27 octubre 2017

Así somos los españoles en cuanto a los ahorros

Poca cultura financiera, demasiado ladrillo, demasiada vinculación con el banco de siempre que nos engaña… No tenemos remedio!!!

Por qué el español invierte poco y obtiene tan poca rentabilidad

Una familia media tiene un patrimonio con un valor de 119.000 euros. De esa cantidad, tan solo el 7% está compuesto por depósitos, fondos o planes de pensiones

¿Ha hablado alguna vez con sus amigos sobre cuánto dinero tiene ahorrado? ¿Sabe si sus padres tienen algún seguro de vida ahorro? ¿Ha comentado con algún compañero de trabajo cuáles son los mejores fondos en los que invertir? Si usted ha respondido a estas tres preguntas con un no es que es un español al uso, con gran pudor a la hora de hablar de dinero y reticencias para adquirir un producto financiero que no sea un depósito.
“Tal vez sea exagerado hablar de que existe un tabú a la hora de tratar sobre inversiones, pero es verdad que es un tipo de conversación muy poco frecuente en círculos familiares o de amistad”, explica el consejero delegado de una gestora de fondos, con 30 años de experiencia en esta industria.
“Cualquiera comenta qué coche o qué móvil se va a comprar, o incluso dónde está mirando para adquirir una vivienda, pero raramente se habla de inversiones. Está mal visto”, añade.
Alejandro Meraviglia Ahorros de los hogares
De acuerdo con la última Encuesta financiera de las familias –elaborada por el Banco de España y dada a conocer esta semana–, una familia media tiene un patrimonio de 119.400 euros, que se concentra fundamentalmente en el valor de su vivienda habitual. Este es un dato mediano, así que la mitad de los hogares españoles tiene un patrimonio superior y la mitad tiene menos.
 Activos financieros: solo 9.000 euros ahorrados
En contraste con esta cifra, el dinero que una familia media acumula en productos financieros es tan solo de 9.000 euros (de nuevo, en valor mediano, si se tomara la media sería mucho mayor por la distorsión de los activos de los más ricos). Esta cifra representa tan solo el 7,1% de la riqueza neta de los hogares (que descuenta las deudas pendientes).
Los datos de la encuesta mencionada se refieren al cierre de 2014, pero los indicadores macroeconómicos apuntan a que la composición de la riqueza y el ahorro de las familias no ha cambiado mucho desde entonces. Aunque ha crecido el volumen de inversión en fondos, el dinero acumulado en depósitos y cuentas corrientes sigue estando en máximos.
La querencia por la vivienda en propiedad ha dado mucho poder a los bancos, que controlan la gestión de patrimonios
“Existe la creencia de que los españoles no ahorran, pero no es cierto. Lo que ha ocurrido es que aquí se ha priorizado destinar los ahorros a la compra de una segunda vivienda, o de un local, antes que comprar un producto de inversión”, explica Ángel Martínez-Aldama, presidente de la asociación española de gestoras de fondos (Inverco).
Los datos al respecto son elocuentes. Según Eurostat, España es el segundo país europeo donde hay mayor proporción de familias con vivienda en propiedad, el 78% del total (solo por detrás de Noruega), frente a países como Alemania (52,6%) o Francia (64%). La encuesta del Banco de España da una cifra aún más alta: un 82,6% de familias con vivienda en propiedad. Además, según esta muestra, el 40% de hogares tiene alguna otra propiedad inmobiliaria (casas de veraneo, solares, locales…).
Además de concentrar la mayor parte de la riqueza en casas, los activos que predominan cuando salimos del ladrillo son los más conservadores: depósitos y cuentas corrientes.
Según datos de la OCDE (de 2014), el peso del efectivo y los depósitos sobre el total de los activos financieros era en España del 43%, frente al 24% de Estados Unidos o al 31% de Italia. De hecho, el dinero “ahorrado” en ladrillo (al margen de la vivienda habitual) tiene más peso en la riqueza media de las familias que los activos financieros.
La Encuesta financiera de las familias revela que el grado de penetración de las cuentas corrientes es enorme, llegando al 93% de hogares, pero el arraigo de otros productos financieros es mínimo. Solo el 6% de los hogares cuenta con un fondo de inversión, y menos de un 1% tiene bonos. Los productos que tienen algo más de tirada son los planes de pensiones y seguros de vida ahorro (26% de las familias tiene uno), pero el dinero acumulado es poco teniendo en cuenta que son productos pensados para completar la pensión de jubilación (10.000 euros es el ahorro más frecuente por esta vía).
 Poca inversión: ¿cuál es la causa principal?
La crisis económica es uno de los factores que explica la imposibilidad de muchas personas para ahorrar: tasas de paro galopantes, trabajos cada vez más precarios, salarios a la baja… Pero no es la única variable que permite comprender el desinterés hacia la inversión financiera.
