10 marzo 2025

todo sobre el dinero...

Jose Luis Feito escribe:

El dinero

Propiedades y definiciones con la intención de hacer inteligible la importancia crucial del dinero en nuestra sociedad

El dinero tiene tres propiedades fundamentales, y cualquier objeto que tenga estas tres propiedades puede ser dinero. Primera, la de ser la unidad de cuenta en la que se miden los precios de la economía, los de los factores productivos (las rentas) y los bienes y servicios que se adquieren con dichas rentas, así como el montante de los activos y las deudas de los agentes económicos. Segunda, la de ser el medio de pago generalmente aceptado para llevar a cabo las transacciones de la economía, esto es, la percepción de rentas o la compraventa de bienes y servicios o de activos financieros o el pago de impuestos. La tercera propiedad del dinero es la de ser un depósito de valor, un activo cuya posesión genera ventajas y rendimientos de un tipo u otro.

Cuándo se dice que se posee una cierta suma de dinero, se suele hacer referencia al valor del conjunto de activos financieros propiedad del individuo en cuestión en ese momento. Esta suma incluye efectivo y depósitos bancarios de un tipo u otro, que conforman el concepto básico de dinero utilizado por los economistas, pero en el lenguaje popular también incluye bonos, acciones u otros activos que no forman parte de dicho concepto. En lo que sigue profundizaremos en estas propiedades y definiciones con la intención de hacer inteligible la importancia crucial del dinero en nuestra sociedad.

Productividad social y patrones monetarios

En las sociedades sin dinero, la transformación del producto que consigue un individuo mediante su trabajo en otros bienes que complementen su consumo se realiza a través del trueque, lo que comporta elevados costes de transacción e información. Tiene que buscar alguien que ofrezca algo que él quiera y quiera lo que él ofrece o bien tiene que intercambiar sus bienes por otros que no desea pero que puede cambiarlos más fácilmente que los suyos para conseguir los que verdaderamente desea. Todo ello entraña costosos procesos de búsqueda de información y negociación de los términos del intercambio, costosos porque ha de invertir en ellos un tiempo que inevitablemente detrae de sus actividades productivas. Del trueque surge espontáneamente el dinero a medida que un determinado bien se va aceptando de forma generalizada como medio de pago dentro de la sociedad correspondiente.

La introducción del dinero permite ahorrar los recursos que se malgastan por estas vías con el consiguiente aumento de la producción, configurando así uno de los dos elementos de la productividad social del dinero. El otro componente de dicha productividad viene dado por el aliento a la especialización productiva que depara el dinero y el consiguiente aumento del output por unidad de trabajo de la sociedad. Con la existencia de un medio de pago generalmente aceptado, los individuos pierden los incentivos a la autosuficiencia propios del trueque y tienden a especializarse, dentro de los márgenes que permita el tamaño del mercado y el ordenamiento social existente, en las actividades en las que sean comparativamente más eficientes. El dinero, pues, es una tecnología social enormemente productiva que ha sustentado el avance de la civilización desde su aparición espontánea en las antiguas sociedades mesopotámicas. Desde tiempos remotos el auge económico ha coincidido con la extensión de la monetización de la sociedad, impulsada por innovaciones en las tecnologías de pagos y financiación. Las ventajas del dinero son tan considerables que los individuos se resisten a abandonarlo incluso cuando pierde buena parte de su valor, como ocurre en los casos de hiperinflación. En estos episodios, si bien florece el trueque y se aceptan o se buscan pagos en especie, la desvalorada moneda local se sigue usando predominantemente y su sustituto más habitual es la moneda de otro país que no haya perdido su valor.

Hasta el último cuarto del siglo pasado, hasta el 13 de julio de 1971 para ser más precisos, todas las monedas nacionales habían estado compuestas en un grado u otro por alguna mercancía, normalmente el oro o la plata, o respaldadas por ellas de una manera u otra. Esto es, eran teóricamente convertibles en una mayor o menor cantidad de dicho metal. En la fecha citada, Nixon eliminó la convertibilidad del dólar en oro y el mundo se embarcó en un experimento desconocido hasta entonces: el dinero fiduciario puro. Antes de esta fecha, hubo algunos casos históricos, los más recientes durante la revolución francesa y la guerra de independencia de Estados Unidos, pero fueron efímeros y fracasaron estrepitosamente. Este nuevo y relativamente joven patrón monetario tiene sus detractores (pocos) y sus partidarios (muchos) entre los economistas.

