23 marzo 2018

escaramuzas en la guerra comercial

Hace tres meses, Trump puso aranceles a las placas solares. Hace unas semanas estableció aranceles al acero y aluminio. Se esperaba que hoy pusiera aranceles por 60.000 millones de dólares a productos chinos, sin haber dicho cuales. Quería corregir este enorme desequilibrio:

Sin embargo, viendo el desastre de los mercados, esta noche ha dado marcha atrás (hasta el 1 de mayo para repensárselo) al arancel de acero y aluminio, a casi todos los países, salvo Japón y China, tratando de restaurar la calma. Le han debido decir por activa y por pasiva, que esto de los aranceles es muy malo, ya que luego hay represalias…
Aunque el arancel al acero son peanuts para Japón y China:

Esto son los datos. China ya no se dedica a vender baratijas al resto del mundo. Se va especializando y con EEUU estos son los sectores más deficitarios:

El problema se focaliza en electrónica y ordenadores… Con más detalle:

¿Recuerdas a Japón hace años cuando nos vendía toda la electrónica? Pues China va en camino de repetir la misma historia de fabricar cosas buenas a bajo precio y arrasar con los competidores…
Estas son alguna de las formas con que China podría responder a la guerra de tarifas: Here Are All The Ways China Can Retaliate To Trump's Trade War. China ya habla de grabar por 3000 millones de dólares a productos estadounidenses, aunque quizás sean otros caminos más represivos los que use…
Emilio Ontiveros, Presidente de AFI, decía esto:

Escaramuzas y guerras comerciales

La decisión de Trump de imponer aranceles a las importaciones de acero y aluminio acabará por subir la inflación y los tipos de interés. No es consciente del malestar que causaría a sus ciudadanos el inicio de represalias de otras áreas económicas