Cuando se analiza la composición del patrimonio para los tramos más ricos de población se comprueba que la penetración de productos financieros es muy inferior a la de otros países. Así, por ejemplo, del 25% de familias que acumula mayor riqueza, tan solo una pequeña parte (el 18%) tiene un fondo de inversión.
“Creo que la propensión hacia la ­vivienda en propiedad y la inversión ­inmobiliaria es el principal factor para explicar esta situación, aunque tampoco se pueden descartar otros factores culturales”, apunta el profesor de Ética y Economía del IESE Antonio ­Argandoña.
“Aquí se venía de una época de escasez de vivienda y el alquiler tenía una regulación absurda, que hacía que nunca fuera interesante para el propietario. Esto provocó que casi todo el mundo se comprara su propia casa. Esa adquisición ha llevado aparejada una relación muy estrecha con el banco que concedía la hipoteca y que, una vez que el deudor tenía algo más de liquidez, le ofrecía otros productos financieros”, reflexiona Argandoña.
En pocos países del mundo la banca comercial ha alcanzado una expansión tan potente como en España, con la red de sucursales más tupida del planeta. Esto ha hecho que el ciudadano medio haya canalizado su ahorro desde hace décadas a través de su oficina bancaria.
“La estructura del mercado ha marcado por completo la distribución de productos financieros. Cuando a los bancos les ha interesado vender depósitos para lograr financiación, los han colocado de forma masiva. Cuando necesitaron capital, colocaron preferentes... Ahora, con los fondos de inversión ocurre parecido. Les resulta mucho más fácil vender los productos más conservadores, que no aportan ningún valor añadido, y que no les conllevarán quejas de sus clientes”, explica Martín Huete, quien trabajó durante años como director de la gestora de Caja España y ahora ha fundado una compañía de gestión automatizada, Finizens.
Más allá de la peculiar estructura del mercado español, otros factores también han entrado en juego. Uno es el de la idiosincrasia española. La tradición católica hace que la riqueza pueda llegar a ser considerada un estigma y hablar de inversiones, un rasgo de mal gusto. Además, se suma un componente ideológico: los ciudadanos con una mentalidad de izquierdas tienden a equiparar la inversión con especulación. “Hay mucho cliché creado en torno a la inversión financiera, como si tener una participación en un fondo de inversión te convirtiera en un tiburón de Wall Street que arruina a familias y empresas”, explicaba hace unos meses Lola Solana, gestora de fondo de inversión Santander Small Caps.
 Fondos: analfabetismo financiero
Todas estas circunstancias han contribuido a que los españoles tengan una cultura financiera muy pobre. De acuerdo con un informe realizado por la agencia de calificación crediticia S&P, España se situaba, junto con Portugal, como el país europeo con peores resultados en cuanto a analfabetismo financiero. Una de las preguntas que se hizo a los encuestados fue: “¿Es más seguro poner su dinero en una sola inversión o en varias?”. Solo el 43% de los españoles contestó correctamente.
Otra encuesta reveladora es la realizada por el Observatorio Inverco. Este organismo preguntó a los propietarios de fondos quién creía que realizaba las inversiones. Solo un tercio respondió correctamente (un equipo de gestores profesionales). El 28% pensaba que se encargaba un directivo del banco y el 19% creía que el gestor era el comercial que le había vendido el producto en la oficina.
Depósitos y cuentas: niveles récord pese a no rentar nada
Sea por idiosincrasia, por ideología o por la estructura del mercado, lo cierto es que esa querencia a destinar poco dinero a inversiones se mantiene. Incluso ahora que los tipos de interés rozan el 0% y las cuentas y depósitos no rentan nada en absoluto. Una buena forma de verlo es con los últimos datos del Banco de España.
De acuerdo con los últimos datos disponibles, correspondientes a noviembre de 2016, las cuentas corrientes ofrecen un tipo de interés medio del 0,07%. En los depósitos a plazo la rentabilidad se eleva a un magro 0,11% (a un año). Aun así, las cuentas a la vista acumulan 497.490 millones de euros, y los depósitos, 264.986 millones de euros. En total, cerca de 800.000 millones de euros en productos con nula rentabilidad (esto, teniendo en cuenta que los precios han vuelto a crecer en 2016 y la tasa interanual al cierre de diciembre fue del 1,5%).
A pesar de este crudo panorama, el profesor Antonio Argandoña se muestra optimista. “Al final más que una cuestión de cultura o mentalidad es un tema de incentivos. Si se va favoreciendo que la gente mejore su cultura financiera y se añaden ventajas para algunos productos, con el tiempo la gente irá dejando los depósitos y las cuentas para comprar productos que le aporten mayor valor”.

