21 enero 2020

hay matices

No todo es alegría en la firma del primer acuerdo…
La expectativa de la firma del acuerdo comercial entre EE.UU. y China ha sido uno de los catalizadores de las bolsas en las últimas semanas. Finalmente, tras diversas demoras, se ha firmado la llamada fase I del acuerdo comercial. Se escenifica una tregua, pero está lejos de alcanzarse la paz comercial entre EE.UU. y China.
Gracias a la firma de este acuerdo, EE.UU. no aplicará los aranceles cuya entrada en vigor estaba prevista el pasado 15 de diciembre. Adicionalmente, se reducen del 15% al 7,5% los aranceles que entraron en vigor el pasado septiembre. Aun con estas rebajas, la tasa media de arancel aplicada a los productos chinos importados por EE.UU. es del 19,1%, frente a apenas el 3% de comienzos de 2018. Por lo tanto, el acuerdo firmado sólo evita un empeoramiento aún mayor del nivel de aranceles aplicados, pero están lejos de revertirse las medidas arancelarias tomadas en los últimos dos años desde que se inició la guerra comercial.
Como parte del acuerdo, China se compromete a aumentar sus importaciones de productos estadounidenses en un importe de $200.000 millones en dos años. De cumplirse supondría casi doblar las importaciones actuales que ascendían a $124.000 millones en 2017. Sólo en productos agrícolas, China se compromete a adquirir entre $40.000 millones y $50.000 millones procedentes de EE.UU. Dichas cifras contrastan con los $6.000 actuales o el máximo de $24.000 millones en 2017. En caso de no cumplirse el volumen de compras por parte de China, EE.UU. volvería a aplicar los aranceles que el acuerdo ha dejado sin efecto.
Parece altamente improbable que China sea capaz de cumplir el acuerdo aumentando las importaciones de productos americanos en la cuantía prevista. En cualquier caso, el aumento de las importaciones de productos estadounidenses irá en detrimento de las importaciones realizadas a otros países. Así, tras la firma del acuerdo en las condiciones mencionadas los grandes perjudicados serán el resto de países que exportaban productos a China, siendo Europa especialmente perjudicada. Si China dobla sus importaciones de productos estadounidenses será porque deja de comprar dichos bienes a otros productores.
Con todo, la fase I era la parte fácil de las negociaciones. Ahora, con el inicio de las negociaciones de la fase II se tratarán aspectos en los que la consecución de acuerdos será mucho más difícil. Entre estos temas destacan: las ayudas públicas a empresas "privadas"; la protección de la propiedad industrial y los datos; la piratería de software y de secretos industriales; o la liberalización de las inversiones extranjeras directas.
Para visualizar la dificultad de los acuerdos ante las dispares filosofías de ambos países, basta mencionar que China ha aprobado una ley criptográfica que prohíbe las redes virtuales privadas en su país. De tal manera que los correos electrónicos de las empresas y todo el flujo de datos generado estarán a disposición de la agencia china de ciberseguridad.
Dicha ley vulneraría los principios de privacidad de cualquier país occidental, pero el sistema chino no está basado en nuestros criterios occidentales.
A pesar de la celebración de la tregua que supone la firma de la fase I del acuerdo por parte de los inversores, parece inevitable que las tensiones entre EE.UU. y China sigan vivas, incluso de una forma creciente, generando volatilidad en los mercados financieros. Habrá que seguir atentos a los tweets de Trump.
Abrazos,
PD1: El otro día fue el evangelio donde unos  metían al paralítico por el tejado. El cura nos dijo en la homilía un aspecto que nunca me había fijado. Es un texto evangélico ya que otros tratan de mostrar al Señor, como sea, al necesitado, al que requiere misericordia.
¿Y nosotros qué? Hacemos esos esfuerzos por mostrar a Jesús a los demás, o nos conformamos con lo fácil, con lo que no nos incomoda. Ojalá tengamos tanta fe como para romper los tejados si hiciera falta…

20 enero 2020

Hace fácil lo que no es y cuesta mucho

¿Y el futuro de todos qué?

¿Cuánto nos cuesta revalorizar las pensiones un 0,9%?