El dinero fiduciario deriva su dominio de la ley que lo establece como moneda de curso legal para denominar y saldar las transacciones económicas. A diferencia de los patrones metálicos, los bancos centrales no cambiarán billetes o monedas por metales preciosos sino por otros billetes o monedas de valor equivalente. Los depósitos bancarios son también dinero fiduciario porque se pueden intercambiar a la par por billetes o monedas de curso legal y cumplen con los tres requisitos del dinero. Desde la adopción del patrón fiduciario y al socaire de los avances tecnológicos se han acelerado las innovaciones en las finanzas y en los sistemas de pago. Se han facilitado enormemente las posibilidades de movilizar los depósitos bancarios a través de cheques, transferencias, tarjetas de crédito, datáfonos etc. Consecuentemente, se ha reducido drásticamente la utilización de efectivo. En la actualidad, el efectivo apenas supone alrededor del 10% del stock de dinero en la eurozona y Estados Unidos, y una proporción muy inferior en los otros países desarrollados. La causa de esta diferencia reside en que el euro y el dólar, al ser monedas de reserva universalmente aceptadas, se utilizan por instituciones e individuos fuera de esas dos áreas monetarias.

El precio del dinero

Un prominente economista solía decir que las teorías monetarias se pueden subdividir entre las que consideran que el precio del dinero es la inversa de un índice del nivel general de precios y las que identifican el precio del dinero con el tipo de interés de los activos financieros no incluidos en la definición del mismo. En realidad, ninguna de estas dos versiones es completamente correcta, si bien la primera está más cerca de serlo. El precio del dinero, el precio de una unidad monetaria, digamos de un euro en los países que utilizan dicha moneda, es uno. El precio real, o si se quiere, el valor de la unidad monetaria, es uno dividido por un índice del nivel general de precios. Así, el valor o el precio real del dinero sería un indicador de su poder de compra de los bienes y servicios de la economía representados en el índice de precios elegido. Dicho de otra forma, el precio de las cosas es la cantidad de dinero que se consigue por ellas y el valor del dinero es la cantidad de cosas que se pueden conseguir con él. El tipo de interés, nominal o real, de los activos financieros que no forman parte del dinero es el coste de oportunidad de mantener parte de la riqueza en dinero (un coste de oportunidad que se reduciría por los intereses que puedan devengar los depósitos). Este tipo de interés se puede considerar análogamente como el beneficio que se podría obtener por renunciar a la mayor liquidez y demás conveniencias que ofrece el dinero, pero en ningún caso debe confundirse con su precio nominal o real, con lo que hay que pagar para obtener una unidad de dinero o con el poder de compra de la misma. El tipo de interés es ciertamente una variable muy importante que afecta tanto a la cantidad como a la demanda de dinero, pero lo decisivo para la salud y eventual supervivencia del dinero fiduciario es la preservación de su valor de compra, por lo que nunca ha de perderse de vista la relación entre la cantidad de dinero y los precios.

Una reducción continúa y significativa del valor del dinero es la contrapartida de un proceso inflacionista y un aumento continuo y significativo de dicho valor sería el reflejo de un proceso de deflación. Mientras que un proceso de deflación duradero suele ir asociado con caídas de la actividad económica, un proceso inflacionista acusado y duradero erosiona la confianza en la moneda y antes o después termina provocando también el hundimiento de la actividad económica. Puede haber recesión sin contracción monetaria pero es imposible tener periodos dilatados de inflación elevada o creciente sin que simultáneamente se esté registrando un crecimiento del dinero significativamente mayor que el de la capacidad productiva de la economía. Esto no excluye que pueda haber períodos de inflación causada por factores no monetarios ni, lo que viene a ser lo mismo, que los impulsos inflacionistas procedan con mayor o menor frecuencia de fuerzas externas a la esfera monetaria. Pero la persistencia de las presiones inflacionistas y el consiguiente aumento sostenido de la inflación sólo son posibles si esos impulsos y la dinámica que generan son validados por una política monetaria expansiva.

Como veremos en la sección siguiente, con los sistemas bancarios actuales la creación de dinero está indisolublemente unida a la creación de crédito bancario. Una implicación de esta vinculación es que puede haber períodos relativamente dilatados de rápido crecimiento del stock de dinero sin que se registren ritmos de inflación excesivos o crecientes. Esto ocurriría si el crédito se destina masivamente a la compra de activos reales, como la vivienda, suelo,etc, o a la compra de activos financieros. La consecuencia de un aumento desorbitado del crédito destinado a estos activos es un aumento no menos desorbitado de sus precios, pero no necesariamente o no en la misma medida del índice de precios de consumo porque aquellos precios no se incluyen en dicho índice. La consecuencia última es un endeudamiento insostenible, por impagable, de las familias y empresas, lo que ocasiona crisis bancarias y bruscas restricciones crediticias que propagan intensas oleadas recesivas. Esto sucedió en los tiempos anteriores a la Gran Depresión de los años treinta y con menor intensidad, gracias a la actuación de los bancos centrales, en Japón a finales del pasado milenio y en el desencadenamiento de la gran recesión de 2007.

