Un maratón de más de 20 años de exportaciones chinas a EE.UU. está retrocediendo a un ritmo que pocos esperaban.
Goldman Sachs advirtió en 2023 que la participación de China en las importaciones estadounidenses seguiría cayendo de forma estructural durante esta década.
Hoy, a mediados de la década de 2020, los datos ya confirman esa tendencia.
China pasó de suministrar más del 21% de las importaciones de EE.UU. en su pico de 2017 a alrededor del 13–14% en los últimos datos disponibles.
Es una caída significativa.
Dos décadas de dominio exportador en el mercado de consumo más grande y rentable del mundo
— construido fábrica por fábrica, puerto por puerto— están siendo erosionadas.
Durante años, “Hecho en China” estaba en todas partes: Walmart, Target, Amazon.
Entonces el mundo cambió.
Estados Unidos impulsó la relocalización y el friend-shoring.
Las cadenas de suministro empezaron a moverse.
Los pedidos se redistribuyeron hacia México, Vietnam, India y otros países.
México es hoy la principal fuente de importaciones de Estados Unidos, superando a China por primera vez desde principios de los años 2000.
Las exportaciones chinas a EE.UU. registraron caídas interanuales relevantes en 2024 y 2025, especialmente en sectores sensibles a aranceles y tensiones geopolíticas.
No es que China haya dejado de exportar al mundo.
Es que la confianza —la verdadera moneda del comercio— se está fragmentando.
La diversificación de cadenas de suministro ya no es una teoría académica.
Está ocurriendo en tiempo real.
Y sus consecuencias todavía se están desplegando.
¿Estamos viendo el principio del fin del “Made in China” para EE.UU. o el inicio de una cadena de costos más altos que todavía no vemos?
Y frente a Europa, nos llenan de cosas:
Abrazos,
PD: Siempre, mirar al cielo…