Haber incrementado las pensiones de 2020 un 0,9% equivaldría a sustraer hoy una media de entre 800 y 900 euros por trabajador para sufragar ese compromiso de nuevo gasto

El Gobierno PSOE-Podemos utilizó el Consejo de Ministros del pasado martes para incrementar las pensiones en un 0,9% (una décima por encima del IPC) frente al límite del 0,25% impuesto por el índice de revalorización de las pensiones. En principio, se nos ha dicho que la medida supondrá un desembolso aproximado de 1.400 millones de euros y dado que, si hubiésemos revalorizado las pensiones al 0,25%, el gasto se habría acrecentado en 400 millones de euros, cabría considerar que su sobrecoste real será de 1.000 millones de euros: cuantía que aparentemente resulta asumible para las arcas públicas.
Sucede que esos 1.000 millones euros son únicamente el sobrecoste en el que incurriremos en 2020. Pero, obviamente, esos 1.000 millones de euros tendrán que volver a abonarse año tras año a partir de 2020 y, además, de manera acrecentada: a saber, en 2021, esos 1.000 millones de gasto adicional se revalorizarán nuevamente al IPC o, si se mantiene la reforma de 2013 en vigor, al 0,25%, y en 2022, esos 1.000 millones revalorizados al IPC de 2021 o al 0,25% deberán volver a incrementarse según el IPC de 2022 o al 0,25%. Por consiguiente, el sobrecoste de aumentar las pensiones de 2020 un 0,9% no son solo 1.000 millones de euros —puesto que ese nuevo gasto se consolida (revalorizadamente) año tras año en el sistema— sino la suma de todos los desembolsos futuros adicionales a los que el Gobierno se comprometió el pasado martes.
Siendo así, ¿cuál será el sobregasto acumulado durante los próximos años? De entrada, recordemos que este sobregasto anual es únicamente imputable a los pensionistas actuales: los pensionistas que entren en el sistema a partir de 2021 cobrarán las pensiones que les correspondan según su base reguladora, al margen de si en 2020 se han revalorizado o no los ingresos de los pensionistas presentes. Por consiguiente, a todos los efectos, la operación equivale a que el Estado se ha comprometido a pagar 1.000 millones de euros más al año (indexados al IPC o a un 0,25%) a los pensionistas actuales: conforme estos se vayan dando de baja del sistema, ese compromiso se irá extinguiendo (aquí puede consultarse una metodología similar a la expuesta).
Así pues, ¿cuántos años, como media, tendrá que honrar el Estado ese compromiso? La edad media actual del conjunto de pensionistas es de 72 años y la esperanza de vida una vez superados los 65 años se ubica en 87 años. Dado el previsible incremento de la esperanza de vida que se seguirá produciendo a lo largo de la próxima década, podemos considerar que tales pagos se seguirán produciendo durante 18 años: esto es, el Estado asumió este martes el compromiso de abonar 1.000 millones de euros anuales (revalorizados al IPC o al 0,25%) a los pensionistas actuales durante 18 años. En tal caso, el sobregasto acumulado a lo largo de todo ese periodo oscilará entre 19.500 millones de euros (si sucesivamente se revalorizan esos 1.000 millones de euros al 0,25% anual) y 21.800 millones de euros (si sucesivamente se revalorizan las pensiones al IPC y tomamos un valor medio de la inflación del 1,5% al año).
Reunión del Consejo de Ministros. (EFE)
Ahora bien, dado que se trata de gastos futuros y no de gastos presentes, debemos descontar esas cifras a su equivalente actual: de este modo, si suponemos un tipo de interés del 2% a modo de factor de descuento, tendremos que el sobrecoste presente de haber revalorizado las pensiones de 2020 un 0,9% (en lugar de un 0,25%) oscilará entre unos 16.000 millones de euros (si sucesivamente se revalorizan al 0,25%) y 18.200 millones de euros (si sucesivamente se revalorizan las pensiones al IPC y tomamos un valor medio de la inflación del 1,5% al año).
Nótese que un sobrecoste presente de entre 16.000 y 18.200 millones de euros equivale, para una población ocupada de 20 millones de trabajadores, a un sobrecoste por persona de entre 800 y 900 euros. Expresado de otra forma, haber incrementado las pensiones de 2020 un 0,9% equivaldría a sustraer hoy (vía cotizaciones sociales) una media de entre 800 y 900 euros por trabajador para sufragar ese compromiso de nuevo gasto. Eso es lo que realmente nos cuesta la medida que ha tomado Sánchez esta semana y no los 1.400 millones de euros que ha aireado el Gobierno.
Evidentemente, no parece demasiado sostenible sobrecargar año tras año a los trabajadores con este tipo de losas financieras, de modo que, si se pretenden reindexar las pensiones al IPC, a medio plazo avanzaremos a la reforma que planteó Escrivá mientras ocupaba la presidencia de la AIReF: reindexarlas a costa de recortar el número y la cuantía de las pensiones futuras. Solidaridad intergeneracional, lo llaman.
Abrazos,
PD1: Jesús nos conduce al reposo en Dios. Él es, ciertamente, un Padre exigente, porque nos ama y nos invita a darle todo, pero no es un verdugo. Cuando nos exige algo es para hacernos crecer en su amor. El único mandato es el de amar. Se puede sufrir por amor, pero también se puede gozar y descansar por amor…