El primer año de Donald Trump como presidente de EE UU apenas confirmó los temores que razonablemente transmitían sus propuestas electorales. La denuncia del Acuerdo Transpacífico, la revisión en profundidad del NAFTA o el cuestionamiento de las actuaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC), eran interpretados como amagos con una limitada capacidad intimidatoria. Una cosa es la retórica electoral y otra bien distinta la acción política, nos confortaban los más experimentados en el juego decisional de la Casa Blanca. Con el inicio de su segundo año, las cosas han cambiado y se empiezan a concretar algunas de las amenazas sobre la estabilidad global.
A la decisión de imponer aranceles sobre la importación de lavadoras y paneles solares le ha sucedido la más sorprendente de hacerlo sobre las importaciones de acero y de aluminio, con cargas del 25% y 10%, respectivamente, “con el fin de preservar la seguridad nacional”. Desoyendo las advertencias sobre las consecuencias de una decisión tal, el presidente de la principal economía del mundo la ha adornado con un anuncio en su cuenta de Twitter el pasado viernes que ya se ha hecho acreedor de algo más que una nota a pie de página en los manuales de economía y relaciones internacionales: “Las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”.
Un enunciado que, además de ignorar la historia, puede desencadenar consecuencias adversas tanto en EE UU como en el conjunto de la comunidad internacional. Ha pasado por alto la experiencia de la Gran Depresión, su acentuación tras la imposición de aranceles por la Smoot-Hawley Tariff Act, cuyos costes internos y las represalias de otros países provocó el colapso de la economía mundial. Pero tampoco ha prestado atención a quienes, incluso dentro de su equipo de asesores, han advertido de los mayores costes que supondran para las empresas y consumidores estadounidenses esos nuevos aranceles indiscriminados. Se han impuesto las posiciones más radicales de su Secretario de Comercio Wilbur Ross y el asesor en temas comerciales Peter Navarro, obsesionado con la competencia china.
El ataque al libre comercio se hace para proteger empresas poco competitivas
Con ese empeño por reducir el déficit comercial de su país mediante la imposición de trabas al comercio, Donald Trump desconoce que influir en la estructura y composición de los flujos de comercio ya no depende únicamente de aranceles mayores o menores. Que las cadenas de producción de las propias empresas estadounidenses se han fragmentado a lo largo y ancho de la geografía global, como lo ha hecho la producción y comercialización de bienes intermedios.
El primer impacto de lo que acaba de decidir no puede ser otro que una elevación de costes en aquellos sectores importadores de acero y aluminio, desde el automóvil al de infraestructuras, pasando por los productores de material de defensa. Las pérdidas de empleo en las empresas que utilizan esos bienes en sus procesos de producción pueden ser superiores a los empleos supuestamente protegidos mediante la penalización de las importaciones. Y, en todo caso, el encarecimiento de estas últimas traerá consigo elevaciones de la inflación, a las que seguirán ascensos en los tipos de interés que dañarán aquellos sectores más sensibles a los costes de financiación, como el de la construcción. La persistencia de tipos de interés más elevados que en las economías avanzadas puede acarrear apreciaciones del dólar y un debilitamiento adicional de las exportaciones. No es de extrañar que la reacción de los mercados financieros haya sido de un nuevo desplome de cotizaciones, no solo de aquellas empresas más intensivas en el consumo de las importaciones penalizadas.
El presidente de EE UU no parece consciente del daño al bienestar de sus ciudadanos que tendría el inicio de represalias comerciales por parte de las principales potencias, consecuentes con esa declaración de guerra. Es un hecho que la superproducción china de acero ha llevado los precios a la baja, incluso por debajo de sus costes, lo que ha provocado acciones de otros países productores, la UE incluida, imponiendo aranceles en determinadas modalidades de aceros provenientes de ese país. Pero no es menos cierto que la inesperada decisión de Trump, el carácter unilateral de la misma y la extensión de esta a todos los exportadores a EE UU, le confiere una agresividad sin precedentes. En realidad, el principal suministrador de acero no es China, que ocupa el décimo lugar con apenas el 2,5% de las ventas a EE UU, sino Canadá. Poco ha importado que este país, suscriptor hace 24 años del NAFTA, se encuentre en plena negociación de la revisión del acuerdo, junto a otro cualificado exportador, México.
Las empresas que usan los productos gravados perderán más empleo que el protegido con el arancel
Ha hecho bien la Unión Europea en reaccionar de forma diligente. Primero, calificando el episodio como una flagrante intervención para proteger la industria nacional, sin justificación alguna en esa invocada seguridad nacional. El presidente Juncker se ha mostrado firme anunciando reacciones en la defensa de los intereses europeos, que en este caso coinciden con los del conjunto del sistema de comercio internacional. Aportando una respuesta adecuada a la situación de sobrecapacidad en esos dos sectores al afirmar que la única vía de tratamiento del problema ha de ser mediante acuerdos con los países generadores del problema, en lugar de esa acción unilateral de EE UU.
Por eso, lo correcto es que más allá de esas advertencias de penalizar las importaciones de pantalones Levi's, el whisky Bourbon o las motocicletas Harley Davidson, la Comisión Europea insista en propuestas compatibles con las normas de la OMC con el fin de compensar la situación creada unilateralmente por la administración Trump, cuyos daños van más allá del eventual descenso de las exportaciones europeas de acero y aluminio a EE UU.
Es probable que esa inesperada decisión de Trump sea solo una escaramuza: no tanto la reacción a los problemas comerciales como a la necesidad de distraer la atención sobre asuntos políticos más domésticos. Es verdad, como reconoce Dani Rodrik en la introducción a su último libro, Straight talk on trade, que en EE UU nunca fue muy popular el régimen de comercio global, ni los acuerdos regionales. Pero ahora es desde la propia administración donde se alimenta esa actitud contra el libre comercio y la confrontación con las instituciones multilaterales. No se hace precisamente con el fin de preservar el empleo o de paliar las desigualdades que ha generado la propia dinámica de globalización, sino para proteger empresas poco competitivas. Y con ello debilitar el predicamento de ese país y exponer el mundo a una confrontación sin más precedentes que los asociados a la Gran Depresión.
Emilio Ontiveros es presidente de Afi.
Y esa extraña sensación que genera Trump de ser muy agresivo y luego no dar, de amagar y retirar… Lo repite sistemáticamente. Abrazos,
PD1: Y los resultados de estas escaramuzas en la guerra arancelaria es que la volatilidad se ha vuelto a disparar, tras el susto de febrero con los bonos y bolsas:

Aunque estas subidas de volatilidad son muy normales con un mercado tan sobrevalorado. Es algo puntual, vuelve a reconducirse, con el paso del tiempo:

Lo raro era lo que había ocurrido en los dos últimos años, que fuera tan direccional el mercado sin apenas volatilidad, que no importase nada, cuando hubo varios factores de riesgo, y los mercados fueron pasando olímpicamente, subiendo al calor de los FAANG (Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google), que empujaban sin importarles valoraciones, ni expectativas de beneficios…

Por cierto, Facebook ya no será como era. Va a haber muchos cambios, por usuarios, por los publicistas, por la multa que les debe caer. Su fundador se planteó ser presidenciable a futuro ¿? Y se le tiene más ganas que a nadie: niñato que robó la idea a un compañero de clase, que se hizo de los más ricos del mundo y que vendía los datos a todo quisqui… Puede que acabe en la cárcel todavía, o muy multado. ¿Has dado ya “delete”? No sé a qué esperas, nada bueno sale de ahí…
Y el otro problema que nos queda es que tras la escalada tan grande de los últimos años, no queda nada para ganar en los siguientes. Ni en bonos, ni en bolsa..., ni en inmobiliario (que no te engañen de nuevo). Salvo los emergentes que siguen presentando potencial…

Hemos vuelto a cometer los mismos errores de la crisis de 2008: deudas y más deudas. ¿No fue una crisis que se desató cuando nos caímos del guindo al ver tanto apalancamiento? Parece que la gente y los consejos de administración olvidan demasiado pronto…

Demasiadas deudas:

Y eso sin olvidarnos de las emisiones masivas de deuda pública, la retirada de los estímulos financieros (QE) y la subida de tipos en marcha, con otras dos subidas esperadas este año y dos más en 2019…
Curva de tipos aplanándose que implica problemas recesivos a futuro:

Y un dólar que no reacciona, que no se mueve por el diferencial de tipos, manipulado para reconducir el déficit comercial yanqui…:

Mi visión de los mercados es la misma que hace meses: debía haber una reversión a la media, debían respirar…, y es lo que están haciendo. Wall Street debe volver a su media móvil de 200 sesiones (2450 puntos para el SP500) Europa, tan recomendada por los banqueros privados locales, tiene severos problemas y lo muestra en sus bolsas de chichinabo, orientadas a bancos y telecos que nadie quiere… Y los emergentes se contagiarán algo, como ocurriera en febrero, pero les durará muy poco sin que merezca la pena salir para volver a entrar…
Lo que ha pasado estos días es una toma de beneficios ante el deterioro de valoraciones y expectativas, junto al miedo a los aranceles y sus repercusiones. Es muy probable que los altos de los próximos años sean los del mes de enero pasado, y el mercado oscile entre esos niveles y los mínimos que están por alcanzar de la tendencia primaria, una vez corregida la parábola de otoño y enero. Habrá volatilidad durante estos años, se moverá tocando ambos puntos varias veces cada año, el máximo de enero y el mínimo de sus medias móviles, haciendo que solo compense moverse cuando estemos en uno de esos puntos…, por tratar de obtener un rendimiento en años de lateralidad…
La guerra de aranceles es ruido que el mercado usa para corregir, pero no es factible y ellos lo saben. Debilitar el dólar, es su única opción, siendo conscientes de que tienen que financiar muchos papelitos y que, tendencialmente, el dólar va perdiendo su atractivo y habrá otras alternativas de medios de pago… La subida de tipos de interés genera ruido para las bolsas, pero en otras ocasiones no han salido mal paradas con tipos subiendo. Lo importante es que no se pasen y frenen demasiado el parco crecimiento económico…
PD2: La Semana Santa no son días de comilonas y playa. Hay algo más. Te lo cuento por si se te ha olvidado…

Semana Santa


1) ¿Qué es la Semana Santa?
La Semana Santa son los siete días en los que la Iglesia hace memoria de la Pasión de Nuestro Señor. Comienza el Domingo de Ramos y termina el Domingo de Resurrección. Se fija la fecha de modo que el Domingo de Resurrección sea el primero tras la primera luna llena de primavera.
2) ¿Qué días de la Semana Santa son de precepto?
La Iglesia sólo establece como días de precepto el Domingo de Ramos y el Domingo de Resurrección. Sin embargo, aconseja participar de los Oficios del Jueves y del Viernes Santo.
3) ¿Qué se celebra el Jueves Santo?
En el oficio del Jueves Santo se celebra la Misa vespertina de la Cena del Señor, donde conmemoramos además el sacramento del Orden y el mandato nuevo del amor. Puede celebrarse por la mañana la Misa Crismal, en la que el obispo bendice los santos óleos con los que serán ungidos los fieles durante ese año: óleo de enfermos, óleo de los catecúmenos y el santo Crisma.
4) ¿El Viernes Santo se celebra la Eucaristía?
No. El Viernes Santo no se celebra la Santa Misa en ningún lugar del mundo. El oficio que se celebra por la tarde consta de la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y el rito de Comunión con el Cuerpo de Cristo (que se había reservado el Jueves Santo).
5) ¿Hay que hacer algo en especial el Sábado Santo?
El Sábado Santo es el día del silencio y la Iglesia aconseja meditar sobre la muerte del Señor y su descenso al infierno. Los altares permanecen desnudos y los sagrarios abiertos. No es un día “alitúrgico”, porque la Iglesia espera en oración junto a la Virgen María la Resurrección de Cristo. Por eso celebra la Liturgia de las Horas, su oración oficial.
6) ¿Es el Domingo de Resurrección el día más importante del año?
Sí, el Domingo de Resurrección es el día más importante del año litúrgico. Ninguna fiesta goza de tanta relevancia como ésta, teniendo todo el tiempo de Cuaresma y Semana Santa como preparación, y toda la Pascua para celebrarla. Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe es vana, como afirmó con rotundidad San Pablo.
7) ¿Cuál es el color de la Semana Santa?
El Domingo de Ramos se usa el rojo (color del mártir victorioso); lunes, martes y miércoles el morado, color penitencial. El Jueves Santo el blanco para festejar la institución de la Eucaristía (el blanco es el color de la divinidad). El Viernes Santo, día de la muerte de Jesús, el rojo. Y la noche del sábado en la vigilia pascual de nuevo el blanco para celebrar con gozo la Resurrección.
8) Durante la Semana Santa, ¿hay que rezar el Vía Crucis?
La Iglesia aconseja el rezo del Vía Crucis a lo largo de la Cuaresma y de un modo especial durante la Semana Santa. También es un ejercicio de piedad popular muy recomendado para el resto del año, especialmente los viernes.
Mucho ánimo. Se puede rezar un poco estos días, te encontrarás mejor y lo notarán los que estén contigo…