LOS FONDOS ULTRACONSERVADORES ARRASAN PESE A SU POBRE INTERÉS

Las poderosas redes de distribución de las entidades financieras españolas señalan el camino que deben seguir sus clientes. Ahora son los fondos de inversión, que dejan notables comisiones a las gestoras y a sus propietarios, en su mayoría bancos, que se llevan en torno al 65% del dinero. Solo en el primer semestre de 2016 fueron 1.096 millones de euros de ingresos totales.
Los productos más conservadores, y con rentabilidades por los suelos, acumulan un patrimonio de más de 125.000 millones de euros, el 53% del total. Solo 5.500 millones están en renta variable nacional, mientras que los ahorros destinados a la Bolsa internacional ascienden a 76.000 millones. El porcentaje en el resto del mundo es diametralmente opuesto. Los fondos de renta variable representan el 41% del patrimonio total; los de renta fija, el 22%; los mixtos, el 14%, y los monetarios, poco más del 13%. En países como Japón, Estados Unidos y Reino Unido, los productos puros de Bolsa llegan a suponer el 88%, el 55% y el 48% del patrimonio, según el último informe anual de Inverco sobre este tema.
Las carteras de más riesgo cobran más por la gestión. Un 1,8% los de Bolsa de países del euro, frente al 0,65% de los de renta fija, según los datos de Inverco. Pero los fondos garantizados también ofrecen ganancias interesantes a las gestoras, con un 0,8% para los de rendimiento fijo y más de un 1% en los ligados a índices. La estructura, creada al inicio de la vida de los productos, no requiere una gestión activa. Y con ellos mantienen vinculado al cliente durante amplísimos periodos de tiempo. En los productos con objetivo de rentabilidad lanzados el año pasado, garantizados o no, los vencimientos llegaron a los ocho años, con unas rentabilidades ínfimas: suelen oscilar entre el 0,1% y el 0,5% anual. La CNMV ha decidido tomar cartas en el asunto, después de que este tipo de fondos captaran unos 10.000 millones de euros en 2016, y obliga a avisar de los riesgos de reembolsos anticipados.
La querencia por la vivienda en propiedad ha dado mucho poder a los bancos, que controlan la gestión de patrimonios
Abrazos,
PD1: Lo que opina, en inglés del bueno, sobre España. https://www.youtube.com/watch?time_continue=&v=F75CibembZk Ojalá aprendieran inglés del bueno nuestros gobernantes de una puñetera vez. Quizás sería la forma de empezar a comunicarnos bien con nuestros socios comunitarios y estadounidenses, con los países emergentes que tanto negocio vamos a tener en el futuro…
PD2: Para mejorar el diálogo en la familia lo más importante es que haya diálogo. Al final del día, después de una jornada maratoniana y agotadora… ¿a quién le apetece hablar? O somos capaces de incluir en nuestras agendas "momentos de diálogo" con nuestra pareja, o con nuestros hijos, aunque sean pocos, pero intensos, sin distracciones, sin móviles… o iremos perdiendo esa costumbre y nos convertiremos en meros "compañeros de piso". El mejor regalo que se puede hacer a una familia es una mesa camilla alrededor de la cual sentarse a hablar, sin el móvil, por supuesto.
Pero lo que más mata a la familia y sus tertulias, donde uno cuenta lo que ha pasado durante el día, lo que le pasa a los familiares y amigos, los chascarrillos, donde se comenta los devenires de la economía, los trabajos y estudios, y últimamente la política, es la televisión. Siempre encendida, incluso mientras se cena, ¡qué desastre! Apágala. O mucho mejor, tírala por la ventana, aunque sea nueva… Pero fíjate que no pase nadie por la calle primero.

26 octubre 2017

¿Qué puede provocar una corrección de las bolsas?