17 enero 2020

escenarios del futuro

El futuro nunca va a ser como el pasado. Nunca lo ha sido y ahora mucho menos. Demasiada innovación, demasiados cambios de hábitos, demasiada tecnología… Pero el ser humano primará sobre el resto. Muy interesante:

Escenarios del futuro

Hoy quiero contaros el resultado de una lectura reciente (aquí). El autor hace algunas consideraciones sobre el futuro de la economía inglesa, pero no lo hace como siempre, formulando predicciones económicas de crecimiento, empleo, inflación, etc., sino «pintando» cuatro escenarios de lo que puede ser esa economía en, digamos, 2035. No pretende acertar en esos escenarios, sino más bien presentar trozos de cómo será el país dentro de quince años. Y me parece que esos escenarios tienen sentido también para España, y para otros muchos países. Lo que cambiará es, probablemente, la intensidad e importancia relativa de cada uno de esos escenarios.
Al primero lo llama «economía big tech». Las máquinas se imponen, el mundo cambia rápidamente, la productividad crece, aparecen nuevos productos y servicios de alta calidad… Los empleos del futuro son: desarrolladores de software, ingenieros de transformación digital, más un ejército de abogados y consultores de relaciones públicas en las empresas de big tech.
El segundo es la «economía de precisión». Los big data se adueñan de las cadenas de suministro, el comercio tradicional desaparece, todos estamos sujetos al ojo vigilante de los explotadores de los datos. Empleos al alza: analistas de cambio de conductas, científicos de datos, directivos de reputación…
El tercero es la «economía de la empatía», la reacción al dominio de la tecnología. La gente busca experiencias auténticas y más interacción personal; un futuro de servicio responsable, sobre todo en sectores basados en la relación humana: educación, entretenimiento y servicios superpersonalizados. Ocupaciones en asesores de marca personalizados, infometristas en social media, desintoxicadores digitales y consultores de autenticidad.
El último escenario es la «economía del éxodo», consecuencia de una posible nueva crisis como la de 2008: la adopción de las tecnologías se frena, la inversión cae, los salarios se estancan, austeridad, inestabilidad política, problemas de cambio climático exacerbados… se pierde la fe en el capitalismo, se vuelve a la economía del trueque y al proximidad, a las cooperativas y la ayuda a corta distancia…
El autor aclara que, sea cual sea el escenario dominante en 2035, serán los humanos, no los algoritmos, los que decidirán cómo dejaremos que las tecnologías afecten a nuestras vidas. Una conclusión optimista, pero razonable: no hay nada escrito sobre el futuro; los determinismos fracasan siempre ante la libertad e iniciativa de los humanos, aunque, eso sí, nuestros aprendizajes son lentos y dolorosos.
Abrazos,
PD1: Ayer en Misa me emocioné con la liturgia. Estuve un poco más atento de lo habitual. ¡Cuántas veces estás en Misa y te olvidas de lo que oyes y rezas por unos y otros sin más! Pues ayer tuve una experiencia muy bonita que es escuchar todo lo que se decía… Y lo llevamos haciendo un montón de siglos más o menos igual, mismas oraciones, mismas peticiones… ¿Qué sería de nosotros si no pidiéramos?

