sobrepasados en el caso de los pasivos de varios países (por ejemplo, en cinco meses se alcanzará el tope de la deuda holandesa y en diez, de la alemana).
Tipos de interés al 0% 'sine die': El banco central también ha anunciado que los tipos de interés por sus operaciones principales de refinanciación a corto plazo (su tipo de interés base) se mantendrán al 0% de manera indefinida hasta que la inflación aumente de manera apreciable. El BCE, pues, dejará de dar orientaciones periódicas sobre su previsión de movimientos futuros en los tipos de interés: mientras la inflación continúe por debajo del 2%, ni siquiera se cuestionarán cambiar las tasas.
Subida de los tipos de interés negativos sobre las reservas: El tipo de interés que cobra el BCE a los bancos por sus reservas no obligatorias (el tipo de interés de la llamada “facilidad marginal de depósito”) se incrementó desde el -0,4% al -0,5%. En la medida en que la monetización de activos financieros ha inundado de reservas los balances de los bancos (cuando el BCE le compra un bono a una entidad financiera, se lo paga con reservas de nueva creación), los tipos de interés negativos están actuando como un impuesto que el BCE cobra a los bancos. Al nuevo tipo del -0,5%, los bancos europeos deberían transferirle 9.000 millones de euros anuales al BCE (y ello sin contar con el venidero incremento de reservas debido a la reanudación del QE). Pero la medida tiene truco.
Doble escala de tipos de interés negativos: Consciente de la enorme mordida sobre la banca que puede suponer a medio plazo la combinación de mayores reservas (por el QE) junto a mayores tipos negativos (-0,5%), el BCE ha aprobado un jugoso regalo para las entidades de crédito. Si bien hasta el momento el tipo de interés negativo de la facilidad marginal de depósito se cobraba sobre todas las reservas superiores al nivel mínimo obligatorio, a partir de ahora sólo se cobrará por las reservas que excedan la suma de seis veces el mínimo obligatorio. De este modo, el coste para la banca bajaría desde 9.000 millones de euros anuales a 5.600 millones. Pero, ¿por qué motivo el BCE sube sus tipos de interés negativos sobre la banca al tiempo que la exime de pagarlo en gran medida? Pues porque los tipos de interés negativos también sirven a otros propósitos.
Nuevo ronda TLTRO: Las líneas de crédito que el BCE extiende típicamente a la banca son líneas a corto plazo (si bien en reiterada renovación). En cambio, los TLTRO (operaciones de refinanciación a largo plazo con objetivos específicos) son préstamos a largo plazo (tres años de duración) que el banco central otorga sobre el 30% de la nueva financiación que los bancos privados otorguen a familias y empresas. Es decir, que el BCE aporta casi un tercio de los fondos requeridos por la banca para financiar a la economía productiva. El tipo de interés base de esta nueva ronda de TLTRO es el de las operaciones principales de refinanciación (esto es, el 0%), pero si los bancos superan ciertos umbrales de crédito, el tipo de interés que se les cargará será el de la facilidad marginal de depósito… es decir, el -0,5%. O expresado de otra forma: el BCE pretende pagarles intereses a los bancos para que presten más al sector privado.
Como decíamos, no hace falta ser un lince para descubrir que el propósito general de todas estas medidas es facilitar, presionar e incentivar a los bancos a que otorguen más crédito y más barato. Por un lado, la reanudación del programa de compras de activos financieros garantiza que los tipos de interés de la deuda pública y de cierta deuda corporativa se mantendrán bajos durante los próximos años, con lo no serán receptáculos atractivos del ahorro gestionado por el sector financiero. Por otro, la perpetuación de la barra gratuita de crédito del BCE a los bancos pretende persuadirles de que otorguen más préstamos a tipos de interés muy bajos (pues sus costes de financiación a medio plazo serán del 0%... o incluso negativos).
El problema de tal laxitud crediticia, claro está, es que impulsa una esclerotización, o 'zombificación', de la economía de la Eurozona. Por un lado, las empresas menos rentables y que deberían modificar radicalmente sus planes de negocio sobreviven gracias a la respiración asistida de una refinanciación excesivamente asequible. Por otro, pasarán a desarrollarse nuevos proyectos productivos de bajo rendimientos al calor de esta financiación ultralaxa. Sacrificar el largo plazo para intentar fomentar un rebote a corto plazo.
Abrazos,
PD1: Me han dicho que hay que dar más abrazos. Que menos besos y más abrazos a mis hijos, sobre todo a las chicas que me quedan en casa. Que o las abraza el padre, o buscarán abrazos en los tíos que hay por ahí…
Y también que hay que quedar a tomar un café con los chicos que se han ido de casa. Que la figura paterna, la “autoritas”, no se pierde nunca, que el papel de padre y el cariño a nuestros hijos, lo necesitan hasta los 50 años…
Así que ya tengo deberes para ambos casos. Yo encantado de abrazarles y verles más.