14 septiembre 2020

fusiones bancarias


¿Sirven para algo? Esas sinergias que producen las fusiones bancarias (recorte de gastos), nunca se trasladan del papel a la cuenta de resultados..
¿Se soluciona un problema económico o de solvencia de una entidad financiera con una fusión bancaria? No. ¿Mejora la propuesta de valor para el cliente? No. Tenemos un sector bancario cada vez más concentrado y con entidades más grandes: sí.
Recuerdas el “too big to fail”, es malo, es mejor que caiga uno pequeño que no uno grande que no puede caer, ¿o sí?.
El anuncio de las negociaciones de fusión entre Bankia y Caixabank da el pistoletazo de salida para la próxima ronda de operaciones de concentración bancaria en España. Cuando tanto el supervisor europeo, el BCE, como el propio Banco de España manifiestan la necesidad de fusiones entre los bancos españoles para aumentar rentabilidad, es difícil que no se acaben produciendo.
La principal justificación de estas operaciones de fusión es la búsqueda de rentabilidad en un entorno de tipos de interés muy nocivo para la cuenta de resultados de los bancos, situación que se mantendrá durante un prolongadísimo periodo de tiempo. La esencia del negocio bancario tradicional siempre ha sido tomar depósitos a corto plazo, y prestar a medio y largo plazo a un tipo de interés superior al que se remuneran los depósitos. Actualmente, los tipos de interés negativos que el BCE cobra a los bancos por los depósitos, hace que los bancos no deseen que sus clientes mantengan grandes saldos en cuenta corriente, porque la entidad difícilmente podrá repercutir el coste de la liquidez a los clientes.
Fuente: Elaboración Propia
La concentración del sector financiero en España desde 2008 ha sido muy intensa. Sesenta y dos entidades existentes entre cajas de ahorro y bancos, se convertirán en apenas diez, si la fusión entre Bankia y Caixabank llega a buen término. Es previsible que a finales de 2021 acaben siendo apenas siete u ocho entidades tras la previsible ronda de fusiones que ahora se inicia. Es lógico que tanto accionistas, empleados y clientes se pregunten cómo les afecta a cada uno de ellos estas operaciones.
Los accionistas de los bancos comerciales españoles han sufrido un fuerte deterioro de las cotizaciones este ejercicio, que se suma al acumulado en los últimos años. Estas operaciones de fusión pueden provocar ciertos repuntes en las cotizaciones, principalmente en las entidades más susceptibles de ser absorbidas, pero difícilmente se volverá a los máximos de años pasados. El futuro de la cuenta de resultados de las entidades resultantes seguirá penalizado por el sombrío escenario de tipos de interés cero o negativos.
Empleados. Cuando se habla de sinergias y reducciones de costes en las fusiones bancarias actuales, inevitablemente implica una reducción de la capacidad conjunta de las entidades fusionadas. Ello implica cierre de oficinas y una reducción sustancial de la fuerza laboral de la entidad resultante. Aunque se realice de una forma ordenada, progresiva y con bajas incentivadas, el resultado final es una disminución del número de empleados. Cada operación es distinta y las duplicidades de red de oficinas y servicios centrales es diferente.
Desde la perspectiva de los clientes personas físicas, al margen de la incomodidad del posible cierre de la oficina habitual y cambio de dirección de la sucursal y persona de referencia, la oferta de servicios bancarios sigue teniendo suficiente competencia. Sea cual sea el número de entidades, la rentabilidad de los depósitos seguirá siendo inexistente.
Además de los 10 bancos comerciales principales (ver gráficos), existe un número de bancos especialistas en distintos servicios que complementan la oferta disponible para los clientes personas físicas.
Las empresas son las grandes perjudicadas de la concentración bancaria. Cada banco tiene su propio control de concentración de riesgos. Así, si una empresa dispone de tres líneas de crédito con tres bancos distintos por un millón de euros cada una, y los tres bancos acaban fusionados, la entidad resultante difícilmente le mantendrá la línea de crédito por los tres millones de euros. La excesiva concentración bancaria perjudica la capacidad de las empresas de lograr financiación bancaria de forma diversificada. Por el contrario, la concentración bancaria llevará consigo un aumento de la financiación de las medianas empresas a través de los mercados financieros.