16 enero 2020

deficit primario

Se incumplen todas las promesas… Seguimos sin corregir el déficit primario:

Otro año sin superávit primario, la gran promesa del Gobierno a los inversores

BBVA estima que España cerró 2019 con un déficit primario de 2.000 millones de euros. El incremento del gasto habría elevado el déficit estructural primario hasta el 0,7% del PIB

En octubre de 2018, el flamante Gobierno de Pedro Sánchez envió a la Comisión Europea su primer Plan Presupuestario. Para comunicar todas las novedades, el presidente convocó un Consejo de Ministros extraordinario liderado por las ministras de Economía y Hacienda, Nadia Calviño y María Jesús Montero. En ese momento, el Gobierno lanzó uno de los anuncios más importantes de su compromiso con la estabilidad presupuestaria: “Por primera vez desde 2007, España va a registrar superávit primario, descontados los intereses de la deuda pública, lo que implica reducir la deuda”.
Esas palabras de Calviño, ahora vicepresidenta económica del Gobierno, podrían complicarse ahora. BBVA Research estima que España tampoco logró el superávit primario anunciado en 2019. A falta de los datos oficiales del cierre del año, la entidad cree que el déficit nominal habrá ascendido al 2,4% del PIB, lo que significa que el déficit primario se habría situado entre 0,2 y 0,3 puntos del PIB.
Esto significa que si se descuenta el gasto en intereses de la deuda (inferior al 2,2% del PIB), el saldo de las administraciones públicas todavía presenta un déficit de entre 2.000 y 3.000 millones de euros. Esta previsión de BBVA Research supone retrasar un año más, y ya irían 12, la consecución del objetivo de equilibrar las cuentas públicas antes de los intereses de la deuda.
La evolución del déficit público a lo largo del año ha sido peor de lo esperado a tenor de los datos mensuales de ejecución publicados por la Intervención General de la Administración General del Estado (IGAE). Y eso a pesar del buen ritmo de la recaudación procedente de las rentas del trabajo (IRPF y cotizaciones a la Seguridad Social). Solo un cierre de año extraordinariamente positivo (en comparación con la serie histórica) conseguiría corregir estas cifras.
BBVA también alerta del riesgo de desviación en 2020. La desaceleración de la economía provoca que los estabilizadores automáticos se enfríen y la reducción cíclica del déficit sea inferior. La entidad estima que sin cambios presupuestarios, el desfase presupuestario apenas se reducirá dos décimas este ejercicio, hasta el 2,2%, lo que complicaría también el superávit primario este ejercicio. Serían necesarios unos Presupuestos restrictivos para asegurar el primer superávit, descontados los intereses de la deuda.
Las previsiones de BBVA van en línea con las que mantienen la Comisión Europea, el Banco de España y el panel de Funcas, que también estiman que el déficit público se situó en el 2,4% del PIB en 2019. Solo el Gobierno y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) confían todavía en que el cierre de 2019 haya dejado el primer superávit primario desde 2007.

Sube el déficit real

Aunque el déficit nominal se haya reducido levemente en 2019, el déficit estructural (real) habría aumentado por segundo año consecutivo, según las previsiones de BBVA Research. La entidad estima que el déficit primario ajustado del ciclo económico habría ascendido hasta el 0,7% del PIB, esto es, unas tres décimas superior al de 2018.
Esto significa que solo el crecimiento económico logró contener el déficit público a lo largo del año. Sin este avance del PIB, el desfase presupuestario habría crecido en unos 3.000 millones de euros. Las subidas de cotizaciones sociales aprobadas hace un año no habrían sido suficientes para financiar todos los gastos aprobados a lo largo del curso: subida de las pensiones, del salario de los funcionarios, la mejora de la protección a desempleados, la recuperación del gasto sanitario, etc.
“No estamos abriendo los espacios para hacer políticas contracíclicas cuando se necesiten”, explica Jorge Sicilia, economista jefe del Grupo BBVA. En su opinión, “todo lo que vaya en la línea de reducir de manera estructural el déficit público será bienvenido”. Hace tres años, en 2017, España tenía equilibrio presupuestario estructural y ahora tendría un déficit del 0,7% del PIB. Esta estimación va en la misma dirección que la última revisión de la Comisión Europea, que elevó el déficit estructural total de 2019 hasta el 3,1% del PIB, dos décimas por encima del dato de 2018 y por encima ya del umbral del 3%.
Este deterioro de la posición fiscal de España es el resultado de las políticas fiscales expansivas de los gobiernos de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. El panel de analistas de Funcas ha lamentado en numerosas ocasiones el tono expansivo de la política fiscal española, que debería ser neutral o restrictiva en esta fase del ciclo económico. Ninguno de los 19 servicios de estudios que conforman el panel de Funcas cree que la política actual sea restrictiva, sin embargo, 15 creen que es expansiva. Si bien es cierto que ha sido una ayuda para estimular la actividad económica, también lo es que se ha perdido toda esta fase expansiva del ciclo para equilibrar las cuentas públicas.
Abrazos,
PD1: Se han puesto de moda en los colegios e institutos las “peleas de gallos”. No es lo que te imaginas, no son agresiones físicas, sino verbales. Se hace un corro y gana quien insulte más al adversario, mientras todos los jalean… Es muy denigrante ya que es lo menos caritativo que hay en la vida, insultar por insultar…
Y no pienses que esto pasa solo en los colegios, algunos de gran renombre y muy religiosos, sino que pasa también en las cenas con amigos. Sale por azar el nombre de alguno de los no presentes y zasca tras zasca, sin que se pueda defender y sin que haya nadie que cambie la conversación.
Es la gran afición española de hablar mal de de los demás, algo muy dañino, muy poco cristiano. Cuando lo mejor que se debe hacer es no decir nada malo si no se sabe decir lo bueno, o se desconocen las causas… Somos como dioses que estamos por encima del bien y del mal… Es terrible!!!