Sigue habiendo muchas dudas…
La temporada de resultados empresariales puede ser un momento eufórico para las acciones. Es un momento en que las empresas tienen la oportunidad de mostrar un crecimiento que coincida con sus valoraciones, y puede alentar la inversión de los traders que quieren entrar en el mercado. Pero esta vez puede que sea distinto advierte Morgan Stanley.
Una gran parte de eso tiene que ver con cómo los inversores se acercan a la temporada de resultados. Cuando los inversores anticipan fuertes resultados, las acciones tienden a subir anticipando las cuentas positivas solo para desinflarse cuando se conocen los resultados, según la firma.
Este escenario se jugó de forma relativamente benigna dos veces este año, con la pérdida máxima siendo solo del 3%. Pero esta vez será diferente, según los pronósticos de Morgan Stanley.
"Si las acciones siguen el patrón que han estado mostrando durante todo el año, la temporada de ganancias actual otorgará una oportunidad de venta cuando se conozcan los resultados y podríamos sufrir una corrección o consolidación decente", escribió un grupo de estrategas de acciones liderados por Michael J. Wilson en una nota a clientes . "A corto plazo, lo más probable es una corrección".
Entonces, ¿qué podría causar este descenso, que según la firma podría extenderse más allá del 5%? Wilson & Co. presenta cinco posibles catalizadores negativos:
1) La reducción del masivo balance general de la Reserva Federal
2) Sacar adelante la ley para reducir impuestos será más difícil que simplemente hacer promesas
3) El anuncio de un nuevo jefe de la Fed podría "perturbar las condiciones financieras"
4) El dólar de EE. UU., que acababa de salir de mínimos de varios años, parece estar revirtiendo las subidas
5) Los principales indicadores económicos están llegando a extremos, sugiriendo que es más probable que se estén formando techos
Con todo lo dicho, Morgan Stanley está lejos de pronosticar el final del mercado alcista de 8 años y medio en Wall Street. El banco simplemente advierte sobre la posibilidad de un retroceso relativamente leve desde valoraciones récord.
De hecho, la empresa es la más alcista de Wall Street, con un objetivo de 2.700 en el S&P 500 para finales del primer trimestre de 2018. 
Como tal, Wilson recomienda que los inversores utilicen cualquier debilidad que se derive de una posible corrección como una oportunidad para volver a aumentar la exposición a la renta variable. En otras palabras, compre con la caída: el eslogan no oficial de este mercado alcista que parece imparable.
Abrazos,
PD1: Se torcerá…
Fidelity
El segundo mercado alcista más largo desde la Segunda Guerra Mundial sigue avanzando. Sin embargo, los inversores andan cada día más inquietos y se preguntan cuánto pueden durar los buenos tiempos. Las últimas Perspectivas de inversión de Fidelity International identifican tres grandes tendencias a tener en cuenta durante el próximo trimestre y ofrecen la visión de la compañía sobre la evolución de las grandes clases de activos, basada en una síntesis representativa de las opiniones de sus equipos de inversión. El informe pone de relieve que las valoraciones de algunas áreas se mueven en niveles ciertamente elevados pero, en general, se mantienen alejadas de los máximos de 2000. Desde un punto de vista fundamental, seguimos estando en el entorno “ideal” de crecimiento e inflación bajos que ha creado la positiva coyuntura en que se mueven los mercados desde hace algún tiempo.
Tres tendencias a seguir en el cuarto trimestre:
1. El mercado alcista está en su recta final, pero por ahora solo se puede esperar.
Hemos recorrido una gran distancia a lomos de este mercado alcista y algunos de los factores que lo han sostenido empiezan a agotarse. Sin embargo, la historia sugiere que la situación actual podría prolongarse algún tiempo. Saliendo del mercado antes de tiempo se corre el riesgo de dejar en la mesa una gran cantidad de rentabilidad potencial. El crecimiento mundial todavía es sólido, mientras que el de los beneficios sigue dando apoyo. Las rentabilidades por dividendo del S&P 500 son superiores a los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE.UU. a 10 años, por lo que las acciones siguen teniendo cierto apoyo atendiendo a las valoraciones relativas. Por el momento se trata de aguantar y, al mismo tiempo, ir pensando cada vez más en cómo protegerse frente al riesgo de caídas.
2. El dilema de los bancos centrales: ¿Cíclico o estructural?
Actualmente, los bancos centrales tienen ante sí la difícil tarea de separar los factores cíclicos de los estructurales. La pregunta clave que hay que responder es la siguiente: ¿Estamos viendo una recuperación sostenible o simplemente un rebote cíclico dentro de un entorno de estancamiento a largo plazo? En nuestra opinión, la recuperación cíclica actual no es suficiente para justificar unos rendimientos significativamente más altos a tenor de problemas estructurales como el exceso de deuda, el envejecimiento de la población y la baja productividad, que dan a los inversores y a los bancos centrales muchas razones para prever que el crecimiento y la inflación seguirán siendo bajos durante algún tiempo.
3. La variable clave a seguir es la inflación
A la vista de las bajas tasas de paro, cabría esperar que hubiera presiones inflacionistas derivadas de las subidas salariales, pero no están dándose. Eso quiere decir que la economía estadounidense no está tan fuerte como parecerían sugerir los datos generales de empleo. La inflación estadounidense ha sido inusualmente baja durante seis meses consecutivos. La presidenta Yellen cree que la debilidad de la inflación será temporal, a pesar de recortar las propias previsiones sobre esta variable de la Fed. Sus proyecciones siguen indicando una subida de tipos en diciembre y tres subidas “dependientes de los datos” en 2018. De continuar la debilidad de la inflación, se plantearían dudas sobre el verdadero estado de la economía estadounidense, por lo que esta variable es el dato a seguir.
PD2:
Interesantes las previsiones de Nouriel Roubini:
The International Monetary Fund, which in recent years had characterized global growth as the “new mediocre,” recently upgraded its World Economic Outlook. But is the IMF right to think that the recent growth spurt will continue over the next few years, or is a temporary cyclical upswing about to be subdued by new tail risks?
NEW YORK – For the last few years, the global economy has been oscillating between periods of acceleration (when growth is positive and strengthening) and periods of deceleration (when growth is positive but weakening). After over a year of acceleration, is the world headed toward another slowdown, or will the recovery persist?
The current upswing in growth and equity markets has been going strong since the summer of 2016. Despite a brief hiccup after the Brexit vote, the acceleration endured not just Donald Trump’s election as US president, but also the heightening policy uncertainty and geopolitical chaos that he has generated. In response to this apparent resilience, the International Monetary Fund, which in recent years had characterized global growth as the “new mediocre,” recently upgraded its World Economic Outlook.
Will the recent growth spurt continue over the next few years? Or is the world experiencing a temporary cyclical upswing that will soon be subdued by new tail risks, like those that have triggered other slowdowns in recent years? It is enough to recall the summer of 2015 and early 2016, when investor fears of a Chinese hard landing, an excessively fast exit from zero policy rates by the US Federal Reserve, a stall in US GDP growth, and low oil prices conspired to undercut growth.
One can envision three possible scenarios for the global economy in the next three years or so.
