¿Es sostenible el nivel de deudas
que acumulamos?
Deuda de las familias: 707.000
mill euros
Deuda de las empresas: 967.000 mill euros
Deuda pública: 1.503.000 mill euros
Deuda total de ESP: 3.177.000
mill euros
2,4 veces el total del PIB…
La sostenibilidad de la deuda pública
La subida
de los tipos de interés de las deudas públicas de prácticamente todos los países,
inducida por la reacción de las políticas monetarias a la reaparición de la
inflación, ha reavivado los análisis sobre la sostenibilidad de la deuda
soberana de muchos de estos países. A pesar de la explosiva expansión de las
deudas públicas en respuesta a la Gran Recesión de finales
de la primera década de este siglo y a la pandemia de comienzos de la segunda,
la preocupación por los problemas de sostenibilidad era, en general y hasta muy
recientemente, leve o inexistente. La razón principal de esta despreocupación
estriba en que el tipo de interés de la deuda pública era habitualmente muy
inferior al crecimiento de la economía y, hasta el inesperado e intenso repunte
reciente de la inflación, se esperaba que dicha situación persistiera
indefinidamente.
Hoy, por contra, se da por
sentado que dicha situación se revertirá. Primero, porque aún
después de que la inflación se controle y retorne a los objetivos de los Bancos
Centrales, un proceso que muy probablemente durará al menos un par de años, los
tipos de interés no volverán a ser negativos o tan extremadamente bajos como lo
fueron en el pasado. Segundo, porque la renovación de los ingentes volúmenes de
deuda pública acumulados unida a la necesidad de aliviar los balances de los
Bancos Centrales de la deuda pública adquirida por esta entidades en los
últimos años presionará al alza los rendimientos de los
activos públicos. Tercero, porque, al menos mientras persista
la guerra y las políticas monetarias restrictivas (estando lo segundo
relacionado con lo primero), se resentirá el ritmo de crecimiento económico.
Cuando el tipo de interés de la
deuda pública supera el crecimiento de la economía, la sostenibilidad de dicha
deuda depende del montante del saldo actual y esperado del presupuesto
primario, esto es, de la diferencia entre ingresos y gastos públicos
excluyendo de estos últimos el pago de intereses de la citada deuda.
Si, como se ha señalado, se espera que esta sea la situación predominante
durante los próximos años, los inversores concentran su atención en la
capacidad del país para generar superávit primarios en sus
cuentas públicas. Demandarán mayores rendimientos para mantener o aumentar sus
posiciones en la deuda del país en proporción al grado de confianza que
depositen en su capacidad de generar esos superávit.
Es indudable que las
condiciones para limitar la ampliación de las primas de riesgo y asegurar la
solvencia presupuestaria de los países miembros serán más exigentes en los años
venideros
Los riesgos o
sospechas de insostenibilidad no operan lo mismo en países desarrollados que en
países emergentes. La principal diferencia es que los primeros
pueden emitir abultados volúmenes de deuda en su propia moneda y los segundos
no, por lo que estos últimos corren el riesgo de sufrir el impacto
multiplicador sobre el servicio de la deuda de las eventuales devaluaciones de
su tipo de cambio.
Entre otras razones, esta
capacidad diferencial obedece al diferente historial de políticas
macroeconómicas y suspensiones de pagos de unos y otros. Por eso, el margen de
política fiscal de los países emergentes y, consecuentemente, el tamaño de su
deuda pública en proporción al de su economía, es notablemente inferior al de
los países desarrollados. Dicho esto, aunque el impago de la deuda
no es un evento que los mercados descuenten en el caso de los países
desarrollados, y esto limita considerablemente la
subida de tipos de interés de la deuda pública que pueda
provocar un deterioro de su sostenibilidad, la mecánica que pone en marcha
dicho deterioro es similar en cualquier país. Así ha ocurrido
recientemente en el Reino Unido, donde una fuerte bajada de tipos
impositivos combinada con una expansión inusitada del gasto público, acarreó
una intensa subida de los rendimientos de la deuda pública y una depreciación
de la libra que obligaron al Gobierno a revertir dichas medidas. Incluso
en Estados Unidos, con la moneda de reserva de la
economía mundial y consiguientemente con una demanda permanente de su deuda,
las dudas generalizadas sobre su capacidad de generar superávit primarios en el
futuro afectaría a los tipos de la deuda y a la inflación.
Es
indudable que las condiciones para limitar la ampliación de las primas de
riesgo y asegurar la solvencia presupuestaria de los países miembros serán más
exigentes en los años venideros de lo que han sido en el pasado
Luego está el caso de los países
del euro que, en rigor, no emiten deuda en su propia moneda sino en la moneda
común del área monetaria que comparten y cuya supervivencia a largo plazo exige
que cada miembro del área asegure la sostenibilidad de su deuda pública. Aunque es prácticamente
descartable que se repita un episodio de suspensión de pagos como el de Grecia en
2012, es indudable que las condiciones para limitar la ampliación de las primas
de riesgo y asegurar la solvencia presupuestaria de los países miembros serán
más exigentes en los años venideros de lo que han sido en el pasado.
En el mundo que se avecina de
tipos de interés cercanos o superiores al crecimiento económico, con la resaca
del sobreendeudamiento de los años pasados, los retos de la política económica
para muchos países, el nuestro entre ellos, son enormes. Habrá que
conseguir aumentos de los ingresos públicos o recortes de
gastos públicos que no dañen indebidamente el crecimiento económico o
bien reformas económicas que potencien dicho crecimiento o una combinación de
todas estas cosas.
El aumento de los ingresos
públicos, dependiendo de la estructura fiscal del país, puede exigir bajadas de
unos tipos impositivos y subidas de otros, bajadas que pueden ser tan
impopulares como las subidas para la mayoría del electorado. En general, todas
estas medidas son políticamente difíciles de instrumentar y no se suelen
adoptar a no ser que los costes de emitir nueva deuda sean prohibitivos de
manera que los costes sociales de no llevarlas a cabo son aún mayores.
Y la consecuencia es que cada
vez, más parte de nuestro dinero se va a pagar intereses. Mira la burrada que
está pagando EEUU por su propia deuda: 775.000 millones de dólares…
Ayer salió el IPC de EEUU. Mejor de lo esperado, con bajada de la subyacente… Pero lo peor es el traslado al sector servicios de la inflación. ¿Por qué? Aprovechando que todo sube, los servicios también…, como los peajes de las autopistas en España, que no se entiende…
Abrazos,
PD1: A Dios hay que echarle un rato. No sirven las prisas de la sociedad actual. Hay que dedicarle un tiempo… El que no hace casi nada todo el día, tampoco tiene tiempo para Dios. Son los más ocupados, los que le echan más horas al Señor…