06 marzo 2019

tendencias monetarias


Como siempre, muy interesante Juan Ignacio Crespo y la MMT (teoría monetaria moderna)
Cuando alguien empieza a pregonar la idea de que ha nacido “un nuevo paradigma” y los demás le hacen eco, ya se sabe que, no tardando mucho, habrá problemas graves. Los hubo con las tecnológicas, que también iban de nuevo paradigma (donde lo que importaba no eran los ingresos, sino las “nuevas métricas”) en el año 2000 y los hubo en 2007-2008 con los que después se llamarían activos tóxicos, a cuya distribución por todos los rincones del sistema financiero había dado el espaldarazo el FMI en un informe solo dos años antes.
Ahora, de la noche a la mañana, el nuevo paradigma es la MMT que no cesa de aparecer por todas partes. La MMT es la Modern Monetary Theory ó Teoría Monetaria Moderna (a veces también llamada neo-chartalismo) que dice que, un país que es soberano monetariamente y tiene una moneda fiduciaria, también tiene una capacidad ilimitada de pago, porque siempre puede emitir más moneda para ello. O, en palabras de sus defensores en un artículo recomendado hoy: “un país soberano monetariamente hablando, como los EEUU, con deudas denominadas en su propia moneda y con un tipo de cambio variable, no puede quebrar”.
La MMT se ha puesto de moda por los enormes déficits públicos que está a cumulando EEUU, por los que los economistas ortodoxos, entre ellos el más combativo, el que fue Director de la Oficina del Presupuesto de Ronald Reagan, David Stockman, están poniendo el grito en el cielo.
Paul Krugman, en el otro extremo del espectro ideológico, también se opone a la llamada MMT y está teniendo una polémica un poco abstrusa sobre el tema con la economista Stephanie Kelton que resume la posición de su adversario con estas palabras: “la corriente mayoritaria de economistas, y entre ellos Krugman, sostienen que: 1) los déficits públicos hacen subir los tipos de interés y 2) los tipos de interés altos provocan el “crowding out” o expulsión de la inversión privada (el sector público se quedaría así con recursos que deberían ir a financiar al sector privado).
El Presidente de la Reserva Federal, Jay Powell también se ha manifestado públicamente en contra de la MMT la semana pasada, al comparecer ante el Comité de Banca del Senado de EEUU. Allí dijo que “la idea de que los déficits no importan para los países que se pueden endeudar en su propia moneda está totalmente equivocada”.
El debate ha adquirido más relevancia por la irrupción en escena de la nueva luminaria demócrata en el Congreso de EEUU, Alexandria Ocasio-Cortez, y sus propuestas, muy a la izquierda, de lo que debe ser el déficit y la lucha contra el cambio climático (propone, en buena fórmula de marketing, un New Deal Verde). En sus propias palabras, algo banales: “la Teoría Monetaria Moderna forma parte de la conversación”.
Como se ve, todo parecen juegos malabares de economistas que debaten a la manera en que lo hacían los escolásticos y como ya lo hacían mucho antes los filósofos presocráticos. La Teoría Económica no es por ahora tal, y más parece, siguiendo la frase de Henri Poincaré de más arriba, un montón de hechos en busca de una teoría. Está todavía en el estadio en que estaba la ciencia cuando Zenón de Elea desafiaba las Leyes del movimiento con sus aporías de Aquiles y la tortuga, o de la flecha que nunca llega al blanco. Aún está por aparecer el Newton que fije el “F=m*a” (fuerza igual a masa por aceleración) de la “ciencia económica”.
Pero si en algo están de acuerdo unos y otros es que la línea roja que no se debe sobrepasar es la de la inflación. Los partidarios de la MMT, a pesar de su tolerancia con el déficit público, sostienen que el único límite al gasto público es la inflación.
Y aquí es donde la discusión sobre la MMT enlaza con el propósito de esta Newsletter que es eminentemente práctico: durante diez años he sostenido que no había peligro de que la inflación se descontrolara en EEUU y tampoco en el resto del mundo. Pero hay una pequeña llamada de atención en la parte superior del gráfico de más abajo: el crédito comercial e industrial de EEUU creció en enero a un ritmo del 10,3% anual, lo que pudiera estar anunciando un brote inflacionario allí (piénsese que solo 14 meses antes, en noviembre de 2017, su crecimiento anual era de 0,63%).
El crédito comercial e industrial no crecía en tasa anual tan fuertemente desde noviembre de 2015, solo que entonces desacelerándose y ahora yendo a más. En los 12 meses siguientes a aquellos crecimientos la inflación subyacente pasó de 1,3% a 1,9%.
Por ahora, no hay una señal de alarma clara: la subida del ritmo de crecimiento del crédito comercial e industrial desde el 0,63% al 10,29% se corresponde con la subida (parte inferior del gráfico) de la inflación subyacente (medida como le gusta a la Reserva Federal, por el deflactor del consumo privado) desde el 1,4% del mes de agosto de 2017 al 1,9% del pasado mes de enero. Ha quedado pues reflejado ya, al menos, parte del efecto que cabría esperar. ¿Va a ir a más? Es demasiado pronto para saberlo. La correlación es 0,53, con un decalaje de cuatro meses.
Resumiendo: hay dos razones, pues, para estar en alerta sobre el futuro comportamiento de la inflación: 1) el aumento del ritmo de crecimiento del crédito comercial e industrial en USA y 2) la creencia, basada en la experiencia, y un poco supersticiosa, de que, cuando se pone de moda algo que contradice la ortodoxia económica y toma el aire de un “nuevo paradigma”, normalmente es síntoma de que la situación es demasiado buena para durar y no durará.
En este caso ese algo es la Teoría Monetaria Moderna y su despreocupación por el déficit público, aunque respetando el límite de que no se genere inflación. Esa inflación que el aumento del déficit comercial e industrial podría estar anunciando.
¿Hacia un repunte de la inflación?
Abrazos,
PD1: Y como siempre, todo está basado en expectativas:
…que repuntan por ahora…
PD2: Ahora que empieza la Cuaresma, tiempo de penitencia, conviene hacerla desde el primer día. Te propongo que esa fea costumbre de hablar mal de los demás, nos la quitemos de encima al menos estos 40 días…
Ya sabes que me suelo confesar todas las semanas desde hace muchos años. Cuando era joven me acusaba del sexto… Después se me metió la soberbia en el cuerpo, esa desagradable sensación de pensar que somos mejores que los demás... Hubo una época que me confesaba siempre de lo mismo, de hablar mal de la gente. Pero, gracias a Dios, consigues corregirte, consigues evitar esos pecados repetitivos… Hace unos pocos años me acusaba de pensar mal de otros… Sí, de pensar, no de hablar mal… Cada vez lo voy logrando y llevo tiempo sin caer, viendo a los demás como son, con los mismos defectos que todos tenemos, como otros hijos de Dios, que seguro son mejores que yo mismo… Así que esta Cuaresma, hay que conseguirlo, que pasemos por el confesionario sin las viejas rutinas ya olvidadas…, que hagamos penitencia en el hablar, en el ver y en el pensar.