In the bullish scenario, the world’s four largest, systemically important economies – China, the eurozone, Japan, and the United States – implement structural reforms that boost potential growth and address financial vulnerabilities. By ensuring that the cyclical upswing is associated with stronger potential and actual growth, such efforts would produce robust GDP growth, low but moderately rising inflation, and relative financial stability for many more years. US and global equity markets would reach new heights, justified by stronger fundamentals.
In the bearish scenario, the opposite happens: the world’s major economies fail to implement structural reforms that boost potential growth. Rather than using this month’s National Congress of the Communist Party as a catalyst for reform, China kicks the can down the road, continuing on a path of excessive leverage and overcapacity. The eurozone fails to achieve greater integration, while political constraints limit national policymakers’ ability to implement growth-enhancing structural reforms. And Japan remains stuck on its low-growth trajectory, as supply-side reforms and trade liberalization – the third “arrow” of Prime Minister Shinzo Abe’s economic strategy – fizzle out.
As for the US, the Trump administration, in this scenario, continues to pursue a policy approach – including a tax cut that overwhelmingly favors the rich, trade protectionism, and migration restrictions – that may well reduce potential growth. Excessive fiscal stimulus leads to runaway deficits and debt, which results in higher interest rates and a stronger dollar, further weakening growth. Trigger-happy Trump could even end up in a military conflict with North Korea – and, later, Iran – diminishing America’s economic prospects further.
In this scenario, the lack of reform in major economies will leave the cyclical upswing constrained by low trend growth. If potential growth remains low, easy monetary and credit policies could eventually lead to goods and/or asset inflation, eventually causing an economic slowdown – and possibly an outright recession and financial crisis – when asset bubbles burst or inflation rises.
The third – and, in my view, most likely – scenario lies somewhere between the first two. The cyclical upswing, in both growth and equity markets, continues for a while, driven by the remaining tailwinds. Yet, while major economies pursue some structural reforms to improve potential growth, the pace of change is much slower, and its scope more modest, than is needed to maximize potential.
In China, this muddle-through scenario means doing just enough to avoid a hard landing, but not enough to achieve a truly soft one; with financial vulnerabilities left unaddressed, distress becomes all but inevitable over time. In the eurozone, this scenario would entail only nominal progress toward greater integration, with Germany’s continued rejection of true risk-sharing or fiscal union weakening incentives for struggling member countries to undertake tough reforms. In Japan, an increasingly ineffective Abe administration would implement minimal reforms, leaving potential growth stuck below 1%.
In the US, Trump’s presidency would remain volatile and ineffective, with a growing number of Americans realizing that, despite his populist pretense, Trump is merely a plutocrat protecting the interests of the rich. Inequality rises; the middle class stagnates; wages barely grow; and consumption and growth remain anemic, at barely close to 2%.
But the risks of muddling through extend far beyond mediocre economic performance. This scenario represents not a stable equilibrium, but an unstable disequilibrium, vulnerable to economic, financial, and geopolitical shocks. When such shocks eventually emerge, the economy will be tipped into a slowdown or, if the shock is large enough, even recession and financial crisis.
In other words, if the world does simply muddle through, as seems likely, it could, within three or four years, face a more bearish outlook. The lesson is clear: either political leaders and policymakers demonstrate the leadership needed to secure a better medium-term outlook, or downside risks will materialize before long – and do serious damage to the global economy.
PD3: ¿Qué se descuenta: los beneficios empresariales, o la rebaja impositiva? ¿Qué pasará si no consiguen sacar la ley como las otras de Trump?
This past weekend, I discussed how the current rally since the election has been based on “hopes” for tax cuts and tax reforms as there was little evidence currently to suggest it was based on fundamental underpinnings. To wit:
“Do not be mistaken, this ‘rally’ IS all about tax cuts. Despite many who are suggesting this has been a ‘rational rise’ due to strong earnings growth, that is simply not the case as shown below. (I only use ‘reported earnings’ which includes all the ‘bad stuff.’ Any analysis using ‘operating earnings’ is misleading.)”
“Since 2014, the stock market has risen (capital appreciation only) by 35% while reported earnings growth has risen by a whopping 2%. A 2% growth in earnings over the last 3-years hardly justifies a 33% premium over earnings.”
The chart below expands that analysis to include four measures combined: Economic growth, Top-line Sales Growth, Reported Earnings, and Corporate Profits After Tax. While quarterly data is not yet available for the 3rd quarter, officially, what is shown is the market has grown substantially faster than all other measures. Since 2014, the economy has only grown by a little less than 9%, top-line revenues by just 3% along with corporate profits after tax, and reported earnings by just 2%. All of that while asset prices have grown by 29% through Q2.
But despite the data, many on Wall Street are suggesting the recent string of “record highs”is all about improving fundamentals and not about the “Trump agenda.” To wit:
“Charles Schwab executive Jeffrey Kleintop has a message for supporters of President Donald J. Trump who believe his election is behind recent stock market gains: The rally is not about him.
The president’s advocates attribute the upturn to anticipation of Mr. Trump’s efforts to cut taxes, decrease regulation and increase infrastructure spending. Mr. Kleintop doubts that the president’s anticipated policies have been decisive.
‘The Trump rally doesn’t exist, it’s rooted in the fundamentals.’
What’s driving the markets upward are corporate sales growth and first-quarter earnings, both of which have registered their biggest gains in several years.”
Looking at the data above, not so much.
But let’s expand this data even more back to 1955. The chart below is an expansion of the real, inflation-adjusted, profits after-tax versus the cumulative change to the S&P 500. Here is the important point – when markets grow faster than profitability, which it can do for a while, eventually a reversion occurs. This is simply the case that all excesses must eventually be cleared before the next growth cycle can occur. Currently, we are once again trading a fairly substantial premium to corporate profit growth.
Since corporate profit growth is a function of economic growth longer term, we can also see how “expensive” the market is relative to corporate profit growth as a percentage of economic growth. Once again, we find that when the price to profits ratio is trading ABOVE the long-term linear trend, markets have struggled and ultimately experienced a more severe mean reverting event. With the price to profits ratio once again elevated above the long-term trend, there is little to suggest that markets haven’t already priced in a good bit of future economic and profits growth.
While none of this suggests the market will “crash” tomorrow, it is supportive of the idea that future returns will substantially weaker than in recent years.