La concentración bancaria adicional parece inevitable. El resultado será un puñado de entidades de banca comercial de tal tamaño que se consideran "sistémicas", junto con un reducido número bancos de menor dimensión. Empieza el baile.
Abrazos,
PD1: Dentro de lo complejo del sistema financiero, es de mención el Target2, es decir, lo que se deben los bancos europeos entre ellos. A los bancos alemanes acreedores se le debe de todo, más de un billón de euros:
Fundamentalmente son los bancos deudores italianos:
Y los españoles, que suman algo parecido.
Es impensable que esta situación se pueda mantener mucho tiempo. ¿Pagarán los bancos italianos y españoles lo que deben a los bancos alemanes? Permíteme que lo dude… Quizás se deba fusionar la banca alemana y los nuestros para saldar estas abultadas deudas…
PD2: Ahora tendremos la eutanasia… La venden como un triunfo cuando, en realidad, es un fracaso. Es el fracaso de una sociedad incapaz de dar sentido al sufrimiento, incapaz de acompañar con amor al débil, incapaz de valorar a quien no produce, incapaz de cuidar a quien está postrado…
¿Qué es la eutanasia?
1. Es el modo de quitar la vida a una persona enferma. Es la provocación intencionada de la muerte de una persona que padece una enfermedad avanzada, crónica o terminal. Esta muerte se puede causar por acción o por omisión.
2. Es similar al suicidio asistido, pero, a diferencia de la eutanasia, en el suicidio asistido la actuación del profesional médico se limita a proporcionar al paciente los medios necesarios para que sea él mismo quien se produzca la muerte.
3. La auténtica eutanasia o muerte dulce debería ser la que permita al enfermo morir dignamente, aliviando su dolor, su angustia y su soledad con la cooperación del personal sanitario, su familia y su entorno. La eutanasia no debe ser un modo de librar a la sociedad de personas molestas y costosas, ni un modo de evitar que el Estado gaste dinero en cuidados paliativos y asistencia domiciliaria.
¿Qué estrategias utilizan las campañas que defienden la ley de eutanasia?
1. Se presenta al público algún «caso límite». Se busca una situación terminal y dramática especialmente llamativa que interpele la sensibilidad colectiva. Admitido este caso, desaparecen las razones profundas para no admitir otros parecidos, ensanchándose después la casuística.
2. Se utilizan expresiones que suenan bien como “muerte digna”, “libertad” y se evitarán expresiones como «provocar la muerte del enfermo», «ayudarle a suicidarse» o «quitarle la vida».
3. Se procura presentar a los defensores de la vida como retrógrados, intransigentes, contrarios a la libertad individual y al progreso. Al discrepante se le pone una etiqueta y así se evita un diálogo sosegado y constructivo que busque el bien del enfermo.
4. Se transmite la idea de que la eutanasia es una cuestión únicamente religiosa y se dice que, en una sociedad pluralista la Iglesia —o cualquier confesión religiosa— no puede, ni debe, imponer sus opiniones.
5. Se transmite la idea de que la eutanasia es una demanda urgente de la población, algo que pide la mayoría de la gente y que es propia de nuestros tiempos.
¿A quién hace daño una ley que permita la eutanasia?
1. Al paciente en situación terminal con dolor físico y sufrimiento psíquico y espiritual, pues en vez de atenderlo, acompañarlo y ofrecerle cuidados paliativos se opta por acabar con su vida. La experiencia demuestra que, cuando un enfermo que sufre pide la muerte, en el fondo está pidiendo que le alivien los padecimientos, tanto los físicos como los morales. Cuando recibe alivio en dolor, atención médica, compañía, afecto y consuelo la experiencia muestra que deja de solicitar que pongan fin a su vida.
2. A la familia angustiada que no acaba de saber gestionar la situación y sufre por el ser querido. La posibilidad de eutanasia introduce en las relaciones familiares un sentimiento de inseguridad, confrontación y miedo, ajeno a lo que la idea de familia sugiere: solidaridad, amor, generosidad.