15 enero 2020

previsiones de Alliance Bernstein

El gran temor que muchos tienen es que el mercado se de la vuelta con contundencia por haber sido muy larga la subida. Quizás esto n ocurra ya que las valoraciones no son muy altas, no son como cuando hubo excesos (años 2000 y 2008). Los precios no son excesivamente caros y seguimos sin tener alternativas…

Equity Outlook: Between Optimism and a Hard Place in 2020

Global stock markets rallied in 2019, defying political and macroeconomic uncertainty. Will investors be as fortunate in 2020? Since many risks remain, maintaining style diversity and finding investing themes that are detached from volatility drivers will be important ingredients for equity allocations.
Investors will look back on 2019 as a curious year for stocks. After a sharp correction at the end of 2018, the MSCI World Index went on to rally by 27% in local-currency terms. But looking at 2019 in isolation is misleading. In fact, stocks have been clawing their way back from the 2018 downturn. The MSCI World only exceeded its September 2018 peak in the second half of 2019 (Display, left).
In developed markets, US large-cap stocks led the global gains (Display above, right). While emerging markets were relatively weak, Chinese stocks—perhaps surprisingly—surged through the constant rumbling of trade war tensions. Cyclical stocks fueled the global rally (Display below, left). And growth stocks led the markets once again throughout most of 2019 (Display below, right), though there were brief signs of a value recovery in the third quarter.
Last Gasps for Bull Market?
Are these the last gasps of a decade-long bull market? This question is on everyone’s mind as the new year begins—and there’s no clear answer. What’s clear is that despite the prolonged climb of stocks, investors are asking whether the conditions that got us here will persist.
So, what powered stocks in 2019? We think the strong sentiment was driven by the fading of worst-case scenarios. Global macroeconomic growth hasn’t collapsed—it has continued to expand at a modest pace worldwide. Loose monetary policies of major central banks and historically low interest rates have continued to provide structural support for stocks. By year-end, global equity market valuations were somewhat high from a historical perspective, though regional markets varied. European and Japanese stocks looked more attractive than their US peers (Display).
No Escape from Volatility
Equity gains were anything but smooth. Over the last two years, stock markets have been much more volatile than in the previous years. Global stocks were up or down more than 1% on 71 days in 2018 and 2019, compared with only five such days in 2017.
Market unrest has been fueled by real concerns. Will the US-China trade war be resolved or deteriorate? Does Brexit threaten European economic and political stability? How will the US presidential election play out? Can the global economy arrest a slowdown? As 2020 began, markets were rattled by new geopolitical tensions after the US killed a senior Iranian general in a drone strike and Iran threatened revenge. Oil prices rose and stocks were shaky amid fears of a broader military confrontation between the US and Iran, as well as potential effects across the Middle East.
These new concerns overshadowed some reassurance that investors received in December about potential relief on two fronts. The first phase of a US-China trade truce offered hope of further de-escalation between the two economic powers. And the resounding victory of Boris Johnson’s Conservative Party in British elections suggested that the UK will have a clearer path to completing Brexit. Still, in both cases, a long and winding road must be traversed before the risks are completely defused and investor worries are fully alleviated.
Even before the trade truce and the UK election, investors were feeling more confident about 2020. A Bank of America survey of 247 fund managers conducted between December 6 and 12 found that, after two years of weakening sentiment, optimism over global economic growth had started to recover. Consensus analyst estimates expect global earnings to increase by a solid 10% in 2020.
Is the Optimism Premature?
It’s tempting to believe that things are getting better. We prefer a balanced view of the risks and opportunities. There are real dangers that cannot be ignored. At the same time, stronger growth, more loose monetary policy and fiscal easing could set the stage for another solid year for stocks. Since it’s nearly impossible to predict inflection points in erratic markets, we think investors should stay in stocks but do so with a degree of style diversification to help offset temperamental market swings.