No, We Aren’t In A New Secular Bull Market

Are we in a strongly trending “cyclical” bull market currently? Absolutely.
Are we in a long-term “secular” bull market as witnessed in the 80-90’s? Absolutely not.
Jeffrey Saut, the chief investment strategist at Raymond James, currently believes the latter. He suggests there may be nearly a decade left in this “secular bull” market, which is defined as a market that’s driven by forces that could be in place for years.
“I say secular bull markets last 16, 17, 18, 19, 20 years. And even if you start the measuring point in March of ’09, you still ought to have another seven, eight, nine years left in this thing. This is going to be the longest, strongest secular bull market of my career and I’ve been in the business 47 years.”
Personally, I hope he’s right as it would sure make my job of managing money easier for my clients.
However, as noted above, and as shown below, “secular bull markets,” which are long-term growth trends, have never started from 15x valuations and immediately surged to the second highest level on record. Historically, as shown below, secular bull markets are born of excessive pessimism and low valuations that stay in place for years as earnings and profitability grow faster than prices (keeping valuations lower.) Despite Mr. Saut’s hopes, that is simply not the case today as valuations exploded as earnings, economic and profit growth lagged the liquidity induced surge in asset prices.
We can see this more clearly by using a 10-year MEDIAN of Shiller’s CAPE ratio. By smoothing out valuation cycles it becomes substantially easier to see that “secular bull markets” have never been born at these levels, but rather died.
Importantly, the drivers behind the long-term secular bull market of the 80’s and 90’s are trends which simply do not exist currently. In the early 80’s and 90’s:
1.-Inflation and interest rates were high and falling which boosted corporate profitability.
2.-The extreme negative sentiment of the late 70’s was finally undone by the early 90’s.  (At the turn of the century roughly 80% of all individual investors in the market began investing after 1990. 80% of that total started after 1995 due to the investing innovations created by the Internet. The majority of these were “boomers.”)
3.-Large foreign net inflows to chase the “tech boom” drove prices to extreme levels.
4.-The mirage of consumer wealth, driven by declining inflation and interest rates and easy access to credit, inflated consumption, corporate profits, and economic growth.
5.-Corporate profits were boosted by deregulation of industries, wage suppression, outsourcing and productivity increases. 
6.-Pension funding requirements and accounting standards were eased which increased corporate profits. 
7.-Stock-based executive compensation was grossly expanded which led to more “accounting gimmickry” to sustain stock price levels.
The dual panel chart below shows the economic fundamentals versus the S&P 500 and the change that occurred beginning in 1983.  (Red dividing line)
Despite much hope that the current breakout of the markets is the beginning of a new secular “bull” market – the economic and fundamental variables suggest otherwise. Valuations and sentiment are at very elevated levels which are the opposite of what has been seen previously. Interest rates, inflation, wages and savings rates are all at historically low levels which are normally seen at the end of secular bull market periods, not the beginning of one.
Lastly, the consumer, the main driver of the economy, will not be able to again become a significantly larger chunk of the economy. With savings low, income growth weak and debt back at record levels, the fundamental capacity to re-leverage to similar extremes is no longer available.
While stock prices have certainly been driven much higher through the Federal Reserve’s ongoing interventions, that support both in the U.S. and Europe is coming to an end. The inability for the economic variables to “replay the tape” of the 80’s and 90’s, increases the potential of a rather nasty mean reversion at some point in the future. It is precisely that reversion that will likely create the “set up” necessary to start the next great secular bull market. However, as was seen at the bottom of the market in 1974, there were few individual investors left to enjoy the beginning of that ride.
Of course, with the virtual entirety of Wall Street being extremely bullish on the markets and economy going into the end of the year, along with bullish sentiment at extremely high levels, it certainly brings to mind Bob Farrell’s Rule #9 which states:
“When all experts agree – something else is bound to happen.”
PD4: "La revolución del amor comienza con una sonrisa. Sonríe a quien no quisieras sonreír." (Santa Teresa de Calcuta)

25 octubre 2017

miedo e incultura financiera

¿Por qué no se invierte a largo plazo, por qué tenemos tanto miedo, por qué se prefiere dejar el dinero en un depósito al 0%?

Los españoles tienen 800.000 millones de euros en liquidez. Miedo e incultura financiera

