Como sabes, el sábado me dio un infarto. Con lo joven que soy. No entendía nada, salvo el puñetero tabaco que echaré de menos el resto de mi vida… Lo curioso fue ese mismo día: 16:00 horas: Hospital Puerta Hierro, me atiende un cardiólogo muy joven, que hacía guardia. Como suelo hacer, le doy palique, para que se sienta más cómodo. Su cara me inspiraba esa energía de la juventud que hacen lo que sea. Pensé: estoy en buenas manos. Por la noche todo se torció. Me dijo que me iba a parar el corazón y arrancármelo con las palas para quitarme una arritmia grande que no le gustaba, pero que me dormía para que no lo viera. No funcionó. Siguió con medicinas a saco para quitar eso que no quería que tuviera: tampoco funcionó y me hijo un neumo tórax (no sé lo que es). Cuando le veía con la cara muy preocupada le fui dando ánimo: que yo estaba preparado para morirme y que él hiciera lo que pudiera, que todo saldría bien, y que sino que yo ya había tenido una vida plena. Por ultimo a las 03:00, me dijo que el cateterismo para meterme un stent, que me iban a hacer el lunes, me lo tenía que adelantar, que no podíamos esperar más… Lo consiguió y después de tanto lio, empezó a sonreír a las 06:00 de la mañana. Me di cuenta, estaba fuera de peligro… Se llama Juan Carlos Lopez Azor. Y es un fenómeno. Le pedí que me hiciese el seguimiento. Y nos dimos un fuerte abrazo de gratitud. Le debo la vida porque la tentación podía haber sido haber tirado la toalla… Y él aguantó, fue probando hasta que me estabilizó.
En teoría no puedo trabajar en dos meses. No aguantaré ni de coña, me aburriría. Así que puede que cambie estas semanas la frecuencia de los emails, pero lo que necesites, me tienes al teléfono
Un fuerte abrazo,
PD: No le pidas a Dios una vida sin cruces.
Pídele la fe para abrazarlas, la fuerza para cargarlas y la humildad para entender que, incluso cuando no comprendes el camino, Él sabe hacia dónde te lleva.
A veces, confiar también es caminar sin ver.