El sistema bancario y el sector público

El dinero lo crean fundamentalmente los bancos centrales y los bancos comerciales de manera que la variación de su cantidad dependerá de la emisión del mismo por una y otras instituciones. Los bancos centrales crean dinero directamente emitiendo efectivo y aumentando los depósitos de los bancos comerciales en dicha institución, las denominadas reservas bancarias. El banco central puede aumentar las reservas bancarias comprando deuda pública en los mercados correspondientes o concediendo crédito a los bancos comerciales. Estas reservas regulan los créditos que conceden los bancos a familias y empresas, además de ser utilizadas por dichos bancos para prestarse dinero entre sí y para cubrir eventuales necesidades de liquidez. Los bancos comerciales crean dinero a través de los préstamos que conceden a familias y empresas. En contra de una opinión popular muy extendida, los bancos no crean dinero prestando los depósitos de los clientes sino que los depósitos se crean mediante los préstamos, ya se concedan estos a los clientes del banco o a los de otros bancos. Ciertamente, un banco cuyo montante de depósitos aumenta normalmente incrementará sus créditos, pero también puede hacerlo sin que medie dicho aumento si la situación de sus reservas y capitalización o su capacidad de conseguir recursos financieros se lo permiten. Lo importante a tener en cuenta, en todo caso, es que los bancos comerciales generan crédito mediante la creación de dinero fiduciario. Esta es una característica inherente al sistema de reservas fraccionarias vigente, esto es a la obligación de que los bancos comerciales respalden con reservas en el banco central sólo una (pequeña) parte pero no la totalidad de sus depósitos. Siendo los depósitos bancarios el principal componente de la cantidad de dinero, de lo anterior se desprende que el crecimiento de dicha cantidad y el del stock de crédito vivo están inextricablemente unidos.

El otro agente que participa en la creación de dinero es el sector público, el gobierno de la nación. El gobierno crea dinero mediante el pago de las distintas partidas que componen el gasto público y lo absorbe a través de los impuestos y tasas que determinan los ingresos públicos. También lo crea con el pago de los vencimientos de deuda pública y lo retira con la emisión de nueva deuda pública. Si los ingresos son inferiores al gasto público, la diferencia se cubre en una pequeña parte por emisiones de efectivo y el grueso, al menos en los países avanzados, por emisiones netas de deuda pública.

Así pues, el Banco central, los bancos comerciales y el gobierno son los tres principales agentes que influyen en la evolución de la cantidad y el valor del dinero. El banco central tiene encomendada formalmente la responsabilidad de velar por la estabilidad de precios, por la estabilidad del valor del dinero, misión que lleva a cabo manipulando diversos tipos de interés y mediante regulaciones sobre la actividad bancaria. También tiene la facultad de actuar como prestamista en última instancia y la responsabilidad de velar por la solvencia del sistema bancario. Tiene concedida, además, la independencia del poder político para adoptar las medidas que considere necesarias para alcanzar ambos objetivos. Esta independencia de iure se puede comprometer de facto por la situación del sector bancario y por la actuación del gobierno. La salvaguarda de la solvencia del sistema bancario puede llevar en ocasiones a instrumentar medidas desaconsejables para la estabilidad de precios. Una deuda pública insostenible, por otra parte, puede desencadenar presiones sobre el banco central para que sitúe los tipos de interés por debajo y la cantidad de dinero por encima de lo requerido para controlar la inflación.

Abrazos,

PD: Todos tenemos tentaciones en la vida. Es bueno tenerlas ya que el demonio se fija en nosotros y nos intenta atrapar. Muchas veces no identificamos esas tentaciones ya que el maligno nos engaña. Son variopintas: subidón de nuestro ego, creernos los reyes del mambo, pereza, gula, ira, desidia, perdida de tiempo, aficiones extremas… Y las del pito.

Es la Cuaresma tiempo de identificar esas tentaciones y hacer una buena confesión…

A veces caemos ante la tentación: todos somos pecadores. Pero la derrota no es definitiva, porque Dios nos levanta de cada caída con su perdón.