"Sí, más de 800.000 millones de euros es la cifra que los españolesmantienen en liquidez ¿Por qué los inversores españoles siguen temerosos, fruncen el ceño cuando se habla de Bolsa? Por miedo: pesa más lo malo que lo bueno ¿Por qué el miedo? Por la escasa cultura financiera. Por ello, hable con sus hijos de finanzas, de sexo, de dinero. Hable con sus hijos. El diálogo siempre es saludable. La incultura es la culpable de la merma de muchos puntos en el PIB nacional. La  población española adulta ha permanecido escolarizada casi 10 años de su vida, de media, frente a los cerca de 12 años que han pasado los habitantes de otros países de la OCDE. Lo dice un estudio del BBVA Research y la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), que nos sitúa a la cola en una lista de 22 estados de nuestro entorno (somos los penúltimos, por delante de Portugal) en tiempo de formación académica y que da muchas claves también sobre hasta qué punto la educación puede contribuir al desarrollo económico de un país. Los investigadores han calculado que cada año de escolarización adicional aumenta la productividad media en un 10%, supone aproximadamente un 30% más de renta per cápita y representa seis puntos menos en la tasa de paro. Los años de escolarización pueden explicar un 80% de la variación en el PIB por persona en edad de trabajar...", me dice un viejo lobo de la Bolsa española que me envía el siguiente apunte:
Muchos españoles se mantienen hoy en depósitos bancarios que ofrecen rentabilidades próximas al 0%. De hecho, en España hay en estos momentos más de 800.000 millones de euros en liquidez, sin que en muchos casos los titulares sean conscientes de que, a la larga, esto derivará en una pérdida de su poder adquisitivo. Ni aún sabiendo esto, muchos de ellos se moverán. Otros, en cambio, se mueven entre la aversión al riesgo y la búsqueda de rentabilidades. Tanto los primeros como los segundos deben tener en cuenta algunas reflexiones importantes, escribe Óscar Graña en Funds People
Quizás la más elocuente es la expuesta por Sebastián Velasco, director general de Fidelity para España y Portugal, en el tradicional almuerzo veraniego celebrado con periodistas: que haciendo esto están perdiendo poder adquisitivo. Lo hemos visto a lo largo de los últimos ocho años, tanto en Europa como en EE.UU. "En la eurozona, lo que en el año 2009 costaba 100 euros hoy cuesta aproximadamente 111 euros, mientras que 100 euros reservados en liquidez entonces actualmente serían 102. En EE.UU. ocurrió algo parecido y lo que costaba 100 dólares en 2009 hoy costaría 116 dólares y ese dinero en el banco se hubiese convertido en 103 dólares. Es innegable que, debido a la inflación, ha habido una pérdida de poder adquisitivo que hace que el efectivo haya sido la peor clase de activo", asegura. Esto demuestra que invertir en liquidez solo garantiza una rentabilidad que irá perdiendo comba progresivamente con respecto a la inflación.
La regla número uno que deberían saber los que en España atesoran esos 800.000 millones en depósitos y cuentas a la vista es que la conservación del poder adquisitivo y no la seguridad debería regir toda decisión de inversión, afirman Hans-Jörg Naumer y Stefan Scheurer, analistas globales de mercados de Allianz Global Investors. Ambos han elaborado una guía con gráficos ilustrativos en la que exponen cuatro reflexiones que deberían hacerse aquellos que no quieren abandonar los depósitos al 0% y tienen miedo a invertir.
Reflexión # 1: lo importante es que la inflación no merme tu capacidad adquisitiva
Parece que todo gira en torno al tema seguridad, entendiéndose a menudo por seguridad la ausencia de fluctuaciones de las cotizaciones. Pero ha quedado demostrado que si yo guardo hoy 100 euros en el banco, lo más probable es que dentro de diez años ese dinero me sirva para adquirir menos bienes y servicios, lo que deriva en una pérdida de poder adquisitivo real.
“En los últimos años hemos visto que invertir en renta variable puede ser como un viaje en la montaña rusa. Por eso es comprensible que los inversores quieran evitar las fluctuaciones de las cotizaciones. Sin embargo, pasan por alto el riesgo de sufrir una pérdida real de poder adquisitivo, lo cual es todavía más desagradable si consideramos que en la actualidad los tipos de interés de las cuentas de ahorro son prácticamente nulos. Tampoco los bonos soberanos sirven ya. Quien quiera conservar su capital no puede tener entre sus exigencias principales la ausencia de fluctuaciones de las cotizaciones, sino que su exigencia mínima a la hora de invertir debería ser, más bien, la conservación del poder adquisitivo”, recuerdan desde Allianz Global Investors.
En la gestora hacen un simple cálculo que demuestra lo rápido que la inflación merma el poder adquisitivo: el de alguien que guarda hoy 100 euros debajo del colchón o lo deja aparcado en un depósito bancario al 0%. “Suponiendo una inflación anual que rondase el objetivo del BCE a medio plazo, que es ligeramente inferior al 2%, dentro de diez años con ese dinero solo tendría para comprar artículos por valor de poco más de 80 euros. Al cabo de 20 años, el valor de ese dinero habría bajado a menos de 70 euros. Y si, en este supuesto, la inflación subiera al 4%, en tan solo 10 años su dinero valdría menos de 70 euros. Al cabo de 20 años, ni siquiera le alcanzaría para comprarse algo que costase 50 euros. Visto así, el mayor riesgo es no querer correr ningún riesgo”, afirman.
Reflexión # 2: conócete a ti mismo y cuestiónate tus aspiraciones
Según explican desde la gestora, los hallazgos de la behavioral economics nos llevan siempre a una misma conclusión: nuestro cerebro es la culminación de un proceso de desarrollo que ha durado miles de años. En consecuencia, aún hoy tendemos a mostrar patrones de conducta de la Edad de Piedra, que no siempre pueden explicarse racionalmente. Así, a menudo vemos el mundo de las inversiones dentro de un determinado marco, es decir, vemos lo que queremos ver y, como resultado, a veces excluimos alternativas mejores. Tendemos a “seguir a la manada” o a actuar impulsados por estados de ánimo que son precisamente los que llevan a los inversores a ir del miedo a la avaricia, y viceversa. También es muy común el hecho de que sufrir una pérdida nos produzca un disgusto mayor que placer nos suscita embolsarnos ese mismo importe.