3. Al personal sanitario que fue educado fundamentalmente para luchar contra la muerte y afrontar y paliar el dolor y el sufrimiento y ahora se le emplea como agente que da muerte al paciente.
¿Por qué es algo nocivo para una sociedad la ley de la eutanasia?
1. Porque el Estado tiene la obligación de defender al más débil. Una sociedad es más civilizada en la medida que sea capaz de proteger a los más débiles, y el Estado tiene el deber de asistir a los más débiles y desfavorecidos permitiéndoles vivir con dignidad y morir en las mejores condiciones posibles cuando llegue su momento.
2. Porque estas leyes hacen que la gente vea normal lo que es un crimen. Cuando por ley se admiten crímenes como el aborto o la eutanasia, mucha gente considera que si se admite legalmente es porque no es algo malo y al convertirse en una práctica admitida terminan considerándolo como algo normal.
3. Porque desnaturaliza la función del médico. La misión del médico es curar cuando se pueda, y cuando no aliviar y consolar, cuando se le autoriza a matar, se pervierte su noble función. La eutanasia responde a una medicina liberal y endiosada que considera que curar no es cuidar al enfermo sino en eliminar la enfermedad y el sufrimiento, aunque sea eliminando al paciente.
¿Cuáles son las mentiras que hay que desmontar sobre la eutanasia?
1. Nos dicen que es sólo para cuando haya un dolor insoportable, pero no dicen que en esos casos la solución no es la eutanasia, sino la atención adecuada, humana y profesional aplicando los cuidados paliativos. Tampoco dicen que la práctica en países como Holanda es que esa figura que empieza a aplicarse a casos extremos termina utilizándose en muchísimo otros casos: personas que no pueden dar su consentimiento, pacientes psiquiátricos, niños recién nacidos, personas con “infelicidad senil” …
2. Nos dicen que se hace por compasión, cuando en realidad lo más humano no es provocar la muerte, sino acoger al enfermo, sostenerlo en estos momentos de dificultad, rodearlo de afecto y atención y poner los medios necesarios para aliviar el sufrimiento y “suprimir el dolor y no al paciente”.
3. Nos dicen que es indigno vivir con sufrimientos y sin calidad de vida. Pero: ¿Con qué baremos se mide la calidad de vida? ¿En qué momento se puede llegar a afirmar que ya carece de valor o que no merece la pena ser vivida? ¿Se puede decir que un ser humano pierde su dignidad por sufrir?
4. Nos dicen que es una decisión fruto de la libertad, cuando en realidad quien lo pide es porque tiene la voluntad debilitada. Se supone que el que nadie es capaz de ir contra una tendencia natural como el amor a uno mismo sin tener la voluntad profundamente dañada. Además, ¿tienen libertad para decidir matarse los que están en depresión, los enfermos dependientes, los discapacitados psíquicos o los pacientes en coma?
¿Qué dice la Medicina?
1. El juramento hipocrático, que ha sido el referente moral de los médicos a lo largo de la historia, dice explícitamente: “jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me soliciten, ni tomaré iniciativa alguna de este tipo”.
2. La Asociación Médica Mundial (AMM), que representa a las organizaciones médicas colegiales de todo el mundo, afirmaba en su resolución adoptada en octubre de 2019 en su septuagésima asamblea general: «La AMM se opone firmemente a la eutanasia y al suicidio con ayuda médica… Ningún médico debe ser obligado a participar en eutanasia o suicidio con ayuda médica».
3. El objetivo único de la medicina no es curar al enfermo, a veces es sólo calmar sus dolores. Un analgésico puede permitir la vida normal sin propiamente curar. La salud no implica un perfecto bienestar, a menudo se puede desarrollar la actividad diaria con alguna molestia. La medicina debe buscar el bienestar adecuado para poder desarrollar las actividades diarias, sin pretender la utopía de su plenitud. La actitud de la medicina ante la enfermedad ha de ser «curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre».
¿Por qué defender a la persona que sufre?
