27 abril 2026

40.000 millones de dinero que no podemos destinar a otras cosas

El gasto en intereses de la deuda rompe en España la barrera de los 40.000 millones por primera vez

Los datos publicados por el Gobierno confirman las previsiones, que apuntaban a que se superaría la cifra en 2025

El gasto en intereses de la deuda rompe en España la barrera de los 40.000 millones por primera vez

El coste de la deuda pública supera ya los 40.000 millones de euros. Rompió esta barrera por primera vez en 2025, tal y como se había anticipado que ocurriría, según los datos publicados por el Ministerio de Hacienda. En concreto, el gasto en intereses se situó en los 40.314 millones, casi un 4% más que un año antes, cuando cerró en los 38.793 millones. 

Son 1.500 millones más en el último año. En 2024 el coste del endeudamiento ya marcó con esa cifra un nuevo máximo, superando el de 2014, cuando se el gasto en intereses de la deuda fue de 36.706 millones. El mínimo se produjo antes de la crisis financiera de 2008, en el año 2006, con un gasto anual de 16.168 millones.

Desde entonces se ha incrementado ya en casi 25.000 millones, un 149%. Según las previsiones del Gobierno, que sitúan el gasto en intereses en 2026 en los 42.059 millones, 20 años después el gasto en intereses en términos nominales habrá crecido alrededor de un 160%.

La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) plantea un incremento algo mayor, hasta el entorno de los 43.300 millones de euros. En términos relativos, representará el 2,5% del PIB, una décima más que en 2025. En todo caso, aún lejos del máximo de 2013, cuando el peso de los intereses sobre el PIB alcanzó el 3,6%.

Uploaded Image

El coste de financiación

La evolución del gasto de intereses está directamente relacionada tanto con la acumulación de deuda como con sus condiciones de financiación. Según los últimos datos publicados por el Banco de España, la deuda pública se ubica en los 1,723 billones de euros, un nivel histórico no visto antes. En relación al PIB, continúa ligeramente por encima del 100%, tres puntos por encima del nivel de 2019.

A pesar del elevado nivel de endeudamiento, el gasto de intereses ha permanecido en un nivel reducido debido a las favorables condiciones de financiación de la anterior década. Sin embargo, el año 2022 supuso un punto de inflexión, con la subida de tipos del Banco Central Europeo (BCE) para poner freno a la inflación.

Las proyecciones de la AIReF apuntan a que el coste medio de la deuda se mantendrá contenido en el medio y largo plazo, pero en valores superiores a los observados en la anterior década. Tras repuntar el tipo medio para las nuevas emisiones del 0% en 2021 al 3,2% en 2024, y un descenso al 2,7% en 2025, proyecta un aumento gradual hasta alcanzar el 3,8% en 2070.

Uploaded Image

De momento, el coste medio de las nuevas emisiones en los primeros meses del año se sitúa en el 2,8%, ligeramente por encima de 2025. Las incógnitas están marcadas ahora por el camino que tomará el BCE ante el repunte de la inflación por la guerra en Oriente Medio, pudiendo provocar un endurecimiento de las condiciones de financiación.

En todo caso, la AIReF apunta que la vida media de la cartera sigue estabilizada en los valores máximos, en torno a los 8 años, lo que ha suavizado el impacto de la subida de los tipos de interés de los últimos años. El resultado es que el coste medio de la deuda en circulación ha aumentado en 64 puntos básicos entre 2021 y 2025, frente al aumento de 250 puntos básicos en los tipo oficiales.

Abrazos,

PD: ¿Importan las cosas que hacemos? Cada vez nos preocupan menos, aunque sean actos malos…

Hay un pasaje en Confesiones de San Agustín que lleva quince siglos incomodando a quien lo lee despacio.

Agustín roba unas peras. No tiene hambre. No las quiere. Las tira a los cerdos. Y en lugar de pasar página se obliga a entender por qué lo hizo.

La respuesta que encuentra es peor que cualquier excusa: lo hizo porque sí. Por el placer de saltarse la línea. Sin premio, sin motivo, sin hambre. El acto puro de hacer lo que no debía solo porque podía.

Lo interesante es que no se perdona con una explicación cómoda. Se sienta delante del hecho hasta que le devuelve algo útil.

La mayoría hacemos lo contrario. Actuamos, justificamos y archivamos. El gasto que no tocaba, la palabra que sobraba, la decisión que sabíamos mala antes de tomarla. Pasamos página rápido porque mirar de frente lo que hicimos sin motivo tiene un coste que preferimos no pagar.

Agustín convirtió unas peras robadas en una de las páginas más lúcidas que se han escrito sobre el autoengaño. Todo porque se hizo la pregunta que casi nadie se hace: ¿para qué hice esto, si no lo necesitaba?