Last year’s style patterns reinforce the case for scrutinizing style and regional exposures. For most of 2019, growth stocks outperformed value stocks by a wide margin. But value stocks outperformed sharply in September, reminding investors of how quickly style sentiment can turn and refocusing attention on an asset class that has been out of favor for most of the last decade.
Balancing Style and Regional Exposures
The valuation gap between equity styles remains extreme. By year-end, global growth stocks traded at a P/FE ratio of 22.8, versus 13.1 for value, based on the MSCI World Growth and Value indices, respectively. Minimum-volatility stocks, which had become quite expensive during 2019, lagged toward the end of the year.
From a regional perspective, US equities have outperformed other developed markets for more than a decade since the global financial crisis. While US stocks are still an important component of a global equity allocation, we think investors who have been underweight non-US markets should reconsider their positioning.
US Healthcare: Durable Developments
In any equity allocation, current conditions make it especially important to proactively assess the vulnerability of holdings to risks that can’t be easily predicted. Of course, no stock or equity portfolio can be isolated from macro- and market-driven volatility. But holdings that have some degree of business resilience can help provide some stability from market turbulence.
In the US, for example, political risk is widely seen as a source of volatility for the healthcare sector. With a debate raging about private insurance reform and drug pricing, healthcare stocks are widely expected to be unsettled as the November 2020 presidential elections draw closer.
So should equity investors avoid the healthcare sector entirely? We don’t think so. Some healthcare companies that operate in virtuous ecosystems aren’t directly affected by the political debates. In areas such as gene sequencing and robotic surgery, demand for innovative products and services is unlikely be derailed by politics. Healthcare companies with products that offer clear benefits, improve the efficiency of the healthcare system and are profitable should be able to deliver results long after the political hubbub—and the associated sector volatility—fades. Even select health insurers are well positioned for any eventual realignment of the US healthcare sector.
Global Technology: Enduring Trends
Technology trends with staying power can also be found. Look for subindustries and companies in the sector that are impervious to the regulatory issues that shook investors’ enthusiasm toward mega-cap giants in 2019. For example, as devices continue to get smaller, companies with technological advantages to help enable the production of high-quality shrinking semiconductors should enjoy a solid demand, in our view.
IT services also offer attractive potential. As companies across industries undergo digital transformations, IT services and tech companies that provide new cloud-based services should benefit. The reason is simple. Digitalizing businesses is no longer an option—it’s essential for unlocking greater efficiencies and profitability, especially in a low-growth world.
High Conviction to Take the Heat
What do the disparate trends mentioned above have in common? First, they aren’t directly tied to a macroeconomic or political outcome. That doesn’t mean companies in these industries are immune to volatility, but it suggests that over the long term, their fundamentals should prevail. Second, finding companies in these areas and developing high conviction in them requires deep fundamental research.
At the same time, it’s essential to make sure an overall allocation is diversified; it would be imprudent to just stay overweight sectors and styles that have done well recently given the speed at which equity market sentiment can shift. Alternatively, core equity portfolios can be used to neutralize style biases, and low-volatility equity portfolios can be constructed to provide defensive positioning for potential downturns.
Investors who stayed on the sidelines in 2019 because of volatility in 2018 paid a heavy price for choosing not to participate in the market. By using fundamental research to find companies that can take the heat in stride and building strategic allocations that can capture return potential with volatility awareness, investors can gain the confidence to stay in the market through challenging times ahead in 2020.
Abrazos,
PD1: En la vida cristiana no basta con saber, con leer libros y más libros, con aprenderse todo de pe a pa… Sin salir de uno mismo, sin encontrar, sin adorar, no se conoce a Dios. La vida cristiana es una historia de amor con Dios.