1. Porque todo ser humano tiene una dignidad infinita. No depende de la edad, ni de la raza, ni de la salud. Existe una dignidad que es objetiva y es propia de todo ser humano. Cada persona es un fin en sí mismo, nunca un medio, por ello requiere todo el esfuerzo que sea necesario para cuidarla y atenderla, el ser humano no puede ser tratado como un objeto inútil o como una carga que produce gastos a la sociedad e incomodidades a la familia.
2. Porque todo ser humano en situación de fragilidad ha de ser especialmente defendido. Las personas frágiles no por eso son menos valiosas, tampoco son menos valiosas las personas con depresión, ni las que están en coma, ni las que tienen enfermedades psíquicas. Como no pueden defenderse por ellos mismos somos los demás los que debemos hacerlo.
3. Porque ninguna persona debe ser tratada como una carga. El enfermo ha de ser visto como una persona a la que hay que atender y cuidar, no como un problema que hay que eliminar lo antes posible. El que sufre ha de sentirse acogido y querido por la sociedad y por la familia, lo contrario sería hacer que se sienta inútil y excluido del grupo. A cualquier sociedad le es muy fácil inducir a alguien a matarse, basta que lo haga sentirse excluido del grupo, así lo demuestra el antropólogo Marcel Mauss cuando estudia la eficacia de las maldiciones del jefe de la tribu: el maldito moría a las pocas semanas porque el sentimiento de ser excluido del grupo bastaba para hacerle languidecer.
¿Por qué no puedo decidir que me quiten la vida?
1. Porque la vida no es mía. La vida no depende de mí, no es algo que yo me haya fabricado, es algo que he recibido, me ha sido donada… Si es algo que me han prestado no puedo hacer con ella lo que yo quiera.
2. Porque si me equivoco en esta decisión ya no puedo rectificar. Si me analizo compruebo que muchas veces tomo decisiones equivocadas, meto la
pata continuamente y tengo que rectificar. Si decidiera suicidarme podría tomar la decisión errónea de la que no puedo desquitarme después. Cualquiera de nosotros en un mal momento podría tomar una decisión irreversible.
3. Porque con mi decisión incito a los demás a que me imiten. El que se quita la vida, al atentar contra sí, atenta también contra el otro porque se pone como ejemplo y lo incita a cometer el mismo acto. Con su acto, el que pide la eutanasia está diciendo a los demás que la vida no merece ser vivida y que destruirse es una liberación y este mensaje puede hacer mucho daño a personas que pasan por malos momentos.
¿Qué tenemos que hacer para que todo enfermo tenga una muerte digna?
1. Permitirle morir sin que sufra inútilmente, pudiendo recibir los cuidados médicos paliativos. La medicina paliativa ayuda a que los enfermos pasen los últimos momentos conscientes, sin dolor, con los síntomas controlados, de modo que transcurran con dignidad, rodeados de las personas que aman y si fuera posible, considerando su estado clínico y las atenciones que pudiera precisar, en su propio domicilio.
2. Aplicar cuando sea necesario la sedación paliativa. Se utiliza para aliviar el sufrimiento del enfermo en situaciones de enfermedad incurable, avanzada e irreversible, con un pronóstico de vida limitado o bien en situación de agonía. Esta sedación consiste en disminuir el nivel de conciencia con ayuda de medicamentos de modo que el enfermo no perciba dolor, sufrimiento o angustia intratables. En estos casos el médico debe saber administrar la medicación de modo que sea suficiente para sedar sin provocar intencionadamente la muerte.
3. Permitirle morir a su tiempo natural, sin que se acorte o se prolongue de forma innecesaria la vida. No se admite la obstinación terapéutica, que consiste en el empeño de aplicar los tratamientos o procedimientos de cualquier naturaleza que ya no proporcionan beneficios al enfermo y solo sirven para prolongar penosamente su agonía, impidiendo que la naturaleza siga su curso natural.
4. Permitirle morir rodeado del cariño de la familia y los amigos. Podemos aliviar el dolor, la angustia y la soledad del enfermo con la cooperación del personal sanitario, su familia y su entorno. El enfermo ha de poder morir con la posibilidad de haber sido informado adecuadamente, eligiendo, si se puede, el lugar y participando en todas las decisiones importantes que le afecten; además ha de tener la ayuda espiritual que precise.