“En la mayoría de los casos es mejor seguir la sabiduría de los indios dakotas, a los que se les atribuye esta máxima: si el caballo está muerto, desmonta. Todavía hoy nos encontramos con inversores que compraron una determinada acción a principios de la década de 2000 por 60 u 80 euros y están esperando a que su cotización vuelva a esos niveles. Si hubiesen vendido y cambiado a una cesta amplia de renta variable alemana y europea, ya se habrían recuperado con creces de aquellas caídas de cotización. La consecuencia es que llevan más de una década dejando escapar revalorizaciones. Por eso es importante conocerse a sí mismo y cuestionarse la forma de actuar”. (Gráfico 1: patrones de conducta típicos).
Reflexión # 3: la ley fundamental de las inversiones es ir a por las primas de riesgo
Los inversores de éxito lo saben: sin riesgo no hay primas de riesgo; esta es la verdadera ley fundamental de toda inversión. “La lógica subyacente es que todo aquel que invierte asumiendo un mayor riesgo debería poder esperar que, con el tiempo, esas inversiones generen una rentabilidad mayor que otras inversiones alternativas carentes de riesgo y que, por tanto, prometen menos beneficios”. En el gráfico 3 se muestra qué primas de riesgo cabe atribuir a las distintas clases de activo.
Hasta aquí la teoría. Ahora, el caso práctico. El estudio del periodo de tiempo completo, comprendido entre 1801 y el fin de 2015, revela claramente cuál fue el efecto de las primas de riesgo de las acciones. Si en 1801 un inversor hubiese invertido un dólar en bonos soberanos de ese país, llegado el fin de 2015 habría ganado algo más de 1.550 dólares, y eso tras el ajuste por poder adquisitivo. En el mismo periodo, con una inversión en acciones habría ganado más de 1,4 millones de dólares. “Por supuesto, la historia no se repite, pero podemos aprender mucho de ella. La lección es que la asunción de mayores riesgos se recompensó a ojos vistas en el caso de las acciones. Teniendo en cuenta el poder adquisitivo, la renta variable ha ofrecido más seguridad que la renta fija”.
Reflexión # 4: invertir antes que especular
No hace falta ser un experto y seguir continuamente la evolución de las cotizaciones y los acontecimientos del mercado para identificar los momentos oportunos para invertir y desinvertir. Lo bueno es que el que quiere hacer crecer su capital a largo plazo no especula, sino que invierte. Con especular en Allianz Global Investors se refieren a apostar a corto plazo por movimientos de las cotizaciones y, con invertir, a poner el dinero a trabajar de medio a largo plazo. En el gráfico 5 la gestora explica la diferencia con distintos segmentos del mercado de renta variable.
“Tomemos el ejemplo de la renta variable europea: los que en los últimos 25 años invirtieron en una cesta bien diversificada de acciones europeas consiguieron, por término medio, una rentabilidad de casi el 8%. Si se hubieran perdido las mejores 20 jornadas de la bolsa, por ejemplo a la espera de cotizaciones más ventajosas para entrar, solo habrían obtenido una rentabilidad de menos del 2%. Y si se hubieran perdido las mejores 40 jornadas, habrían sufrido una pérdida del 2,3 % anual por término medio. La mayoría de las veces el mejor método es dejar que el dinero siga trabajando. El riesgo de perderse las mejores jornadas de los mercados de capitales es muy elevado. En la bolsa nadie toca la campana para avisarnos de cuándo entrar o salir de una inversión”.
PD2: Esto dice el Papa para confesarse:
Al explicar cosas a veces complejas de explicar el Papa Francisco tiene el don de la brevedad sin detrimento de lo que es necesario incluir al decir lo que dice. Lo ha vuelto a hacer al explicar el sacramento de la reconciliación (penitencia o confesión). Los cinco párrafos centrales son estos:
1."En la celebración del Sacramento de la reconciliación, el sacerdote no representa solamente a Dios, sino a toda la comunidad, que se reconoce en la fragilidad de cada uno de sus miembros, que escucha conmovida su arrepentimiento, que se reconcilia con Él, que lo alienta y lo acompaña en el camino de conversión y de maduración humana y cristiana".
2.Alguno puede decir: “Yo me confieso solamente con Dios”. Sí, tú puedes decir a Dios: “Perdóname”, y decirle tus pecados. Pero nuestros pecados son también contra nuestros hermanos, contra la Iglesia, y por ello es necesario pedir perdón a la Iglesia y a los hermanos, en la persona del sacerdote.
3.“Pero, padre, ¡me da vergüenza!”. También la vergüenza es buena, es saludable tener un poco de vergüenza. Porque cuando una persona no tiene vergüenza, en mi país decimos que es un ‘sinvergüenza’. La vergüenza también nos hace bien, nos hace más humildes. Y el sacerdote recibe con amor y con ternura esta confesión, y en nombre de Dios, perdona.
4.También desde el punto de vista humano, para desahogarse, es bueno hablar con el hermano y decirle al sacerdote esas cosas que pesan tanto en mi corazón: uno siente que se desahoga ante Dios, con la Iglesia y con el hermano. Por eso, no tengan miedo de la Confesión. Uno, cuando está en la fila para confesarse siente todas estas cosas – también la vergüenza – pero luego, cuando termina la confesión sale libre, grande, bello, perdonado, limpio, feliz. Y esto es lo hermoso de la Confesión.
5.Quisiera preguntarle, pero no responda en voz alta ¿eh?, responda en su corazón: ¿cuándo fue la última vez que se confesó? ¿Dos días, dos semanas, dos años, veinte años, cuarenta años? Cada uno haga la cuenta, y cada uno se diga a sí mismo: ¿cuándo ha sido la última vez que yo me he confesado? Y si ha pasado mucho tiempo, ¡no pierda ni un día más! Vaya hacia delante, que el sacerdote será bueno. Está Jesús, allí, ¿eh? Y Jesús es más bueno que los curas, y Jesús te recibe. Te recibe con tanto amor. Sea valiente, y adelante con la Confesión».