09 julio 2019

desglobalización

Nos hemos pasado muchos años hablando de los efectos positivos de la globalización… Lo hemos visto en nuestras carnes en la inflación, cada vez más contenida… Pero desde Trump, no hacemos más que hablar de la desglobalización, de proteccionismo y tal, de los miedos de volver atrás. Quizás no sean tan malos los augurios…
El comercio global sigue estancado. Tal y como auguraban los malos datos de comercio exterior de Singapur (nuestro indicador adelantado) para el mes de abril, los correspondientes al volumen del comercio internacional en ese mismo mes han sido malos también, -0,7%, aunque, a la vez, se revisaban al alza los datos de marzo desde el +0,5% al +0,8% en tasa intermensual.
En tasa anual, la variación es de +0,10% (véase la parte superior del gráfico) con lo que, aunque la situación ha mejorado desde diciembre, se sigue estando (en términos de crecimiento) como en julio de 2016, uno de los peores momentos de los últimos años. En el gráfico se ve la evolución del crecimiento anual del comercio mundial (parte superior) y del comercio exterior de Singapur (parte inferior). Su correlación directa es muy elevada: 0.86.
Las proyecciones que se hacen para el crecimiento del PIB mundial (3,3% según el FMI para 2019) son bastante mejores que las cifras de variación del volumen del comercio global por lo que se puede afirmar que el proceso de desglobalización sigue su marcha (se entiende que la globalización avanza cuando el comercio mundial crece más que el PIB mundial y que retrocede cuando se da el fenómeno inverso). Recuérdese que la globalización fue, en mayor o menor medida, el motor del crecimiento mundial entre 1980 y 2008.
Pero, ¿y si el próximo motor del crecimiento mundial fuera precisamente la desglobalización? Sería una afirmación contraintuitiva pero que da para pensar y debatir.
En mi periodificación de las crisis he apuntado con frecuencia que, a partir de 2018, vendría una etapa de crecimiento sostenido. Los argumentos para que eso fuera así se basaban en que, tras la recapitalización del sector bancario, el crédito al sector privado se recuperaría y la productividad también, sentándose las bases de esa onda de crecimiento de largo plazo. El problema es que se llegó a 2018-2019 con una evidente fatiga de la economía de EEUU, tras 120 meses de expansión, y en pleno giro de la economía china hacia una nueva etapa en que se dé prioridad al consumo frente a la inversión. Una etapa por tanto de transición y reformas estructurales que debe completarse antes de que se produzca esa arrancada del ciclo expansivo de largo plazo.
Sin embargo, y utilizando de nuevo la expresión de San Pablo de que “el espíritu sopla donde quiere” pudiera ocurrir que las bases de ese crecimiento futuro se estuvieran sentando ya sin que nos diéramos cuenta gracias a las políticas que está aplicando Donald Trump de forzar a que la producción de las empresas norteamericanas se relocalice en Norteamérica.
Esa tesis tan sorprendente está recogida en el primer artículo recomendado hoy (que también apareció ayer entre los artículos recomendados) y su autor es Charles Gave, cofundador de la empresa de análisis Gavekal. Y viene a decir los siguiente:
En la era de la globalización y con grandes empresas transnacionales que se han transformado en monopsonios del factor trabajo la teoría de las ventajas competitivas, que es la base teórica del libre comercio, deja de tener sentido. Ya no estaríamos en “el mundo de David Ricardo” (1772-1823) sino en el Joan Robinson (1903-1983) en el que esos “monopsonios laborales” harían que la mayor parte del valor añadido fuera al capital dejando para los trabajadores las migajas.
(Estaríamos también en el mundo de principios del siglo XX en que el Presidente de EEUU Theodore Roosevelt impulsó su legislación anti-monopolio).
En el caso de EEUU, con Donald Trump obligando a esas grandes “empresas-plaraforma” a producir en el país si quieren vender en el mercado interior (y, si no, forzándolas a pagar elevados aranceles) les haría competir por el factor trabajo dentro de EEUU, lo que impulsaría los salarios al alza, una situación muy diferente de la actual, consecuencia de la globalización, en que los monopsonios laborales solo piensan en cómo reducir los costes laborales (para lo que deben saltarse los límites fronterizos). Esto forzaría que volvieran las condiciones perdidas que permiten un crecimiento económico óptimo. Eso haría también que las Bolsas de EEUU se comportaran mucho mejor que las del resto del mundo pues, con la relocalización a EEUU de esas “empresas-plataforma”, los demás países se encontrarían con un exceso de capacidad y, por tanto, una rentabilidad sobre el capital invertido (ROIC) inferior.
El artículo termina diciendo que los días de las empresas-plataforma globalizadas están contados. Que las empresas se relocalizarán y quedarán tres grandes zonas de producción: USA, Europa y Asia, con el intercambio entre ellas mucho más caro y dificultoso que en el pasado reciente.
Como contaba Tom Wolfe que decía todo el mundo, asombrado, mirando a Marshall Macluhan en los años 1960s: “¿Y si tiene razón?”
Y ahora, mirando a Trump, ¿y si tiene razón?
El espíritu sopla donde quiere…
Estancamiento del comercio global
Abrazos,
PD1: Hoy cumplo 31 años de casado. Parece que fue ayer. He tenido una vida plena, llena de satisfacciones…, con muy pocos disgustos, algo por lo que doy todos los días muchas gracias a Dios y a mi doña, que la sigo queriendo, viendo la que hemos liado!!!